Wakasa es un omega que acaba de perder a su bebé.
Shinichiro es un alfa con un bebé recién nacido, abandonado por su papá omega.
El bebé de Shinichiro necesita de Wakasa para sobrevivir y quizá Wakasa necesite de ambos también.
—¿Cuánto más debo estar aquí? —Wakasa exhaló exasperado, apretando un extremo de la sabana con una de sus manos.
—Hasta mañana —Benkei respondió en un susurro casi ronco. Había permanecido a su lado en todo momento, anclado a la camilla del hospital.
Wakasa soltó improperios entre murmullos. Odiaba ese lugar. Todo era tan monótono y era tan ruidoso. Los llantos de bebé nunca terminaban; uno se callaba y lo secundaba otro. Ni siquiera había tenido el valor para abandonar la habitación. Ver a padres afuera, felices con sus bebés en brazos, o ver a los bebés detrás de la vitrina... Le recordaba que...
Aun miraba a la puerta, esperando que alguna enfermera ingresara con su bebé. Segundos después se burlaba de sí mismo por esa idea.
Benkei no quería dejar solo a Wakasa, pero debía hallar una abertura porque necesitaba deshacerse de las cositas de bebé de su apartamento. No quería atormentar más al omega con recuerdos de un futuro que nunca alcanzaron. No le importaba el dinero desperdiciado, las echaría a la basura si no encontraba rápido a quién donarlas.
Cuando fue a buscar el desayuno, una enfermera habló con él; dijo que quería conversarle la situación a él primero (seguramente creyó que era su alfa) antes que al omega, pues su estado mental era delicado. Le comentó que recientemente habían abandonado a un bebé que nació el mismo día en el que Wakasa perdió al suyo. Su padre omega había huido y necesitaban quién alimentara al niño antes de debilitarse. En ese punto ya era tácita la propuesta.
Benkei podía lucir aterrador por fuera, pero en realidad era demasiado blando y la historia alcanzó a conmoverlo. No estaba seguro de que Wakasa aceptaría o siquiera terminaría de digerir el pedido; pero debía intentarlo, al menos.
—¿Sabes? Una enfermera me contó que abandonaron a un bebé. Digo, el padre alfa sí está, pero el omega no...
Wakasa lo miro, indiferente al contexto pero prestando atención.
—Están buscando desesperadamente un omega sustituto para el niño, porque sino, ya sabes, él...
—Morirá —completó con voz neutra, sin reaccionar mínimamente a sus propias palabras.
Benkei asintió con pesar.
—¿Y qué quieres que haga?
El alfa suspiró. Esa actitud ausente del omega era preocupante, pero era la única respuesta a su falta de reacción a su luto. Se sintió culpable por pedirle algo así en medio de una situación tan difícil.
—¿Crees que puedas... alimentarlo? Recuerdo que me decías que la leche ya se te regaba y era doloroso.
Wakasa tarareó a la par que asentía, agachado su cabeza hacia su pecho para una corta inspección.
—Sí, está bien. Tráelo.
Benkei sonrió con alivio y salió disparado en busca de la enfermera que le había hecho el pedido. Wakasa solo lo observó irse, nuevamente sin reaccionar.
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