Mundo Compartido

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Dedicado a Kai_Pato

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Una mañana Aziraphale pudo pararse por si solo sin caerse, tenía aquí recuperar movilidad en los pies, entumecida por haber tenido que descansar sus heridas, que por cierto estaban casi cicatrizando y las marcas de su cuello eran casi imperceptibles. Todavía tenía un poco de molestia donde lo había atravesado el arpón, pero su vida ya no peligraba.

Ayudó a Crowley a preparar pescado frito, o mejor dicho, aprendió como hacerlo. Le fascinaba como los humanos se las ingeniaban para experimentar con nuevos sabores con lo que tenían, quería probar todas las posibilidades.

-Sabes ángel, te he mantenido encerrado mucho tiempo ¿Te gustaría ir a visitar el pueblo antes de regresar al mar?- Preguntó Crowley.

El rostro de la selkie se iluminó.

-¡Por supuesto que si!-

Se prepararon para ir, aunque para Aziraphale fue difícil utilizar calzado, no solo por que nunca lo había usado, si no por que los zapatos eran terriblemente incómodos para sus heridas, aunque gracias a Crowley logró amortiguar un poco con las vendas y unas medias. La ropa de Crowley le quedaba un poco apretada, pero no podía salir en camisón a la calle. A veces tenía envidia de las selkies por que no se inmutaban de su desnudez y usaban la piel como capa más por términos prácticos que para cubrirse.

El mercado en cuestión, fue una explosión de colores y olores para la pequeña selkie: carnes, especias, pescado, mariscos, encajes de flores, patrones en telas, frutas. Había mucho que mirar y a la vez nada, aunque le causaba un poco de ansiedad que estaba abarrotado de gente que apenas tenían espacio para pasar. Irónicamente lo que mas náuseas le causo fue el mercado de pescados y mariscos, a pesar de que la mayoría de su alimento se encontraba ahí, el hedor a putrefacción inundaba el aire, pues muchos de los productos no estaban frescos o las vísceras de estos se pudrían al lado de los mismos puestos, aunque Crowley al trabajar en un barco pesquero y hacer entregas de vez en cuando a ese lugar, ni se inmutaba.

-Creí que se te antojaría algo de aquí.- Murmuró Crowley al ver lo verde que se veía su amigo.

-Tengo estándares, querido. Muchos de estos ejemplares llevan días muertos al sol y los que estén frescos, ciertamente ya no tendría apetito para probarlos mezclados con esta peste. Prefiero cazarlos yo mismo o cuando tu me traes los que recién pescaste.- Replicó de forma orgullosa, algo que a su amigo pelirrojo le pareció tierno.

-Supongo que entonces solo probaras el pan y las frutas ¿Cierto?- Preguntó con una sonrisa de derrota.

-Oh, eso me gustaría más. El pan de mantequilla que llevaste el otro día era muy sabroso.- Sus ojos zafiro parecieron brillar como el sol reflejado en el mar, que Crowley no pudo decirle que no.

Afortunadamente contaba con dinero fruto de aquellas perlas de regalo, aunque como le había explicado, la gente haría preguntas, así que procedería con cautela cuando tuviera que cambiarlas.

El pan de mantequilla se derretía en la boca de la selkie, fue una suerte que compraran uno recién hecho, había probado algunos en casa de Crowley tan duros como una piedra, pero él decía que era el precio de tener "sueldo de pescador". Así que ambos se dieron un rico festín como dios manda, hasta Crowley le dio una mezcla de escalofrió y satisfacción al escuchar como degustaba la comida.

Terminando el pan, se acercaron a un puesto de ropa, no era la más lujosa, pero sin duda Aziraphale necesitaría al menos dos conjuntos que lo hicieran sentir cómodo, no podía estar usando la ajustada ropa de Crowley todo el tiempo. Le fascinó mucho las camisetas de lino, y otra de lana para cuando los días estuvieran más fríos.

El Mar y la Tierra [Good Omens]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora