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¡Planificar una boda es un asco! pensó Emilio, pero, ayudar a planificar la boda de la persona que amas... eso era una mierda completa. Sin embargo, dio su palabra y ahora debía apegarse al itinerario que le había dado Joaquín, no podía fallarle.

Los detalles mínimos en decoración y la elección en tonalidades de colores que debían combinar a la perfección, desde los manteles y la fina porcelana, hasta los pequeños tocados para las damas de honor... Emilio llegó a pensar en la opción de costear los servicios de una organizadora profesional, así evitaría tanta cosa agotadora, pero lo cierto era que, si hacía eso perdía toda oportunidad de hablar con Joaquín e intentar hacerle cambiar de opinión.

El pastel para la boda iba a ser un regalo del Chef Carlos, como muestra de cariño hacia el omega, quien cumplía una excelente labor como Sous Chef. Al menos no tendría que preparar de cero el bendito pastel, bueno, solo exageró un poco en eso.

Emilio no perdía la oportunidad para recalcarle a Joaquín que aún podía reflexionar y parar con esa locura; algunas ocasiones terminaban discutiendo, en otras, Joaquín decidía ignorarlo, porque solo escuchaba el mismo monólogo.

Cuando debían decidir sobre los sabores del pastel y de cuantos niveles debía ser. El Chef Carlos ofreció una amplia variedad de muestras para poder elegir; vaya que comieron mucho pastel ese día.

Lo interesante y llamativo fue que el Chef los había felicitado por la boda, Joaquín sonrojándose por el comentario al igual que Emilio, solo que tardó unos segundos en asimilar esas palabras.

Y no, Emilio no preguntó al hombre el motivo de la confusión ya que ambos, aparte de ser colegas eran amigos. No fue nada extraño que el chef encargado del pastel de boda no supiera del prometido de Joaquín.

Claro que Joaquín tuvo que aclarar el mal entendido. Carlos puso un gesto confuso inicialmente y después se disculpó por la equivocación, diciendo que cualquiera pensaría que eran pareja. Lo pensaba ciertamente ya que al verlos alimentarse el uno al otro con las muestras de pastel -con risitas cómplices de por medio-, se le hizo algo muy tierno de ver.

Y lo era, quien hubiera visto tal escena, supondría que era una feliz pareja eligiendo el pastel perfecto para su boda.

Los días pasaban y comenzaba a preguntarse por qué el 'intruso' no era el que se encargaba de planificar su boda, lo pensaba por cortos tiempos hasta simplemente olvidarlo.

Lo más notorio para el omega fue que, tenía toda la atención de Emilio. No había conquistas de una noche, ni salidas nocturnas, él ni siquiera mencionaba extrañar su antigua rutina. Solo eran Joaquín y Emilio planificando una bendita boda.

En cierto punto de toda esta organización, Emilio olvidaba que él no era el novio; más ahora que se encontraba en una boutique, sentado en espera de Joaquín, quien estaba en la prueba de su traje para el gran día.

Las palmas de sus manos picaban ante la inquietud, solo faltan tres días para la dichosa boda y él no había dicho una sola palabra de todo el discurso que había preparado antes del regreso de Joaquín y ahora esperaba que su omega se presente ante su vista con lo que sería su traje de boda.

Joaquín salió del vestidor luciendo más perfecto de lo que ya era, Emilio maldijo para sí mismo. No era justo que alguien se vea tan atractivo y deseable en un traje entallado de color azul. Podría hincarse sobre una rodilla y pedirle matrimonio ese mismo instante o simplemente podría despojarlo de esa ropa y dejar su piel expuesta. Joaquín terminaría arrodillado y -...

"Y bien, ¿Qué dices? ¿Te gusta?" cuestionó el omega que estaba de pie en un pequeño aparador, comprobando su apariencia frente al espejo "¿Emilio, me escuchas?" volteó.

"MI MEJOR AMIGO" OMEGAVERSE (J.E). Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora