Joaquín se tumbó con la sangre todavía ardiendo. Se sentía diferente. No solo se sentía satisfecho. Era como si se hubiera topado con una fuente de energía que lo recargaba y lo drenaba al mismo tiempo.
–No lo han hecho bien –dijo él al fin, con voz ronca.
–¿Qué? –preguntó Lucía, su voz un débil susurro.
El cuerpo se él se estremeció ante su dulce cadencia.
–Los chicos con los que te has acostado. Con los que no tuviste orgasmos. Al parecer no tenían ni idea de lo que estaban haciendo.
Lucía Cuervo era una de las mujeres más sensuales que él había conocido. Su pasión, su receptividad lo habían vuelto loco en la cama. Aunque había sido obvio que ella no había tenido mucha experiencia.
En un momento, cuando él por fin la había penetrado en profundidad, había llegado a tener la sensación de que había sido el primero. Había estado tan apretada a su alrededor que parecía virgen. Sin embargo, las vírgenes no se entregaban a desconocidos como si nada, ni hablaban de orgasmos con tanta facilidad.
Consciente de que ella nunca había llegado al clímax antes, Joaquín se había tomado el tiempo para explorarla y volverla loca con sus caricias, hasta hacerla gemir y suplicar.
Cuando hubo deslizado un dedo en su húmedo interior, Lucía apenas necesitó un segundo para llegar al orgasmo, gritando de placer. Y, cuando él le había tocado de nuevo en su parte más sensible sintió su cuerpo derretirse como si de azúcar sobre la estufa se tratase.
Joaquín cerró los ojos ante el vívido recuerdo de su dulce feminidad, de sus muslos sedosos rodeándolo, de sus gritos atragantados de gozo. Él había estado a punto de llegar al orgasmo también en ese mismo instante. Pero había merecido la pena esperar. Encontró el éxtasis dentro de ella, mientras Lucía lo miraba con ojos muy abiertos y maravillados y llegaba al clímax una tercera vez. Le sería difícil olvidar tanta intensidad. Nunca antes se había perdido a sí mismo de ese modo dentro de una mujer.
Sin embargo, estaría encantado de repetirlo una y otra vez con una amante como Lucía.
Si tan bien sintonizaban cuando apenas acababan de conocerse, ¿cómo sería el sexo entre ellos cuando aprendieran a estar todavía mejor sintonizados?, se preguntó a sí mismo.
La adrenalina le recorría la sangre a toda velocidad, incendiándolo.
–Bueno, me alegro de que tú sí sepas lo que haces –comentó ella con voz cálida–. Ha sido increíble.
Algo en el tono tenso de su voz hizo que Joaquín se volviera hacia ella.
También estaba tumbada boca arriba, mirando al techo, sus pechos subiendo y bajando con la respiración acelerada. Al verlos de nuevo y recordar su dulce sabor, Joaquín empezó a notar otra erección.
¿Otra vez? ¿Tan pronto?
Él sonrió, inhalando el aroma a sexo que flotaba a su alrededor. Iba a murmurar algo sugestivo, cuando posó los ojos en el rostro de ella. Cerró la boca de golpe.
Lucía tenía el ceño fruncido y los labios apretados, como si algo muy distinto a la satisfacción ocupara sus pensamientos.
–¿Lucía?
Ella parpadeó rápido. Lágrimas brotaron de sus ojos.
Joaquín no estaba acostumbrado a manejar emociones en público. Y, menos, con sus amantes. El sexo tenía que ver con el placer físico, no...
–Lo siento. Me siento un poco... abrumada. Se me pasará. Seguro –afirmó ella y soltó una carcajada llena de tensión–. Ha sido mucho más de lo que esperaba.
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EN SUS MANOS
FanfictionAquel test positivo de embarazo no era el único recordatorio que Lucía tenía de su única y maravillosa noche con Joaquín Galán. ¡El recuerdo de sus experimentadas caricias en su piel no la dejaba dormir! Pero, cuando le dio la noticia, el millonar...
