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Poc Poché
Dejo que su peso encorve las sujeciones, desato una esposa, luego la otra, y la recogo cuando ella cae en mis brazos. La levanto y la llevo hasta el sofá que está en el rincón de la zona de juegos y la abrigo con una manta, me siento y la pongo en mi regazo. Me inclino, cojo una botella de agua que había dejado allí antes y se la pongo encima de su boca roja y suave.
—Bebe, Dani.
Ella lo hace, abriendo los labios mientras le sostengo la botella. Cuando ha terminado, la vuelvo a dejar en el suelo.
Daniela tiene los ojos nublados, brillantes. Tiene las mejillas sonrosadas. Miro sus manos para comprobar la circulación: parece estar bien.
—¿Estás conmigo, Dani?
—Sí, estoy aquí — dice ella, casi como una niña, como si se preguntara si no la puedo ver, ni notarla en mi regazo.
Suelto una risilla suave.
—Oh, estás tan lejos en el subespacio. Pero me encanta verte así. ¿Estás preparada para que ahora te folle, mi chica? Porque no puedo esperar. Joder, estoy tan dura por ti.
—Sí. Por favor...
Está enajenada, en las profundidades del subespacio. Puedo notar la necesidad
irradiando en su piel, en olas de puro calor. Derretida. Y, cuando deslizo la mano por debajo de la manta suave, la encuentro empapada. Todavía. De nuevo.
—Oh, Poché, por favor... Ahora — gruñe ella.
Me levanto con ella en mis brazos y voy hasta las alcobas con cortinas de las paredes exteriores del club. Una vez allí, la tumbo en la mesa alta y acolchada, le quito la manta, que queda bajo su cuerpo y me quedo de pie contemplando el esplendor de su cuerpo desnudo.
Excitado. Ruborizado. Agotado. No lo suficiente. Todavía no.
Me saco las botas de un puntapié, después los vaqueros, me quito la camiseta por encima
de la cabeza y me enfundo un preservativo en la polla dura y dolorida. Me encaramo a la mesa y me arrodillo entre los muslos de Daniela.
Ella tiene el sexo rosa, brillante. Me inclino para saborearla. Es dulce y salada porque noto plenamente en mi lengua el sabor de su orgasmo.
La lamo, pasando la lengua por todo su
hendidura y después, deslizándola entre esos labios sensuales y metiéndola dentro.
—Oh... Dios, Poché.
Tengo la polla punzante, dolorida. Pero no puedo parar de excitarme, de excitarla. Meto la lengua más adentro y Daniela jadea y gime fuerte. Y, cuando utilizo los dedos para separar los labios de su sexo, masajeándolos, ella se retuerce, arqueando las caderas por encima de la mesa.
Me aparto. Tengo que ver su cara, el resplandor de sus mejillas, sus preciosos labios rojos, separados de modo que puedo ver la punta de su lengua rosa descansando en sus dientes. Es tan inmensamente excitante por motivos que no puedo explicar.
El miembro me salta, con el preservativo apretándome. No lo puedo soportar mas.
Miro su cara mientras meto dos dedos dentro de ella. Pestañea y se le oscurecen las mejillas.
—Poché... Necesito... volverme a correr.
—Sí. Pero esta vez te hará correr mi polla. Te correrás conmigo dentro.
—Sí. Date prisa, Poché.
Oh, sí, me daré de prisa. No puedo esperar ni un maldito segundo más.
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𝗘𝗹 𝗟𝗶𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗗𝗲𝗹 𝗣𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿
Fanfiction[Adaptación Caché] +21 ⚠️ Advertencias⚠️ •Mucho contenido sexual explícito •Habrá escenas que podría incluirse como prácticas de BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo) G!P •Esta historia NO es mía, es una ADAPTACIÓN...
