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En cuanto vió la silueta de la mujer sexy que entraba en el aparcamiento delante del Museo de Arte Asiático a lomos de una Ducati —una moto de un impecable color negro y cromo—, Daniela Calle supo quien era. María José Garzón, la mujer que había ido a entrevistar.
Una mujer famosa por su talento y sus conocimientos como dominante sexual en la escena del BDSM de Seattle.
No era la chaqueta negra de cuero lo que la delató ni tampoco su cuerpo imponente. Era esa actitud de intrepidez y de confianza en sí misma que tenía al detener la moto, dándole un último acelerón antes de apagar el motor.
Era la manera en que pasó la pierna por encima del brillante depósito y se quitaba el casco como un cowboy que estuviera desmontando de un semental.
Era el aura de poder que Daniela alcanzaba a sentir incluso a tantos metros de distancia, como si acabara de recibir un delicado golpe.
María José sin casco era aún mejor. Tenía el cabello largo oscuro, casi negro, que se le rizaba un poco y le caía como cascada en su espalda y hombros. Tenía un marcado perfil que podrían haberla tallado en mármol.
Daniela estaba junto al coche, con la puerta aún abierta y las llaves olvidadas en la mano. ¿Por
qué le latía el corazón con tanta fuerza? Sin embargo, no podía apartar la vista de los elegantes movimientos que hacía con sus manos mientras se quitaba los guantes de piel y abrochaba el casco al asiento de la moto.
No dejó de mirarla mientras ella levantaba la mirada y encontraba la suya. Eran unos ojos
verdes olivas, brillantes y penetrantes, cómplices. Sabía que le había estado mirando. Por primera vez en su vida adulta, Daniela se sentía completamente aturullada.
Ojalá se le calmara ya el pulso, ¡joder!
«Es una reunión profesional.»
Sí, pero al parecer eso no inhibía ni un ápice su respuesta a esta mujer. Tendría que recobrar la compostura antes de hablar con ella. Había acudido para aprender de ella, para investigar.
Jennifer, la sumisa con la que se había puesto en contacto por Internet y a la que había conocido una semana antes, le había dicho que con quien tenía que hablar era con María José; pero no le había advertido de lo increíblemente hermosa que era.
María José debería llevar un cartelito de advertencia.
Sonrió mostrando una hilera de dientes blancos que centelleaban; sus labios eran exuberantes —una excepción en su rostro de rasgos tan femeninos— y un toque de masculino, que la hacía lucir malvada.
A ella le gustaba ese aspecto malicioso.
Notó cómo le subía una oleada de calor por el vientre, como si fuera fuego líquido.
María José se le estaba acercando y a ella le temblaban las rodillas. Se acercó más y más hasta que llegó al otro lado del Audi sedán blanco.
—Me da la impresión de que eres la persona a la que vengo a ver.
Era una voz grave y profunda pero sorprendentemente melosa. Muy sexual.
No pudo hacer otra cosa que asentir.
María José esbozó una sonrisa al percatarse de su prolongado silencio.
—¿Daniela Calle? ¿Escritora de novelas eróticas?
—Sí…
¿Pero qué le pasaba? ¿No podía formar una frase coherente?
—Soy María José, pero puedes decirme Poché. ¿Entramos?
—¿Poché? ¿Qué? Ah, sí, claro.
Cerró la puerta del coche y pulsó el botón de bloqueo. Trató de pasar por alto ese calor que
la invadía por dentro. De repente, el abrigo de lana se le torno demasiado pesado, a pesar de la humedad habitual de Seattle en otoño.
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𝗘𝗹 𝗟𝗶𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗗𝗲𝗹 𝗣𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿
Fanfiction[Adaptación Caché] +21 ⚠️ Advertencias⚠️ •Mucho contenido sexual explícito •Habrá escenas que podría incluirse como prácticas de BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo) G!P •Esta historia NO es mía, es una ADAPTACIÓN...
