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“Tenemos toda la noche por delante”, las palabras de Daniel se repitieron en mi mente, y no sé por qué me hicieron desconfiar, con Daniel nunca se sabe, no lo conocía tan bien para juzgarlo de todas formas.
Pero sí tenía de lo que desconfiar después de todo, sin más Daniel pasó un brazo por detrás de mis piernas y el otro por mi cintura y me levantó del sofá de un tirón, haciéndome agarrarme a su cuello con fuerza.
-¿Pero qué haces? -pregunté asombrada mientras comenzaba a caminar hacia un pasillo a la izquierda del salón, sorteando varias puertas hasta que me dejó sobre el suave colchón de una cama.
-¿Por qué me trajiste aquí? –no me respondió, un simple Sshh salió de sus labio y lo vi dar media vuelta y salir de la habitación.
Esta no era muy grande, la cama era King Size tendida con un edredón blanco hueso y almohadas blancas y rojas. Las ventanas estabas cerradas con cortinas de color vino lo que daba un aire muy íntimo al cuarto. Frente a la cama un televisor de varias pulgadas estaba empotrado a la pared, debajo de este un mueble de caoba con puertas totalmente cerradas. Lámparas de un bonito diseño a ambos lados de la cama sobre unas mesas con gavetas.
En ese momento Daniel volvió a entrar cargado de un pomo con agua, la bolsa de hielo, la toalla y su computadora con los papeles de apuntes asomando por los bordes debajo de la tapa.
-¿Es esta tu habitación?
-Todas las habitaciones son mías pero no, pensé que te sentirías más cómoda en una habitación distinta.
Tenía razón en eso.
-¿Para qué me trajiste aquí?
-Es obvio, aquí estarás más cómoda que en el sofá y podrás estirar las piernas y recostarte.
-Buenos tienes razón, mmm…gracias por preocuparte y por traer al doctor Hollander.
-No tiene importancia, puedo ser de ayuda cuando lo necesites aunque no sea tu amigo.
-Sí, aunque no seamos amigos.
Una punzada de decepción oprimió mi pecho, Daniel siempre dice que él y yo no somos amigos y yo siempre lo confirmo, pero todas las veces no puedo evitar sentir ese sentimiento.
-Todavía hay algo que vas a necesitar.
Salió una vez más de la habitación y escuché abrirse otra puerta del pasillo, al momento Daniel vuelve a entrar portando un artefacto extraño.
-¿Qué es eso?
-Esto –dijo mientras lo apoyaba a mi lado sobre el colchón. –es un soporte para ordenadores, también puede ajustarse.
-Vaya, si no lo dices no lo creo, ¿Tiene algún mecanismo?
-Si te recuestas puedo mostrártelo. –hice lo que dijo y me senté con las piernas estiradas sobre la cama en el lado derecho y la espalda apoyada en el espaldar sobre las suaves almohadas. Daniel comenzó a expandir el soporte hasta hacerlo parecer una bandeja para desayunos en la cama, así se lo hice saber y solo rió ligeramente sin parar su tarea. Luego desplazó unas piezas armables a los costados, colocó el portátil sobre el soporte y lo inclinó a mi altura.
-Vaya, esto es tan Cool, quiero uno para mis noches de lectura, mi cervical va a agradecérmelo eternamente.
-Vi fotos en Internet y llamó tanto mi atención que encargué uno, yo lo veo muy práctico.
-Sin duda lo es, está genial.
-Ahora ya podemos comenzar con el informe y esta vez espero que sin más trabas.
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Dan- Imbécil
Romance¿ Por qué Christine odió a Daniel desde la primera vez que lo vio, aún creyendo que era el chico más guapo que conocía? ¿Por qué que no dejaba de mirar sus labios cada vez que sonreía y sentía deseos de...? -¿Pero qué estás pensando? Daniel es un im...
