Podía soportar el dolor, pues durante años le enseñaron a aguantar físicamente cualquier tortura; no había llegado a ser ejecutivo de Port Mafia por nada. Claro que su cuerpo tenía un límite, y por mucho que se hiciera a la idea de ser fuerte y no ceder a nada, la inconsciencia era el mejor estado en que su maltratado cuerpo podía entrar, una vez agotado. Chuuya no volvió a pasar por el trauma en carne propia del que Pavel fue partícipe. Se dedicó a ejercitarse, a aprender técnicas de combate que le hicieran incrementar su tolerancia y rendimiento físico. Luego de cuatro años, no habían sido capaces de lastimarlo al punto de casi llevarlo a la locura, tal cual lo había hecho él.
Lo que sí empeoró fue el ruido.
Aquel que Arahabaki creaba en su interior con el único objetivo de nublar su mente, de acorralarlo y hacerle perder el control. Los primeros meses no le tomó importancia; en cierta medida, lo atribuyó a que estaba muy dañado emocionalmente como para mantener su coraza ante el dios de la calamidad. Porque Nakahara Chuuya no era así de irascible sin causa aparente. El mafioso se repetía a diario que, de no mantenerse fuerte ante todo, la destrucción le consumiría y no podría hacer algo al respecto. Eso le llevó a ganarse una imagen dura como ya la conocía todo el mundo.
Él no quería eso, realmente. Deseaba mostrarse más positivo, sereno, cariñoso incluso; pero el solo bajar la guardia un poco era un riesgo muy grande. Lo supo el día en que el ruido en su interior parecía no detenerse e incrementar.
Tal cual ese momento.
Perdió la cuenta de las veces en que Arahabaki le atormentaba tan agresivamente.
Era consciente de dónde estaba, quienes le rodeaban. Incluso, no se detuvo a analizar qué hacían Atsushi y Akutagawa en su oficina, solo pudo cubrir sus oídos, con la esperanza de que todo a su alrededor quedara en silencio al fin. Estaba desesperado, enojado... asustado.
En verdad estaba asustado. La voz en su cabeza era demasiado violenta para su mente. Podía percibir toda la intención de terminar con su vida, de doblegarlo. Fue capaz de ver su propia muerte; y entonces, entró en pánico. Él no quería morir.
Trató de levantarse, necesitaba salir de allí, tenía que llegar al exterior y huir. La increíble necesidad de salir corriendo sin rumbo fijo le embargó. La habitación le pareció entonces demasiado pequeña, y pensó que la gente que buscaba ayudarlo solo le estaba robando el poco oxígeno que ventilaba el lugar.
Se sintió oprimido. Iba a morir, seguro moriría frente a ellos. Pero él no estaba dispuesto a eso. No, él solo necesitaba espacio, solo tenía que escapar.
Tropezó en cuanto se puso de pie. Los brazos de alguien le detuvieron de chocar contra el suelo.
—Chuuya-san... —miró hacia arriba, notó el cabello blanco y unos asustados ojos color violeta.
"¿Quién eres tú?".
Quiso preguntar. Acaba de visualizar su nombre, pero en un segundo lo había olvidado. ¿Dónde se supone que estaba?
—... D-Deten...te —murmuró—. No... No puedo hacerlo. N-No debo hacerlo — Atsushi no comprendió a qué se refería—. Por favor-
—Trae los medicamentos del cajón de su escritorio —apresuró Alek a Akutagawa. El pelinegro se movió lo más rápido que pudo, hurgando en el sitio mencionado—. Dámelos rápido.
—¿Qué son? —preguntó Dazai con voz temblorosa.
—Tómalos, Chuuya.
El ruso se escuchaba más calmado que el detective, por lo que este intuyó que el mayor había hecho aquello en más de una ocasión; eso le preocupó más.
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DARKNESS MY SORROW |SOUKOKU
FanfictionYokohama recibe la visita de un fuerte prospecto a negociante con Port Mafia. Mori, consciente de que aquel hombre tiene un interesante secreto detrás de su fortuna, decide enviar al Soukoku en una misión especial. Una en la que Chuuya tendrá un alt...
