Le gustaba cuando el viento coincidía con sus viajes en moto.
El cabello le hondeaba cerca del rostro y la frialdad golpeaba directamente a sus mejillas descubiertas cuando omitía el usar casco y se arriesgaba a una multa, pero creía que el momento valía la pena.
La flor tejida que había atado al manillar agitaba sus pétalos con sutileza, siguiendo el ritmo constante del viento y las desviaciones. Hace varias semanas había dejado un ramo de éstas sobre la tumba de Sayuri, ya cansado del lúgubre panorama que lo recibían las flores naturales oscurecidas y marchitas. Las flores tejidas se mantenían intactas, aunque algo polvosas, pero seguían manteniendo un color tan vivaz que le causaba armonía cada vez que llegaba. Después de pedirle permiso a Sayuri, se quedó con una de ellas y empezó a conservarla en una de sus principales herramientas de paz mental. Así, cada vez que los pétalos hondeaban a la par de su cabello, sentía que Sayuri estaba incitándolo a avanzar, aún si era sin ella.
Cada vez que se estacionaba frente al taller, era recibido con la lejana voz de Shinichiro desde dentro del local. Si agudizaba un poco el oído, podía ser capaz de oír la conversación, la cual era un monologo hasta que Manjiro empezó a vocalizar mejor y a formar parte de las pláticas que su papá se ingeniaba sólo para que el bebé lo escuchara.
—Pues, no sé, pero las escuelas de aquí no me convencen. No quiero verte convertido en un vago, como yo lo fui; y sí, yo fui a la escuela en este sector, ¿ya ves a qué me refiero?
Un balbuceo de voz infantil le prosiguió. Wakasa pudo traducirlo a varios consecutivos "sí, sí, sí".
—Así me quede sin comer dos semanas cada mes, ¡irás a una escuela privada! Como Rory Gilmore, claro que sí. Más te vale escoger Harvard sobre Yale, o te juro que te doy en adopción.
—Técnicamente, a esa edad ya no podrías hacerlo —Wakasa finalmente vio el momento de entrometerse en la conversación.
Shinichiro estaba agachado frente a una moto, con varios materiales esparcidos a su lado. Debió haber sido uno de esos días sumamente activos de Manjiro, porque tenía al niño atado en la espalda con la cangurera; algo que sabía solamente hacía cuando le urgía mantenerlo quieto, sobre todo en un lugar rodeado de utensilios con los cuales lastimarse, o cosas tóxicas que podía ingerir.
En cuanto alzó la voz, Manjiro —quién tenía un año ahora— chilló de alegría y empezó a hacer amagues de saltitos mientras alzaba sus manitos hacia el omega, exigiendo atención.
—Puedo dejarlo abandonado en las puertas de una iglesia con una nota y listo.
A pesar de que tenía las manos y la ropa manchadas de grasa, el bebé en su espalda estaba impecable. Su rubio cabello totalmente pulcro y brillante, sano por todos los productos que su padre no escatimaba a la hora de invertir en ello. Su ropita sin manchas de suciedad, y sus manos solamente cubiertas de su propia saliva por estar chupando sus dedos.
—¡Pa, pa, pa, pa! —Manjiro seguía exigiendo atención, casi escapando de la restricción del canguro.
Desde que había aprendido palabras básicas, Manjiro había decidido que Wakasa sería "pa", y Shinichiro "papá" completamente. Claro que el alfa había estado enseñándole cómo debía referirse a él, vocalizando lentamente la palabra para él. Luego de haberlo aprendido y ejecutado, el mismo Manjiro decidió, de un día a otro, que Wakasa sería denominado "pa" a partir de ese día.
El omega alzó en brazos al niño, aliviando la espalda de Shinichiro, la cual se enderezó un segundo antes de volver a encorvarse para seguir trabajando. Manjiro instantáneamente se pegó contra el cuello de Wakasa, inhalando su aroma hasta ahogarse.
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Omega Sustituto | ShinWaka
FanfictionWakasa es un omega que acaba de perder a su bebé. Shinichiro es un alfa con un bebé recién nacido, abandonado por su papá omega. El bebé de Shinichiro necesita de Wakasa para sobrevivir y quizá Wakasa necesite de ambos también.
