14. Reunión ◉

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Hermione había estado en casa de sus padres, había pasado el domingo entre los Potter y los Weasley, había trabajado todo el lunes, siendo arrastrada por Ron y George a un pub al terminar la jornada, hoy trabajaría todo el día, pero mañana tenía la tarde libre. Quería aprovechar ese tiempo para comprar algunos regalos de última hora, pero antes tenía que reunirse con Snape.

Le había enviado una nota citándole a las dos de la tarde en el Caldero Chorreante. Había estado tentada de invitarle a comer, pero se lo había pensado mejor. Desde su última carta, en la que le había dicho que creía que el anillo era suyo, él había permanecido en silencio. Por supuesto, ella había escrito que él no tenía por qué responder, pero ¿desde cuándo al profesor Snape le importaba lo que la gente le dijera que hiciera? El hecho de que hubiera seguido sus instrucciones la hizo pensar que tal vez no vendría.

No, vendría. Él quería mucho el anillo, ¿verdad? Podría haber enviado una nota confirmando el encuentro. Eso facilitaría las cosas, y Hermione no tendría que pasar tanto tiempo pensando en ello.

A decir verdad, seguiría pensando en ello, en Snape. Era desconcertante, en realidad, porque la forma en que había estado pensando en él poco tenía que ver con la forma en que debía pensar en un ex profesor, un hombre, digamos, veinte años mayor que ella, un hombre muy complicado que insultaba y despreciaba primero, sin preocuparse nunca de nadie más que de sí mismo.

Ella quería creer que todas esas cosas importaban, pero cada vez que añadía el Anillo de Claddagh a la ecuación, se daba cuenta de que quizá no fueran tan importantes como siempre había creído. Hermione quería conocer a Snape, conocerlo de verdad.

¿Pero qué haría ella si él no apareciera mañana? ¿Iría tras él? No lo sabía, y había contemplado esas y otras ideas hasta que mañana se convirtió en hoy.

Había sido una noche nevada, y cuando salió del Ministerio para ir a comer al Caldero Chorreante, aún hacía frío, pero el tiempo era más acogedor. El pub era acogedor, y de hecho Hermione había conseguido una mesa para dos en una de las esquinas del local, lo que la mantenía alejada del grueso de los que venían y con más intimidad para encontrarse con Snape.

Se tomó su tiempo para comer; no quería tener demasiado tiempo de espera real. Había traído un libro para distraerse, pero aun así. Su mente no le dejaba prestar atención al libro tanto como a su comida.

Hermione bebió lo que quedaba de su chocolate caliente y le quedaban por lo menos veinte minutos de espera. Observó el movimiento de magos y brujas, familias enteras, entrando y saliendo del pub, yendo y viniendo del callejón Diagon, seguramente para las compras de última hora.

Mientras observaba, su mente vagaba hacia el hombre al que esperaba, tratando de imaginar cómo pasaría Snape la Navidad. ¿Visitaría a sus amigos? El profesor Snape con amigos era una imagen difícil de conjurar. ¿Pasaría la noche con su familia? ¿Tenía familia? Madre, padre, hermanos... tal vez un primo... esposa, hijos.... ¿Podría Snape estar casado? Seguramente no; ella lo sabría si lo estuviera, ¿verdad? Un hombre no podía ocultar una familia durante tanto tiempo.... Sin embargo, ¿qué sabía ella de Snape? Nada de nada.

Hermione pidió otra taza de chocolate caliente y abrió su libro. La adivinación no era lo suyo y, descartándola, no tenía forma de conocer las respuestas a sus curiosas dudas. Algunas se las podría dar Snape, si aparecía. Hasta entonces intentaría relajarse y leer, y así lo hizo.

Las dos y aún no había llegado. Las dos y cinco y ni rastro de Snape.

¿Cuándo había llegado tarde Snape a algo?

Dos minutos más y Hermione seguía sola en su mesa para dos.

No va a venir. Claro que no va a venir.

𝐸𝑙 𝑎𝑛𝑖𝑙𝑙𝑜 𝐶𝑙𝑎𝑑𝑑𝑎𝑔ℎ [𝑆𝑒𝑣𝑚𝑖𝑜𝑛𝑒]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora