María José estaba sentada a la mesa de roble de su despacho, mirando la pantalla del ordenador.
Llevaba desde primera hora de la mañana queriendo escribir algo, tratando de organizar el trabajo que tenía entre manos y darle algo de coherencia, pero se le iba la cabeza.
Se inclinó hacia delante y trato de leer la página que acababa de escribir, pero se le juntaban las palabras. Apenas había dormido. Se había despertado a las cinco con los ojos somnolientos y enrojecidos. Hacía días que no dormía bien. Había intentado volver a dormir por la mañana, pero después de estar ahí tumbada en la cama, pensando en Daniela durante una hora, se había levantado, se había duchado y había vuelto a llegar al orgasmo bajo el chorro de agua caliente. Se notaba el pene erecto, duro. Esto era cada vez más ridículo. Desde que había conocido a la castaña se había masturbado cada día, varias veces al día. Y había empeorado desde que mantuvo la conversación telefónica de la noche anterior.
Era demasiado excitante hablar con la castaña sobre sus deseos. Igual que lo fue oír la rabia en su voz e imaginarse cómo se las apañaría para aplacarla. Había tenido erecciones nocturnas constantes, como si estuviera en un anuncio de Viagra maquiavélico. Joder, Daniela era como una especie de diablesa que también invadía sus sueños y demasiados despertares también. No veía el momento de ponerle las manos encima. De acabar con esas peleas y apagarle la rabia que llevaba dentro.
Atarla.
Azotarla.
«Oh, sí.»
El pene se le empinó de solo pensarlo.
Tenía que controlarse.
Tenía que controlarla a ella también.
Gimió.
«Necesito verla.»
¿Por qué luchaba contra esa sensación? Cuando quería algo, lo hacía y listo. ¿Por qué debería ser eso distinto? Quizá porque verla antes de la fecha convenida iba contra su protocolo habitual. Alteraba el patrón de la relación dominante/sumiso, por muy casual que fuera la conexión. Y a Poché, esto no se le antojaba muy casual. Joder. La llamaría. No pasaba nada por sorprenderla, de todos modos. Y revolucionarla un poco.
Sintiéndose que controlaba más la situación, cogió el teléfono móvil y marcó su número.
Notó su respiración al otro lado del teléfono al descolgar.
—¿Poché?
Esa encantadora voz entrecortada.
—Daniela. ¿Qué tal va la mañana?
—Son las ocho.
—Exacto.
—¿Siempre llamas a la gente tan temprano?
—¿Estabas durmiendo?
—No, pero… da igual.
—Quiero verte, Daniela. —No le importaba el tono algo hosco de su voz. Cogió un bolígrafo,
le dio unos golpecitos en el borde del escritorio y al darse cuenta de lo que estaba haciendo, paró en seco.
—¿Quieres verme ahora?
«Sí.»
—Esta noche.
Hizo clic en la parte superior del bolígrafo y dejó que el trocito de metal se le hincara en el pulgar, a la espera de su respuesta.
—¿Por qué esta noche?
Se le resbaló el bolígrafo de las manos pero al agacharse a recogerlo, este cayó al suelo
haciendo ruido.
«Mierda.»
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𝗘𝗹 𝗟𝗶𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗗𝗲𝗹 𝗣𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿
Fanfiction[Adaptación Caché] +21 ⚠️ Advertencias⚠️ •Mucho contenido sexual explícito •Habrá escenas que podría incluirse como prácticas de BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo) G!P •Esta historia NO es mía, es una ADAPTACIÓN...
