Capitulo 2

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Entre rápido al lugar, no quería lidiar con regaños a esta hora, cruce la barra principal percatándome de que no se encontraron ninguno de los dos en el pasillo.

Casi sonreí al llegar a la puerta de los casilleros sin que me vieran, pero me detuve de inmediato cuando lo vi apoyado en una de la paredes.

—¿Buen día Emma, llegando tarde de nuevo— Dijo Gustavo al verme.

Por un momento creí que lo lograría.

—Buen día señor Gustavo, ¿cómo está?... —me apoye en la otra pared, intentando calmarme— Qué linda camisa lleva hoy, ¿Es nueva?... Ese color le sienta muy bien, la señora Carmen se enamorara de nuevo cuando lo vea vestido así— Trate de decir un lindo cumplido, intentando que olvidará mi hora de llegada.

—Ay gracias Emma, sí, es nueva, me la regaló mi hija el fin de semana pasado, de seguro a Carmen... Espera, sé lo que intentas, y esta vez no funcionará conmigo. — Su rostro cambió de una linda sonrisa por el cumplido a una mirada seria.

Mire a mi alrededor en busca de alguien que pudiera salvarme de esta.

—Has vuelto a llegar tarde, no puedo seguir tolerando ese comportamiento — me señaló molesto— necesitamos a alguien que cumpla y que sea totalmente responsable con su trabajo, lamentablemente si esto vuelve a ocurrir tendré que buscar a alguien más para que sea tu reemplazo.

Para mí la impuntualidad era uno de mis mayores defectos, siempre que debía llegar temprano, ocurriría algo totalmente inesperado y no me permitiría llegar temprano. Algunas veces me quedaba dormida en el bus o olvidaba el desayuno y me tocaba devolverme.

—Prometo que será la última vez, no volverá a ocurrir.— camine hacia los cubículos para guardar mi bolso.

Me voltee hacia el, cuando vi que no respondió, y lo vi caminando a la salida de la cocina.

Pensé que ya no tendría que recibir mas regaños u ordenes y que el día avanzaba lento sin tener que hacer nada, pero me di cuenta que no seria así, al verlo detenerse en la puerta y dirigiendo su vista hacia mi de nuevo.

—Lavas, pelas y picas las papas que están en la cesta, son 7 kilos —Señaló las cestas junto a la nevera— luego las metes en agua y no olvides ponerles vinagre para que duren la semana completa, recuerda que no se puede perder nada.

—Lo hare en cuanto termine con el Mise en Place, y, señor Gustavo una pregunta, ¿Me trajo la nueva salsa BBQ? La que esta en el freezer no se puede utilizar, le comente a la señora Carmen el fin de semana, que esa salsa tiene restos de alitas, y ya no se puede utilizar por lo contaminada que está — ojalá que esta vez si me escucharan y cambiaran la salsa.

Y aumenten el sueldo en el camino. Ya de paso.

—Ah si, Carmen me comentó, pero Emma, ya hemos hablado lo suficiente de esto, yo no te pago para que me digas que hacer y que no, te pago para que hagas lo que te digo.

Como si eso alcanzara para algo.

—Pero..

—Pero nada, una salsa nueva implica pérdida.— Dijo abriendo el freezer y revisando el recipiente de la BBQ— Mira, esto esta intacto aun, botar esta salsa es perder dinero, y nosotros no estamos aquí por perder dinero, estamos donde estamos porque hemos sabido administrar nuestro dinero y no malgastarlo,  ni escuchando consejos cuando no es necesario.

Si con administrar se refería a usar una salsa por dos meses, no me sorprendería he un día llegarán los de "Tacaños extremos" y quisieran conocerlos.

—Esta bien, seguiré trabajando con ella entonces.

—Y no quiero más quejas recuerda que estas aquí para cocinar, no para quejarte... —se detuvo un momento, intentado encontrar paciencia— Termina con esto rapido, que está comenzando a llegar la gente y debes cubrir hoy a Luigi, aviso esta mañana que se enfermo y no podrá venir.

Claro que está indispuesto, si ayer en mi casa él solo se bebió hasta el agua del florero.

Mientras otros descansaban, la pendeja trabajaba, en momentos como este, odiaba ser tan buena trabajadora.

Nota mental: Matar a Luigi por no avisarme antes que iba a faltar hoy.

—Ok, termino y salgo a cubrir mesas. – murmure entre dientes viendo cómo salía de la cocina, con el temperamento de los mil demonios.

A veces me preguntaba ¿Cómo fue que acepte trabajar en un lugar con tanta falta de higiene y tanta contaminación en la cocina?

Luego recordaba que en mi desespero por alejarme de Mateo, terminé aceptando el primer trabajo que vi.

Mis padres han sido muy pacientes conmigo y este lugar, he trabajado desde los 14 en restaurantes siendo ayudante de cocina junto al padre de mi hermana, Jhon es Chef desde hace años y es uno de los más reconocidos en la ciudad, por lo tanto cada evento en el que él debía estar siempre estaba yo como su mano derecha ayudándolo, y cuando se enteró de como era trabajar en la Paletería casi me desheredan por permitirlo.

Termine de acomodar las papas y dejé todo listo para comenzar a recibir pedidos, salí de la cocina y me preparé para ser mesera, Luigi me debía un favor gigantesco.

La tarde transcurrió entre atender mesas junto a Leidy y correr a la cocina a preparar los pedidos para luego enviarlos a cada mesa con ella.

                                     ∆

Definitivamente un día de estos voy a morir de cansancio por trabajar en este sitio, los días en los que quisiera que llegara tanto trabajo para no pensar nada y poder llegar a casa durmiendo son los días más flojos, pero hoy que pedí fuera un día tranquilo, es uno de los días más movidos que hemos tenido.

El dolor de cabeza y el cansancio me están matando lentamente, y Gustavo junto a los gritos de Carmen no me están ayudando en nada.

—¡Emma, ven rápido! .— Grita Leidy desde la barra, fui de inmediato pensando que había sucedido algo, pero al llegar, la veo pintando sus uñas de un rosa pastel —¿Puedes ayudarme? Acaba de llegar una mesa pero no puedo atenderla, me voy a estropear las uñas... Juro que te debo una, plisss.

—Dame tu comandera, deje la mía en la cocina, quiero salir rapido de aquí —agarre un lapicero de la caja—  me ayudarás a limpiar la cocina hoy antes de salir, no hay excepciones.

Me acerque rápido a atender la última mesa de la noche, quería salir corriendo de aquí lo más pronto posible.

La próxima vez, pediría el día libre sin importar si me lo descontaban o no, pero no volvería a trabajar con resaca.

—Buenas noches, mi nombre es Emma y seré su mesera la noche de hoy, aquí tienen el menú, ¿Que les gustaría pedir?.— Dije mientras me colocaba al lado de un grupo de tres chicos y una chica.

Todos, excepto uno de los chicos vieron el menú y pidieron sus comidas, jugos y postres, adoraba cuando los clientes pedían todo de una vez, me ahorraba mucho tiempo y podía terminar de organizar sin tener que ensuciar más cosas luego porque cambiarían de opción.

Observé al último chico, esperando su respuesta para poder irme a la cocina a preparar todo.

Era bastante atractivo a simple vista, y fácilmente podría ser el prototipo ideal de cualquier chica, su cabello oscuro se veía desordenado un poco lacio ondulado, pero no descuidado, era de contextura delgada, alto, de tez blanca.

En sus brazos se marcaban muchas de sus venas, algo que a mí en lo personal me resultaba muy atractivo.

Pero no era solo eso lo que llamaba mí atención, sus ojos eran una sutil mezcla entre esmeralda y azul, que lucían mucho más claros gracias a la camiseta blanca que llevaba.

No me di cuenta que me había quedado mirando al chico, hasta que sentí un pellizco en mi brazo y vi a Leidy de pie junto a mi.

—Disimula un poco que te gustó el chico o pídele el número y deja de mirarlo— Comencé a sentir el calor en mis mejillas mientras el chico me miraba con una sonrisa.

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Notita de la autora: Holiii, Este oficialmente es mi segundo capítulo. Espero que les esté gustando como va la historia le pongo mucho amor y ánimo a este lindo proyecto, espero les guste, voten por el, y dejen sus comentarios para saber que les está gustando el libro...

Nos vemos en el siguiente capítulo...

Love Yourself, Emma.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora