Una tarde cualquiera
Era una tarde común cuando Isagi me invitó a su casa con la excusa de estudiar para los exámenes. Habíamos compartido buenos momentos en la escuela; siempre había sido amable, atento y ligeramente tímido. Nada en su comportamiento me había dado señales de alarma.
La casa estaba impecablemente ordenada, reflejando la disciplina que siempre mostraba en el fútbol.
-Puedes esperar aquí, voy a buscar unos libros que te podrían ayudar -dijo con una sonrisa antes de desaparecer por el pasillo.
Mientras esperaba en el salón, mi curiosidad me llevó a explorar un poco. Había fotografías familiares en las paredes, trofeos y medallas en repisas, y objetos que mostraban su vida como futbolista. Pero entonces, noté una puerta entreabierta al final del pasillo. Pensando que tal vez era su habitación, decidí echar un vistazo rápido, quizás podría ayudarle con los libros.
Lo primero que noté al entrar fue lo normal que parecía: una cama perfectamente hecha, un escritorio lleno de apuntes y una estantería con libros. Sin embargo, algo en la pared al fondo llamó mi atención. Era un tablero cubierto con fotografías.
Al acercarme, el aire se volvió pesado. Mi corazón se detuvo cuando vi lo que había ahí. Eran fotos mías.
Decenas, quizás cientos de fotos. Algunas eran recientes: caminando hacia la escuela, riendo con mis amigos, estudiando en la biblioteca. Pero otras eran mucho más personales: en mi habitación a través de la ventana, en un café donde pensé que estaba sola, incluso una mientras dormía durante una excursión escolar.
Algunas imágenes tenían pequeñas notas escritas en tinta negra:
"Se ve tan tranquila cuando duerme."
"Esta sonrisa es solo para mí."
"No puedo permitir que nadie más la tenga."
Retrocedí un paso, el corazón latiendo frenéticamente. Justo entonces, escuché el sonido de la puerta cerrándose detrás de mí.
-Sabía que terminarías descubriéndolo algún día -dijo Isagi, con voz calmada. Estaba de pie junto a la puerta, sosteniendo un libro en una mano. Había una extraña mezcla de emoción y nerviosismo en sus ojos-. Quería que lo vieras. Quiero que entiendas cuánto significas para mí.
-Isagi... -Mi voz temblaba mientras trataba de encontrar las palabras-. ¿Qué es esto? ¿Por qué tienes todo esto?
Dejó el libro en el escritorio y dio un paso hacia mí. Su cercanía me hacía sentir atrapada.
-Porque te amo. No puedes imaginar cuánto. Cada sonrisa, cada palabra, cada movimiento tuyo... Todo me pertenece.
-Esto no está bien -murmuré, mi cuerpo temblando.
Isagi alzó una mano, bloqueándome el paso hacia la puerta.
-No tienes que tener miedo. Nunca te haría daño... mientras te quedes conmigo.
Intenté moverme hacia un lado, pero él anticipó mi movimiento y tomó mi muñeca con una fuerza firme pero no agresiva.
-Prometo que siempre te cuidaré -susurró, su voz cargada de algo más que simple cariño-. No puedo dejar que te alejes de mí.
Mi teléfono vibró en mi bolsillo, el sonido llenando el incómodo silencio. La expresión de Isagi cambió al instante.
-¿Es de alguien más, verdad?
Sin esperar una respuesta, su agarre en mi muñeca se endureció.
-No necesitas distracciones ahora. Es mejor que apaguemos eso -dijo mientras extendía su otra mano hacia mi bolsillo.
