Nueve

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Casi cuatro años limpio.

Mandó a la basura casi cuatro años de sobriedad, pero a esas alturas era imposible para él tratar de preservar su cordura sin el apoyo incondicional de un entrañable cigarro, que adormecía su angustia con su amigable nicotina.

Le temblaban los dedos cuando lo encendió, pero un par de caladas después éstos cesaron. Cerró los ojos, aspiró y saboreó. Expulsó y la estela de humo lo acobijó como un cálido manto. Mierda, ahora su ropa apestaba a cigarro. Que recordatorio tan nefasto de la débil voluntad que poseía.

Perdóname, Sayuri. Perdóname, Benkei. Perdóname, Shinichiro.

Se deshizo del cigarro aún sin acabar, pero ya se había contaminado en más de una forma.

Esa mañana Yoshio había tenido el descaro de aparecerse en el taller de Shinichiro. Sosegado e indiferente, luciendo tan altanero con esa expresión de grima al notar la grasa empapando la mayor parte de la camisa y las manos del alfa. Wakasa había estado preparando el almuerzo mientras vigilaba a Manjiro jugando en la sala cuando escuchó la discusión. Al oír la voz iracunda de su padre alzándose con autoridad, Manjiro fue el primero en reaccionar con inquietud; pues eran realmente poquísimas las veces que lo había oído así.

—Ey, niño. Ven aquí —Wakasa lo atrajo hacia él, tratando de concentrarse también en la conversación del taller.

—Papá está enojado —le susurró con evidente consternación.

—Seguramente es Takeomi de nuevo, algún cliente necio o, quién sabe, vendedores —dijo mientras lo levantaba para conducirlo con apremio hacia su habitación.

Le ordenó que le esperara allí, pues él iría a "ahuyentar" a la razón del enojo de su padre. El niño al inicio se rehusó, pues él también quería ser testigo del drama que había maquinado su inmadura cabecita, pero Waka tuvo que recurrir a los condicionales para mantenerlo cautivo en la habitación. Solucionado con un par de golosinas fuera de los horarios establecidos.

Cuando volvió con la discusión, ésta aún prevalecía con el mismo ritmo despectivo y colérico. Sin embargo, debido a que se perdió el punto de partida, no lograba conectar correctamente el resto de diálogos para poder descifrar la posible causa del pleito. Shinichiro no era una persona atrayente de problemas. Aunque quizá su pasado no estaba del todo impío, ahora que era padre de familia huía de cualquier tipo de problema que pudiera terminar salpicando involuntariamente a su familia.

Y escucharlo gritar y gruñir así... Sus feromonas sintiéndose tan tensas, tan repulsivas, tan sofocantes. Ni siquiera podía reconocerlo.

—¡NO TIENES PERMITIDO BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA AMENAZARME EN MI PROPIA CASA, MALDITA SEA!

—Te dije que quería hablar calmadamente. Eres tú quién pierde los estribos, yo sólo estoy informándote. Si insistes en verlo como una amenaza...

—¡Lárgate, Yoshio! ¡No estoy dispuesto a escucharte! ¡VETE O VOY A...!

—¡Baja la voz! El niño puede oírte. Los hijos no deben oír a sus padres discutir, ¿sabes eso?

Shinichiro soltó un bufido sardónico que fue secundado por una carcajada.

—¡Vaya, eres el padre del año ahora! En serio eres tan descarado...

—Bueno, cometí errores, lo admito. Pero, trato de remendarlos, ¿no cuenta eso para ti?

—No me jodas, Yoshio. ¿Por qué ahora? ¿Porque lo viste un par de minutos? ¿Cuatro minutos mirándolo justifica cuatro años de abandono para ti?

Omega Sustituto | ShinWakaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora