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Llegaron hasta una zona del bosque, donde encontraron cuatro cuerpos por un lado, y luego dos más. Y uno de ellos había sido decapitado.

—Aquí estuvo la otra hembra —pronunció Blake oliendo—. Se fueron hace unas tres horas hacia el norte.

—Hana —pronunció Kaelan observado los cuerpo.

—¿Sí? —sonrió mirándolo.

—¿Qué sabes de la otra alfa?

—Sólo que es de PurpleSnow, y tiene dieciocho años. Los tres machos que estaban con ella son sus hermanos y primos.

Kaelan se acercó hasta el árbol que estaba en frente de los cuerpo y lo olió, frunciendo el ceño.

—Sí, huele diferente —le dijo Blake a su hermano.

—Ellos usan hierbas venenosas —acotó la muchacha—. Así ocultan su aroma también.

—Sí, pero el olfato de Blake es sumamente sensible, por más que ellos usen hierbas, él los puede detectarlos.

—¿Puedes saber dónde se encuentran? —le preguntó curiosa.

—Puedo rastrear el aroma de las hierbas y así hallarlos, ya que ellos no se encuentran tan cerca para poder detectar su aroma. Pero ella huele diferente, incluso bajo el aroma de la hierba puedo detectarlo.

—¿A qué huele? —le preguntó Biel.

—Creo que es como Kaelan.

🌘🌘🌘

La observó dormir, mientras sus compañeros se habían alejado, y dejándola al cuidado de un macho joven. Se acercó a ellos, y antes de que pudiera reaccionar, le dió un golpe en la nuca, dejandolo inconsciente.

La tomó de los tobillos, y la arrastró en la oscuridad del bosque, bajo los árboles. La miró y levantó su mano, dispuesto a darle un golpe que fuese mortal para ella. Era mejor asesinarla ahora, antes de que despertara.

La observo, con la mano alzada, y sintió el corazón de ella, latiendo irregular. Su respiración se hizo errática y la joven abrió los ojos, mirándolo aturdida.

—Shh, no grites —murmuró.

Frunció el ceño, y valiéndose de su flexibilidad, cambió de posición con él, girando en el suelo, hasta quedar encima. Sonrió divertida, y lo sujetó del cuello, acercando su rostro al de Kaelan.

—¿Qué querías hacer?

—No eres un alfa normal —gruñó.

Lo miró a los ojos y suavemente pasó la punta de su dedo índice por su mejilla, rozándole la piel con su uña.

—Tú corazón late como el mío —sonrió—. Su ritmo es irregular.

La miró y dejó de forcejear, haciéndola sonreír.

—Iba a matarte, pero no lo hice.

—¿Y qué se supone que deba hacer?¿agradecerte?

—No, sólo no quiero cruzarte en mi camino.

—¿Por qué no? —sonrió.

—Porque no quiero dañarte.

—Puff, como si fueras a-

Le dió un cabezazo al tenerla tan cerca, que la hizo soltarlo, tomándose de la frente y jadear. Se sentó en el suelo, junto a ella que se estaba tomando de la frente con ambas manos, arrodilla.

—Hagamos un trato —le dijo con calma—. Tú no te-

Brenda le dió un puñetazo en la boca del estómago, quitándole el aire. Kaelan se tomó en la zona del golpe, intentando respirar, antes de mirarla con rabia.

—Estamos a mano, a mí también me dolió —pronunció encogiéndose de hombros.

—N-No quiero pelear c-contigo —jadeó poniéndose de pie el castaño.

—Okay ¿Tú en qué dirección vas? —le inquirió indiferente.

—Al norte.

—En el norte están los Redrivers —le dijo pensativa.

—Por eso mismo —pronunció ya recuperado.

—Yo también voy al norte —sonrió, meciéndose tomándose las rodillas, de adelante hacia atrás.

Kaelan la miró confundido.

—¿Estás bien o te golpee muy fuerte la cabeza?

—¿Por qué lo dices? ¿Te parezco rara? —sonrió.

Sí, estaba sonriendo, pero su aroma estaba diciendo peligro.

—No.

—Hm, no te creo nada. En fin —pronunció poniéndose de pie, sacudiéndose las manos y luego los muslos—. Dime por dónde irás así no nos encontramos.

—Por el este.

—Perfecto, nosotros por el oeste. Por cierto, soy Brenda —sonrió dándole la mano.

La miró con desconfianza, y la tomó levemente.

—Kaelan.

Ella lo miró a los ojos, y lo sujetó de la muñeca, antes de jalarlo hacia ella y tomarlo del rostro con su mano libre, sin apretarlo, sonriendo traviesa.

—Kaelan, que bonito nombre —le dijo mirándolo a los ojos.

—Suéltame —le advirtió.

Rio bajo y acercó sus labios a la oreja de él.

—¿Quieres escucharlo en un gemido? —jadeó—. Seguro se oye rico.

Gruñó y ella lo soltó, riendo.

—Cuando el juego acabe, búscame —sonrió, soltándolo antes de darle la espalda y escabullirse entre los árboles.

Kaelan gruñó molesto, y se fue de allí. Lo que menos le atraían, eran las mujeres ofrecidas.

Debía volver con sus hermanos, gracias a Blake había logrado hallarla, pero al final... No había tenido el valor de matarla.

...

Competencia De AlfasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora