Hwang Hyunjin, un hombre de treinta y ocho años, se encontraba atrapado en un matrimonio que había caído en la rutina y la monotonía. Las constantes peleas lo estaban agotando. Por otro lado, Yang Jeongin, un joven de dieciocho años, estaba comenzan...
El corazón de Jeongin latía a mil por hora mientras corría, sus piernas se sentían como plomo. Los hombres que lo perseguían estaban a punto de alcanzarlo, y sabía que le darían una paliza si lo atrapaban.
Desesperado, se metió a un callejón, buscando un lugar donde esconderse. De repente, escuchó los gritos de sus perseguidores y, sin pensarlo dos veces, abrió la puerta de un local cercano. Adentro, vio a mujeres corriendo y arreglándose.
—¡Por fin llegas! —exclamó una mujer—. Si quieres conservar este trabajo, tienes que llegar temprano. En 15 minutos te toca.
Jeongin miró a la mujer confundido, pero antes de que pudiera decir algo, ella hizo señas a otras chicas, quienes lo jalaron.
Las chicas comenzaron a arreglar a Jeongin, quien intentaba protestar, pero no lo dejaban hablar.
—¡Apúrate a ponerte esto! —dijo la mujer, entregándole una lencería—. La jefa está muy molesta porque llegaste tarde.
Jeongin negó rápidamente la cabeza. —¡Pero yo no trabajo aquí! —dijo asustado.
—¡Si no quieres tener problemas con la jefa, es mejor que te apures! —advirtió la mujer—. Te digo que no es una persona muy decente cuando está enojada.
Lo último que quería Jeongin era tener más problemas, así que comenzó a vestirse.
—¡Te toca! —dijo una chica, jalándolo de nuevo—. Ten ponte esto.
Le entregó un antifaz, que Jeongin se puso de inmediato. Luego, la chica lo empujó al escenario.
Jeongin se quedó petrificado al ver a muchos hombres enfrente de él, gritando y agitando dinero en el aire. Iba a salir corriendo cuando vio a aquellos hombres de gran aspecto que lo estaban buscando. Sin otra opción, comenzó a mover sus caderas y a bailar sensualmente, haciendo que los hombres se pararan emocionados y comenzaran a gritar y silbar.
Hyunjin no podía dejar de mirar al chico de antifaz. Era increíblemente sexy.
—¿Te gusta el chico? —preguntó Chris a su mejor amigo—. Puedo pedirlo para ti...
—Es muy sexy... pero no estoy seguro, Chris. No quiero hacer lo mismo que Felix —respondió Hyunjin, confundido. Ni siquiera había querido ir al bar, pero Chris lo había convencido cuando le contó sus sospechas.
—Vamos, Hyunjin. Si te engañó, págale con la misma moneda —insistió Chris. Hyunjin sabía que estaba mal, ya que solo eran sospechas, pero aquel chico era tan increíblemente sexy.
Joder...
—Está bien, consíguelo para mí, pero si no es él, no quiero a otro —dijo Hyunjin. Chan asintió y se fue a conseguirle al chico a su mejor amigo.
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