Diez

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Yoshio tuvo que ser presentado inicialmente como una especie de tío tardío.

Por supuesto, esto no le supo nada bien, pero al ser una recomendación perteneciente a un psicólogo infantil tuvo que acatar a regañadientes. No tenía directamente la clasificación de "tío", pero fue nombrado como un miembro de la familia. Una asignación súbita podría confundir y abrumar al niño, así que la ruta más saludable era que Yoshio se introdujera con calma en su vida y poco a poco orientarlo a unir piezas una vez que empezara a cuestionárselo por sí solo. O al menos darle pequeños indicios de esta verdad mientras su relación se fuera trazando.

Manjiro había tenido la oportunidad de conocer a Emma más allá de un simple roce y, Dios, la había adorado desde el primer día. Cuando se trataba de juntarse con ella, siempre se apresuraba y apresuraba a todo el mundo también, ansioso de verse con su hermana.

(Aún no llegaba esa preocupante pregunta sobre por qué si aparentemente eran hermanos tenían distintos padres. Shinichiro temía con su vida ese día.)

Izana —el hijastro de Yoshio— se había mostrado receloso a su presencia en un inicio, pero por insistencia de la pequeña Emma terminó relacionándose con él y, al final, forjando una especie de hermandad también. Muy metido en su papel de hermano mayor, realmente parecía disfrutar cuando a sus pequeñitos. Yoshio no parecía tener intenciones de deshacer esa ilusión. Al contrario, se mostraba realmente encantado con la manera en que Izana estaba respondiendo a esta nueva incorporación.

El problema era el esposo de Yoshio.

Este había declinado cualquier tipo de situación que involucrara interactuar con Shinichiro, pero Wakasa había tenido un par de saludos con él las veces que tuvo que recoger a Manjiro de su casa. El tipo nunca se mostraba contento ante su cercanía, aunque quizá podría comprenderlo y en realidad no lo turbaba en nada; la duda era cómo actuaría ese tipo en presencia del nuevo niño que no tenía ningún tipo de relación consanguínea con él. Tanto Wakasa como Shinichiro estaban preocupados.

El tipo no era un mal padre tampoco. Yoshio hablaba maravillas de él y la pequeña Emma lo idolatraba cada vez que Wakasa intentaba sonsacarle algo que pudiera ser sospechoso. Tampoco obtenía reacciones fuera de lugar de parte de Izana. Aun así, no podían evitar inquietarse cuando notaban cómo Manjiro parecía cohibirse ligeramente con su mención. Él alegaba que Dai (cómo se llamaba) solía pasar de él la mayor parte de las veces, cuando no le daba una advertencia por jugar demasiado brusco con Emma, pero que tampoco había llegado a regañarlo de verdad o algo parecido.

Aun así, las exclusiones no debían ser agradables para un niño de su edad, por mucho que él insistiera que estaba bien. Para un niño tan consentido como lo era Manjiro debió ser confuso atestiguar como sus hermanos recibían dulces o porciones de pastel, y él no. Y aunque Izana tratara de remediar eso compartiendo con él, o Yoshio compensándolo con otra cosa, no debió haber evaporado por completo el sentimiento inicial desagradable.

Por otro lado, oficialmente Manjiro fue el primer aprendiz de Wakasa y Benkei cuando el gimnasio de inauguró. El niño ya venía con prácticas previas, así que su entrenamiento se serializó cuando la aprobación de Shinichiro estaba finalmente sobre la mesa.

Era un maldito talento innato.

Benkei se mostraba eufórico cada vez que lo veía progresar con una rapidez abrumadora. Wakasa solamente quería brincar y alardear sobre que el niño estaba poco a poco adquiriendo su estilo de pelea, enfocando más atención en las piernas. Por supuesto, quizá no lo había parido, pero crió a ese niño toda su vida y mirándolo así casi se sentía como si él mismo lo hubiera gestado. Era su pequeño orgullo.

Omega Sustituto | ShinWakaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora