Capítulo 8

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¡Hermione lo había invitado a subir!

No a Monsieur Enmascarado, sino a él. Al Draco de siempre.

Se duchó a toda prisa y, en menos de cinco minutos, se había puesto unos pantalones anchos y unas viejas zapatillas de deporte. No le gustaba mostrar el cuerpo y odiaba que lo miraran. En realidad, el único motivo por el que conseguía salir al escenario del club era porque llevaba la máscara que lo convertía en un personaje anónimo. Era la única condición que había impuesto para aceptar el trabajo. Lo que no había imaginado entonces era que aquella máscara fuera a convertirlo en el bailarín más popular del club.

Hizo una mueca al pensar en ello. En cuanto reuniera el dinero necesario para realizar aquella excavación en Belice, dejaría el trabajo y guardaría el tanga para siempre.

Comenzó a subir la escalera, pero sólo había avanzado dos escalones cuando se detuvo en seco.

¿Qué demonios creía que estaba haciendo? Ahora no tenía ninguna máscara tras la que esconderse.

"Charla un rato con ella. No es tan difícil. Puedes hacerlo".

Podía oírla cantando la canción que había hecho que empezara a enamorarse de ella. Non, je ne regrette rien.

Dios. ¿A quién quería engañar? No era lo bastante valiente ni aventurero para una mujer como ella.

Se dio media vuelta.

"Cobarde"

Muy bien. Lo haría. Se dio media vuelta de nuevo y trató de no pensar en la debilidad que sentía en las rodillas.

Sólo tuvo que llamar una vez antes de que Hermione abriera la puerta. Draco se sintió aliviado y decepcionado al mismo tiempo al ver que llevaba puesto un cómodo pijama.

"¿Qué esperabas? ¿Una negligé transparente?"

Bueno, sin duda eso era con lo que había fantaseado. La había imaginado así... o completamente desnuda.

— ¿Te parece bien un zinfindel? — preguntó mostrándole la botella.

— Sí — podría haberle dado cicuta y se la habría bebido igualmente.

— Vamos al salón a sentarnos — sugirió ella.

"Maldita sea", pensó Draco mientras la veía caminar.

No podía apartar la mirada del movimiento seductor de sus caderas, de la curva que formaba su espalda al unirse al trasero y del modo en que el cabello le caía libremente. La salvaje erección que le había provocado en el club amenazaba con reaparecer. Mejor sería que se sentara cuanto antes si no quería quedar en ridículo. Se derrumbó sobre el sofá y trató de respirar con normalidad.

Había estado en su casa otras veces, para ayudarla a subir la compra o para regarle las plantas cuando ella estaba fuera, pero nunca había estado allí como invitado. Hermione se acurrucó en el sofá junto a él, enrollando las piernas del modo más sexy. Sus ojos seguían todos y cada uno de sus movimientos. ¿Tendría la menor idea de lo sexy que la encontraba?

Sonrió dulcemente y Draco sintió que se le derretía el corazón.

— Draco — susurró al tiempo que se acercaba a él un poco más.

— Sí — ahí estaba, el momento que había estado esperando.

Se humedeció los labios y lo miró con gesto de reprobación, como si hubiera cometido alguna travesura.

— Sé lo que has hecho.

— ¿Sí?

— Me temo que te he descubierto — añadió ella.

Traseros desnudos [Dramione]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora