Vinos

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PEDRI

Cuando me había mencionado que su abuela se encargo de que la operaran en Hong Kong sabía que eso implicaría que tuvieran dinero, sin embargo, no dimensione la cantidad.

Estábamos a punto de entrar en la villa y si la casa de su abuela estaba allí, menuda pedazo de mansión se gastaba. Había varios coches aparcados, y todos eran unos cochazos de la leche. Entre todos ellos, destacaban dos pepinos: uno era un Ferrari y el otro, un McLaren.

Jamás me había sentido mal por el mini cooper, todos decían que podría comprarme un auto más de lujo, pero jamás he sentido que necesite uno. Había nacido en un hogar humilde, nunca me preocupe por las cosas materiales, tampoco me han gustado la extravagancias pero al ver todos esos autos de lujo como hubiera deseado aunque sea haber venido en el auto que nos había regalado el club.

Miré hacia la derecha, donde se encontraba Alessa, y ya me estaba lanzando una sonrisa.

—Aparca allí, junto a Carlos —me indicó el sitio vacío junto al Ferrari.

Solo asentí mientras dejaba mi humilde auto al lado del deportivo, Alessa solo se bajó sin darle importancia a que había llegado posiblemente en el auto mas barato de los que se encontraban ahí.

Alessa dio un fuerte respiro antes de tomar mi mano y llevarme hacia al interior de la casa. Saludamos algunas personas de servicio que se encontraban ahí y nos dirigimos hacia al jardín donde se estaba toda su familia. Había 4 mujeres incluyendo a su abuela sentadas en una mesa con unas copas de vino, había 4 hombres en una esquina conversando, también habían niños jugando futbol posiblemente seria con quienes mejor me llevaría

—Vamos allá —me condujo hacia el grupo de cuatro tipos donde estaba Carlos.

—¡Mira quién llegó! —el piloto se acercó a saludarnos—. Menos mal que viniste, porque este tío no ha parado de hablar de ti.

Señaló a un chaval que parecía mayor que yo, tendría unos 25 o 27 años, fácil.

—No me dejes en ridículo, ¿eh? —el susodicho protestó—. Encantado, soy Felipe —se presentó—. Soy un forofo del Barça, de hecho, estoy en proceso para hacerme socio.

—¿De verdad? —pregunté sorprendido, sabiendo que para ser socio hay que soltar una buena pasta.

—Sí, aunque casi me cuesta mi matrimonio —rió, y yo lo miré con una ceja arqueada, sin pillar a qué se refería.

—Ah, es que aquí somos todos del Madrid —intervino otro de los tipos que estaban allí, parecía bastante más mayor. Felipe y yo lo miramos con una ceja alzada—. Bueno, casi todos, al menos Pipe ya no estará solo en las discusiones.

—Ahora tengo un compañero de equipo —me sonrió.

Después de esa presentación, todos hicieron sus respectivas presentaciones. Felipe estaba casado con Bianca, la hermana mayor de Sainz. El caballero canoso era el papá de Ignacio, el chaval de 15 años que estaba con nosotros. Conversamos entre todos, y me bombardearon con preguntas sobre el equipo y todo lo relacionado con él. En un momento dado, Alessa se acercó a Carlos para susurrarle algo al oído, a lo que él solo respondió con un leve movimiento de cabeza, indicándole la casa.

—Vuelvo en un momento —me susurró al oído antes de dirigirse hacia la casa.

Seguimos hablando hasta que la conversación derivó hacia el tema de uvas y vinos. Cuando llegaron a ese punto, me limité a escuchar con atención, ya que no tenía conocimientos suficientes para opinar al respecto. Mantuve el silencio hasta que apareció la abuela.

—Como Alessa no quiso venir a saludar, vine yo —me dedicó una sonrisa un tanto falsa.

—Sí, le hicimos un interrogatorio, abuela —Carlos trató de disculpar a Alessa.

Temporary fix | Pedri |  CompletaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora