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Emilio despertó por aquella luz intermitente proveniente de la ventana. Sin demora alguna, tomó su celular en mano, comprobando la hora "nueve de la mañana se enmarcaba en la pantalla" Desperezando su cuerpo, caminó hacia la ducha y salió tiempo después. En ese momento su celular vibró y la sonrisa que tenía enmarcada en el rostro decayó, era un número desconocido.

"Hola, guapo ¿Se te pegaron las sábanas?" dijo una voz femenina.

"Disculpa ¿Quién eres?" mientras buscaba una camisa en su closet.

"Nos conocimos ayer, en la fiesta de Royer" explicó.

" Ajá ¿Y?" intentó recordarla, sin éxito "¿Cómo conseguiste mi número?"

"Royer dijo que no te negarías a tener un encuentro casual conmigo, ya sabes... sin compromisos.


"Así que ese idiota fue quien le facilitó el número a la desconocida, de la cual no tiene el mínimo recuerdo.


"¿Qué día tienes tiempo?" insistió ella.

"Escucha" dijo, pasándose una mano por el cabello húmedo, intentando acomodar sus rizos", puede que seas atractiva y todo lo que quieras, pero no estoy interesado. Lo siento."


"¡Eres un -... ! " no la dejó terminar porque ya había colgado la llamada. Pensaría seriamente en despedir a Royer. Estaba harto que sus colegas, a quienes difícilmente podía considerar amigos, se tomen atribuciones para conseguirle citas de una noche. Si a Emilio le apetecía un encuentro casual, él se encargaba solo.


La pasada noche, hubo una celebración debido al compromiso de uno de sus trabajadores. Hubo alcohol y obviamente estaban presentes muchos omegas, pero esa noche en particular no quería nada con nadie y ahora se lamentaba demasiado. La cabeza le dolía y no estaría así de demacrado si no hubiera llegado a casa en pleno amanecer.



Mientras manejaba su coche, se recriminaba la torpeza de llegar tarde, aunque aquello que debía hacer, lo hacía por gusto. Era parte de su rutina. Consentir a cierto omega que usualmente acudía al trabajo sin desayunar.



Cada día de la semana laboral, Emílio se encargaba de que Joaquín no se saltara las comidas. Como lo hacía justo ahora que llevaba un chocolate caliente, una dona y una manzana.


Tiempo después, cuando el reloj marcaba un poco más de las nueve con cuarenta, Emilio entró por la puerta de la Pastelería Spacer'. Prácticamente todos los trabajadores lo conocían y lo saludaron al verlo, indicándole que "él" estaba en el depósito.



Cuando llegó hasta el lugar indicado y del cual conocía perfectamente el camino, pudo verlo, intentando alcanzar algo de una estantería. Joaquín se negaba a usar esa pequeña escalera que había en el lugar.


Emílio dejó en una mesita las bebidas para luego acercarse al omega y ayudarle a alcanzar aquella caja que a al contenía unas boquillas.


"Emilio, llegas tarde." intentó sonar duro mientras recibía la caja en sus manos.

"Buen día, omega." se acercó a dejarle un beso en la mejilla.


"¿Mi chocolate?" indagó con una ceja alzada.


"Aquí está, justo como te gusta, pero esta vez, con un toque de canela" dijo, acercándole la bebida y tomando un sorbo de la suya también.


"¿Noche pesada?" preguntó Joaquín al notar el cansancio en el rostro de Emilio.


"No quisiste venir a la fiesta." hizo un puchero.

"MI MEJOR AMIGO" OMEGAVERSE (J.E). Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora