Extra II (Changlix)

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Un año y medio después

La mansión Lee estaba iluminada como pocas veces. Las luces colgaban de los árboles del jardín, las mesas estaban dispersas, y los sirvientes iban y venían acomodando los últimos detalles de lo que, para todos, sería una noche perfecta.

Menos para él.

Changbin se escabulló por la entrada de servicio. Conocía cada rincón de esa casa, cada pasillo, cada grieta en las paredes. Sabía perfectamente dónde encontrarlo. Sus pasos fueron silenciosos, pero su corazón no.

El cuarto estaba entreabierto. Dentro, Félix estaba de espaldas, sentado frente al espejo. Su reflejo mostraba un rostro sereno, pero sus manos temblaban levemente mientras ajustaba los gemelos de su saco blanco.

—Pensé que ya no volverías —dijo sin girarse.

Changbin tragó saliva. No esperaba que supiera que él estaba ahí. Dio un paso al frente, cerrando la puerta tras de sí.

—¿Es verdad? —preguntó en voz baja—. ¿Te vas a casar?

Felix bajó las manos. Por un momento, solo se escuchó el murmullo de la fiesta afuera.

—No debería estar aquí —murmuró Félix, levantándose con lentitud.

—¿Por qué simplemente me dejaste de hablar? Me voy un tiempo con mi mamá—dijo Changbin, acercándose—. Y tú... tú estás a punto de hacer algo que no quieres.

Felix alzó la mirada, sus ojos brillaban, pero no por la emoción.

—No entiendes, no es tan simple...

—Entonces explícamelo. Porque sigo pensando en ti cada día desde que me fui. Porque te soñé mil veces. Porque volví, y lo único que hice fue buscarte —susurró Changbin con voz rota.

—Estoy embarazado —soltó de golpe Felix.

El silencio cayó por toda la habitación. Changbin lo miró con incredulidad, pero no retrocedió. Solo bajó la mirada a su vientre que estaba algo abultado y luego regresó a sus ojos.

—¿Y qué? No me importa. Huyamos. No quiero que te cases con alguien que no amas. No quiero que te sigas sacrificando por gente que solo quiere usarte, te amo Felix, tengo dinero podemos irnos y después yo trabajaré, cuidaré al bebé como si fuera mi hijo...

—Changbin... —Felix cerró los ojos, su cuerpo temblaba—. No puedo.

—Sí puedes —dijo, tomando su rostro con ambas manos—. Sólo di que sí.

Felix lo miró con lágrimas acumulándose. Hubo un momento de silencio, de duda... y luego, con un suspiro, asintió.

—Sí... sí, escapemos.

Changbin lo abrazó con fuerza, después de darle un fugaz beso, lleno de amor y de esperanza. Quería creer que esta vez nada los separaría,

—Te estaré esperando. Donde siempre, después podemos salir por la puerta de emergencia cerca de la cabaña, mi madre me regaló una motocicleta podemos irnos ahí.

Felix asintió mientras le daba otro corto beso y se limpiaba las lágrimas.

—No tardes —susurró Changbin con emoción.

Y luego Changbin se escabulló de nuevo entre las sombras, con la esperanza latiendo en su pecho.

La vieja cabaña detrás del invernadero seguía igual. Polvorienta, con los cristales rotos y el mismo piso de madera donde años atrás compartieron sus primeras caricias, y su amor lleno de promesas.

Necesidad (Hyunin) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora