Michael Kaiser

646 36 0
                                        

El partido había terminado horas atrás. La euforia de los goles aún resonaba en las calles, y los bares estaban llenos de fans celebrando la victoria de Bastard München. Michael Kaiser, sin embargo, no estaba en ninguno de esos lugares. Había salido del estadio, ignorando a sus compañeros y a los flashes de las cámaras, y había decidido caminar por las tranquilas calles de una ciudad desconocida.

A veces, necesitaba escapar.

La luna estaba alta cuando sus pasos lo llevaron a una librería que parecía haber sido olvidada por el tiempo. Era pequeña, con estantes llenos de libros desordenados que se asomaban por los ventanales. La puerta estaba entreabierta, y un letrero de "Abierto" colgaba torcido. Por alguna razón, Kaiser decidió entrar.

El suave tintineo de la campanilla al abrir la puerta llenó el aire, seguido por un:

—Dame un segundo, ya voy.

Kaiser alzó una ceja. La voz, cálida y despreocupada, provenía del fondo. Mientras esperaba, echó un vistazo a su alrededor. El lugar era modesto, casi caótico, con libros apilados sin orden aparente. No era su tipo de sitio, pero algo en la atmósfera lo hizo quedarse.

—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó alguien detrás de él.

Al darse la vuelta, vio a Reader, quien llevaba un delantal cubierto de polvo y una sonrisa amable. Sus ojos lo recorrieron, pero no mostraron el reconocimiento que él esperaba. Era extraño. Kaiser estaba acostumbrado a que lo reconocieran al instante, a ver esa chispa de admiración o nerviosismo. Pero Reader simplemente lo miraba como si fuera un cliente más.

—Estoy mirando —respondió él, con un tono que bordeaba la arrogancia.

—Adelante, no me molesta. Si necesitas algo, estaré ordenando por allá.

Y así, Reader se alejó, dejándolo solo.

Kaiser frunció el ceño. Había esperado una reacción distinta, algo que alimentara su ego. Pero lo que más le molestaba era que esa indiferencia lo intrigaba.

Con una mezcla de curiosidad y fastidio, tomó un libro al azar y lo hojeó sin interés. Era algo sobre filosofía, un tema que no le interesaba en absoluto. Sin embargo, cuando Reader pasó junto a él para reorganizar otro estante, no pudo evitar lanzar una pregunta:

—¿Siempre tienes clientes a esta hora?

Reader se detuvo y lo miró con una ligera sonrisa.

—No, pero me gusta mantener la tienda abierta. Nunca sabes quién podría necesitar un libro en medio de la noche.

—¿Eso pasa a menudo? —preguntó él, con una pizca de sarcasmo.

—Más de lo que crees. A veces, las personas buscan respuestas en los libros.

Kaiser soltó una risa corta.

—¿Y crees que un libro puede resolver algo?

—Depende de lo que busques —respondió Reader con calma—. Aunque no creo que estés aquí por un libro.

Eso lo tomó por sorpresa. La audacia de la respuesta lo desarmó por un momento. Reader, sin embargo, no parecía intimidado.

—¿Qué crees que estoy buscando, entonces? —preguntó él, cruzando los brazos.

Reader se encogió de hombros, con una sonrisa tranquila.

—Eso solo tú lo sabes.

El silencio entre ellos se alargó. Kaiser, acostumbrado a tener siempre la última palabra, no supo cómo responder. Así que hizo algo que raramente hacía: se quedó callado.

𝗢𝗻𝗲 𝗦𝗵𝗼𝘁𝘀. 𝘉𝘭𝘶𝘦 𝘓𝘰𝘤𝘬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora