Capítulo 4

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Sana no se entendía a sí misma: no quería estar con ella, pero tampoco podía soportar estar sola y encerrada. Con el llanto se quedó dormida en el sofá y cuando despertó sobresaltada por un ruido, escuchó mejor y se dio cuenta que era un coche, el resplandor de los focos en el salón se lo confirmaron... Tzuyu volvía.

Esta podría ser una oportunidad para escapar. Fue corriendo a la cocina y cogió la sartén más grande que encontró y se colocó detrás de la puerta.

Sana, lo siento, no quiero que discutamos, me siento...

Pero ella le pegó con la sartén tan fuerte como pudo, haciéndola caer al suelo.

Espero no haberla matado. — Sana soltó la sartén y corrió fuera de la casa, apenas se veía nada, el coche estaba abierto y subió pero las llaves no estaban. Daba lo mismo, tenía que recordar como se hacía un puente. Para eso había estudiado mecánica...- se decía mientras se metía bajo el volante.

Rojo, verde, azul... mie&$a, estos coches automáticos son lo peor. — conectó dos cables pero no pasó nada. — Vamos, vamos, esto no puede ser tan difícil.

¿Te sería más fácil con esto? —dijo Tzuyu desde el otro lado de la ventanilla con las llaves tintineando en su mano.

Sana cerró la puerta, pero Tzuyu no se lo iba a permitir y de un puñetazo rompió el cristal de la puerta justo en el momento en que ella conseguía arrancar.

Pero algo iba mal, la dirección no respondía, el volante estaba muerto, e iba irremediablemente de frente contra un árbol con el cual chocó golpeándose con el volante en la cabeza. De repente quedó cegada por la sangre, no veía nada, solo oyó como se abría la puerta y la sacaban del coche.

¡Maldita sea! ¿Ves lo que ha pasado? ¡Has podido matarte!. —le gritó Tzuyu, mientras la introducía en la casa.

Ella estaba mareada, temblaba incontroladamente y le dolía la cabeza.

Escúchame, no voy hacerte daño, solo quiero verte esa herida —dijo Tzuyu sentadola en la mesa del comedor.

No me toques, tienes que llevarme a un hospital o voy a desangrarme, esto terminó —decía ella entre sollozos intentando apartarle.

Sana, estate quieta, déjame verte eso, no me obligues a atarte.

¡Pero por el amor de Dios! ¿Serías capaz de atarme? Tengo la cabeza abierta y necesito un médico.

No sabes nada de mí, no te has molestado en conocerme ni tan solo un poquito ¿Verdad?

Eres una egocéntrica, estoy desangrándome, ahora mismo no me interesa nada de...

Voy a coserte, así que estate muy quieta, esto no puede ser muy difícil. ¿No?

¿Qué, qué? Ni hablar, estás loca... no dejaré que lo hagas—dijo Sana intentando levantarse de la mesa.

Estate quieta de una vez, no voy hacerte daño, será rápido. — dijo Tzuyu sujetándola de los brazos.

Suéltame por favor, ni se te ocurra pensar que voy a dejarme curar por ti, ¡mie&$a, reacciona, me estoy desangrando! —dijo Sana llorando histérica e intentando zafarse de los brazos de Tzuyu, levantándose de nuevo, pero el fuerte dolor que sentía casi la hizo caer.

Ok, bien, tranquilízate. Soy enfermera, no te voy hacer daño. — le dijo Tzuyu mientras la dejaba en el sofá.

¿Eres enfermera? No me mientas, por favor...

Bueno, en realidad no es cierto del todo: soy veterinaria —le decía mientras le limpiaba la herida que por fin había dejado de sangrar.

¡Veterinaria!— dijo Sana más alterada— suéltame no soy un perro— decía mientras forcejeaba con Tzuyu

Tranquilízate, sé lo que hago, y la verdad es que esto no tiene buen aspecto, voy a tener que ponerte una pequeña anestesia que no te dolerá nada y darte unos puntos, o prefieres seguir sangrando?

Prefiero un hospital

Tienes dos opciones: o te desangras o te curo — dijo Tzuyu tomando a Sana de las muñecas — si fuera tu, decidiría rápido—Sana pareció tranquilizarse, pero le miraba con recelo.— no te dolerá, lo prometo

Sana aun asustada y con un dolor de cabeza se dejó curar, Tzuyu parecía que sabía lo que hacía y en poco tiempo terminó, le vendó la herida y después fue a la cocina con una toalla para humedecerla y comenzó a limpiarle la sangre seca que Sana tenía en la cara.

Tzuyu era tan tierna. Sana comenzó a relajar sus nervios. En ese momento sus manos acariciaban su rostro con ternura, sentimiento que comenzaba a no dejarla indiferente. Su cuerpo se estremecía con esas caricias. "Debo estar volviéndome loca" pensó Sana y Tzuyu se dio cuenta de ello, cogió su cara entre las manos y comenzó a besarla lenta y suavemente... y Sana se dejó llevar por los sentimientos que en ese momento crecían en su cuerpo.

Dios, lo que me ha costado... —le susurraba Tzuyu al oído entre beso y beso. La tomó de la cintura y Sana enredó sus piernas en la cadera de Tzuyu.



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Secuestrada  (SaTzu)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora