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Ver a James, no, ese no era James… El omega frente a él era el temible soldado del invierno. Ver al soldado del invierno arrebatar una vida tan rápido, de manera eficaz y brutal lo hizo sentir interés.

¿Qué tan desviado tenía que estar alguien para que la muerte lo hiciera sentir así? Bueno, nunca fue demasiado normal. Eso lo supo desde su adolescencia, pero esto era un nuevo límite. Uno que nunca creyó alcanzar.

De la cabeza de Rumlow no quedó mucho que se pudiera reconocer, pues Winter la azotó contra el suelo demasiadas veces, parando solo cuando Helmut así lo ordenó.

—Oeznik, prepara todo para irnos a primera hora mañana—Dijo sin quitar su vista del omega, quién seguía agitado.

Cuando iba por las escaleras notó que el otro cadáver ya no estaba, solo había manchas de sangre en el piso. Que haya sobrevivido a aquello hizo que Oeznik pesara nuevamente en que la rubia podría no ser un humano normal. También en que volverían nuevamente agentes a atacar, así que debían partir rápidamente a otro lugar sí querían mantenerse a salvo.

Mientras escuchaba los pasos de Oeznik alejarse, le ordenó al soldado llevar el cuerpo fuera de la casa, en donde Zemo le dió sepultura al cuerpo y a lo que fue una cabeza la dejo clavada en una estaca en la entrada de la mansión a modo de advertencia a los demás agentes que se atrevieran a perseguirles.

—Descansa soldado. Toma un baño y a dormir.— Dijo una vez todo estuvo devuelta en su lugar dentro de la mansión.

Winter se fue a su habitación, se quitó la ropa y luego entró a la ducha. Algo dudoso dio el agua caliente, pues no le habían especificado que fuera con agua fría como siempre. Se quedó parado bajo la lluvia de agua tibia mientras veía como esta iba lavando la sangre ajena que cubrió su piel. Tras casi una hora, notado que los dedos de su mano humana se volvieron arrugados como pasas, se salió de la ducha, secándose para luego ir a la cama, cumpliendo así su última misión.

A la mañana siguiente el soldado del invierno ya había desaparecido, dejando a un James que se sentía incómodo y confundido consigo mismo.

Recordaba cada detalle de la noche anterior, lo peor era la sensación de ser débil, de dejarse usar, de ser una marioneta, de no poder decidir, de tener más sangre en sus manos, sangre que no se iría ni quedándose en el agua por todo el resto de su vida, pero… Por mucho que lo deseará no había parte de él que estuviera furioso con el alfa castaño por hacer aquello ayer. Muchos lo usaron en el pasado, pero lo de anoche tuvo un toque diferente. Lo utilizaron como un asesino, sí, pero por una buena razón, o eso creía, pues por mucha fuerza que tuviera jamás podría haber liquidado a Rumlow él mismo, una parte de él tenía sentimientos conflictos por el agente de Hydra, además, mantuvo a salvo a Oeznik, a Zemo y a los cachorros. Todo estaba bien, al menos por ahora.

Helmut no supo muy bien que decir a la mañana siguiente cuando el omega se sentó a la mesa a desayunar, así que optó por mantenerse en silencio, lo que hizo que todo fuera algo incómodo, ya que James tampoco dijo palabra alguna, pero supo disimular su incomodidad como buen integrante de la realeza que fue alguna vez.

Luego del eterno silencio que se extendió durante el resto de día, llegó a la mente del Barón la idea de que el castaño lo odiaba en este momento por lo ocurrido anoche, y por ello lo castigaba con su silencio.

—Debemos irnos, espero que estén listos. No quiero deshacerme de más cuerpos hoy— Dijo mientras reunía a los molestos cachorritos para subirlos a su auto. — Y espero que tranquilicen a las bolas de pelo, no los quiero escuchar ladrando todo el viaje.

James miró a Helmut y solo asintió. La teoría del Barón iba tomando fuerza.

Mientras conducía, Helmut llegó a la decisión de que no iría a otra mansión, pues si se quedaban en un lugar, Hydra los iba a encontrar, así que se me tendrían en movimiento el tiempo que fuera necesario o hasta que su fortuna se acabara, lo cual era bastante improbable.

Tras unas cuantas horas se encontraban en una carretera, James se había concentrado todo el viaje en ir mirando por la ventana.

El omega algo dudoso hizo una pregunta al aire mientras miraba a los cachorros —¿Creen que mi marca desaparezca pronto?— Sí Rumlow estaba muerto no debería tenerla la marca.

Helmut apretó el volante al escuchar la pregunta, pues no sabía como explicarle sus sospechas al soldado acerca de la marca de pertenencia que descansaba en su cuello— Algunas tardan hasta meses— Se limitó a responder sin quitar su vista de camino.

James sonrió, pensando que quizás en algunos meses tendría otra mordida descansando sobre su cuello, una de un alfa que sí le agradaba.

Lo que más disfrutaba el omega de levantarse temprano era que podía ver a Steven durmiendo, el único momento del día donde el alfa se encontraba tranquilo. Le acarició el cabello con delicadeza para no despertarle y luego lo besó al notar que estaba por sonar la alarma de las seis.

—Buenos días— Murmuró Steven mientras se abrazaba a la cintura del menor.

—¿Hay alguna posibilidad de que no salgas a correr esta mañana?, es más, tengo otra oferta de cardio para ti. Una que no incluye ropa, estoy muy seguro que te gustará más.— Dijo mientras miraba al aún adormilado rubio.— Mi celo está muy cerca, por favor, necesito a mi alfa.— Se acercó al oído del rubio para susurrarle lo siguiente.— Necesito tu nudo muy dentro de mí.

Las últimas palabras del rubio hicieron que Steve se despabilara de golpe y su cara se pusiera roja cuál tómate— ¡Clint!, Ya te he dicho que no hables así — Dijo apartándose del omega para luego hundir el rostro en la almohada.

Clint solo rio al ver la reacción del mayor— ¿Por qué actúas así?, me has dicho cosas peores. Hablas bastante sucio cuando estás en celo y ni te sonrojas. Es más, te brillan los ojos y me desvistes con la mirada.

—Clint—Murmuró casi rogando que dejara de hablar— Yo… yo no lo hago apropósito, son mis hormonas—Levantó su cabeza y miró directamente al omega— Tú sabes que yo no soy así. — Se abrazó nuevamente al rubio.

Notó que su alfa estaba sensible, así que dejó de reír y se puso algo más serio, liberando sus feromonas y acariciándole el cabello.— Si supieras como me mojo cuando me hablas así no te estarías disculpando— Le beso la frente— Voy a cambiar de tema para que no te sigas sonrojando. Fui con la doctora ayer cuando terminamos de buscar información. Dice que por mi edad aún deberían quedarme óvulos viables, es más, hasta podría tener yo mismo al bebé, al parecer 37 años no son demasiados. Aunque por mi trabajo sería mejor que fuera lo que pensé desde un principio, que tomen nuestras muestras, hagan al bebé y lo pongan en un vientre. —Mientras hablaba veía de reojo las reacciones de su alfa, prestando atención a cada detalle.— Sé que dijimos que en dos años más, pero los cachorritos tardan nueve meses en nacer, además que nos tendríamos que hacer algunos estudios, tomarnos muestras y buscar una beta u omega que sea compatible con nosotros, así que deberíamos empezar ya si en dos años quieres que vivamos en familia.

El corazón del alfa se aceleró ligeramente por la emoción de escuchar a Clint hablando de un cachorro. Toda su vida había deseado uno, o un par, siempre quiso tener una familia, pero ese sueño había muerto en los años 40's. Y ahora que podía tenerlo se sentía culpable, pues su mente estaba enfocada en lo que perdió décadas atrás.— Clint, yo realmente quiero un cachorro contigo, pero debo encontrar al soldado del invierno, de encontrarme con James, ver si me recuerdas, si aún tiene mi marca. Te prometo que cuando solucioné esto, voy a ser todo tuyo. Llevarás mi marca, serás mío, todo mío. Viviremos en el campo y tendremos un perrito. Ni siquiera esperaré dos años para retirarme, lo haré luego de que encuentres a James.

—Lo encontrarás, yo me aseguraré de ello— Encontria al soldado del invierno a toda costa. Nada le iba a impedir ser feliz con el alfa de sus  sueños, mucho menos un simple fantasma.

Recompensa de una venganza Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora