Chuuya no sentía algún cariño en especial por los adolescentes; de hecho, le parecían insoportables. Todo el tiempo se quejaban de no ser comprendidos por los mayores, o buscaban la manera de ganar un poder que simplemente no deberían otorgarles por la simple razón de no estar preparados para ello. Odiaba que les vendieran la idea de que podían con el mundo. Eran solo niños adentrándose a la vida adulta, no le encontraba razón a obligarles a creer que el mundo podía comerse de un bocado. Sin embargo, no dudaba que existían quienes iban adelantados a su edad por varias circunstancias en la vida. Él era un claro ejemplo, al igual que Dazai.
Impulsados a llevar un ritmo muy acelerado, ambos se perdieron de cometer errores que no les costara la vida. No pudieron disfrutar de una adolescencia sana, tampoco de ser infantiles —aunque una que otra vez se dieron el lujo—, pues crecer en la mafia era demasiado cruel para cualquiera. Tal vez por eso es que buscaba las oportunidades para inmiscuirse en la vida de alguno de los más jóvenes. Pensaba en que, si él llevó una adolescencia demasiado dura, no tendría por qué ser de la misma forma con los demás.
Así fue como comenzó a visitar más a Kyouka. Solía llevarla a sitios que estuvieran dentro de los límites para la chica pues su habilidad y mal historial, no les permitían entrar a ciertas zonas de la ciudad. Aquello no detuvo a Chuuya. Y con toda la intención de hacerle pasar un buen rato, le mostró el Mall más grande de la ciudad, la llevó a comer al mejor restaurante y le compró ropa que jamás le llegó a ver puesta. Intentó acercarse a ella lo suficiente como para que no se sintiera sola; pues, aunque estuviera bajo la tutela de Ozaki Kouyou, sabía lo que era sentirse solo una herramienta más. Pero entonces, sus responsabilidades aumentaron, y con ello, tuvo que distanciarse de la joven justo en el momento en que más perdida estaba. Cuando regresó a Yokohama, luego de una larga misión en Francia, supo que había desertado y que ahora pertenecía a la ADA. Una vez más, la gente que amaba se iba de su lado. Una vez más, se alejaban de él con el propósito de mejorar, mientras él se quedaba en el mismo sitio, hundido en las sombras.
Enfocó la vista al frente. La carretera se extendió demasiado larga para su gusto.
—¿Se sintió solo? —escuchó al rubio a su lado. Cierto, no iba solo.
—¿De qué hablas?
—Cuando Kyouka-chan se fue —siguió el otro. Chuuya lo miró extrañado. La coincidencia era muy alta—. Ella nos ha contado que eran cercanos. Así que supuse que cuando se fue, usted se sintió solo.
Por poco y suelta el volante al darse cuenta de que el chico era más observador de lo que debería. Entonces se planteó si debería abrirse ante un completo desconocido. Kenji pertenecía al bando enemigo, después de todo, y cada palabra que saliera de él podría ser usada en su contra en algún momento.
¿Qué tan mezquinos serían los de la agencia si llegaran a aprovecharse de tal situación?
Dudó antes de mirar de reojo al joven. Kenji le sonrió, esperando cualquier cosa que pudiera venir del otro porque si, él admiraba a Nakahara Chuuya.
—No creí que fuera de las que hablan de más —soltó sin una pizca de rencor o reproche. Kenji le sonrió para animarle a continuar—. Pero si, resentí bastante la partida de Kyouka.
—Nos dijo que le compró un vestido muy lindo, antes de que saliera a la misión dónde se encontró con Atsushi. Ella estaba triste porque no pudo ponérselo ni una sola vez.
Chuuya rio ante la información. Es que siempre le pareció exagerado por parte de la niña que se rehusara a usar ropa que no fueran los kimonos que su Ane-san le confeccionaba. Incluso, llegó a reprocharle a la mayor el por qué no le dejaba usar la ropa que él le compraba.
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DARKNESS MY SORROW |SOUKOKU
FanfictionYokohama recibe la visita de un fuerte prospecto a negociante con Port Mafia. Mori, consciente de que aquel hombre tiene un interesante secreto detrás de su fortuna, decide enviar al Soukoku en una misión especial. Una en la que Chuuya tendrá un alt...
