CAPÍTULO 15

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Pov Daniela

Abrí los ojos. La luz del sol se filtraba a través de los postigos de los listones de las ventanas, con los rayos capturando motas de polvo. Eché una ojeada al reloj y me sorprendió al descubrir que había dormido hasta prácticamente mediodía.
Poché todavía seguía durmiendo a mi lado, tumbada sobre su estómago, con los mechones de su cabello regados por la almohada. Su espalda firme expuesta porque las sábanas las tenía arrugadas alrededor de la cintura. La simple visión de esa piel fina me provocaba ganas de tocarla y el deseo renaciendo en mi cuerpo. Pero necesitaba un poco de tiempo para aclarar las ideas. Porque está condenadamente claro que este momento no tenía las ideas claras.

Me resulta curioso que Poché también utilizara sábanas blancas como yo. La mayoría de mis ex parejas sexuales preferían más oscuras. Pero Poché no era una persona corriente en muchos aspectos. Quizá la pureza de la ropa blanca la atrae tanto como a mí. Tenemos más cosas en común de las que había pensado al principio.

Ambas somos escritoras pero, por algún motivo, no esperaba encontrar nada más. Ahora no sé el motivo.Ambas somos, sexualmente hablando, abiertas, liberales. Parecemos estar de acuerdo en tantos temas.

Parecemos sintonizar al máximo. O quizá me estoy volviendo a comportar de forma exageradamente romántica.

Pero está claro que, definitivamente, algo había ocurrido entre nosotras la noche anterior . Algo intenso. Quizá ella también lo había notado. Recuerdo vagamente los detalles de lo que había sucedido, pero si una cosa recordaba con absoluta nitidez era la mirada en sus ojos. Conexión. Asombro. También lo había notado. Aquella parte —todo lo que había sentido, todavía siento — quemaba a través de la niebla que era el subespacio en la que había estado la
noche anterior. En el que, quizá, todavía estoy esta mañana. Tengo miedo. Quiero escapar de nuevo.

«Cálmate. Intenta analizar todo esto de forma racional.»

Pero no me siento racional para nada. Quiero llorar. Es tan poco propio de mí, estoy asombrada por sentir esta necesidad. No soy una chica que llora con facilidad. No soy sentimental. Pero, tal y como le había confesado a Lucía, mis experiencias con Poché me estan abriendo. Quizá, simplemente, el motivo es Poché.

«Poché

Me vuelvo para mirarla. Tiene la cara enterrada en una de las grandes almohadas, pero puedo
ver su perfecto perfil, su mejilla rosada y sus labios entreabiertos. El pelo lo tiene alborotado, con esos rizos negros teñidos de azul por la luz. Se le ve tan serena. Jamás la había visto así. Pero, incluso en este momento, irradia poder, quizá, simplemente, por su aire dominante, y eso me encanta—de un modo realmente infantil—, el hecho de que me empequeñezca, de que me hiciera sentir pequeña y frágil como si me pudiera aplastar si quisiera.

Dios, ¿de verdad estoy pensando todo aquello? ¿Qué había ocurrido con la mujer independiente que me había jactado de ser durante toda mi vida adulta? Mierda, desde que tenía diez años y mi madre había perdido la cabeza, dejando que me ocupara de nuestra pequeña familia, siempre había sido la que lo controlaba todo, la que se ocupaba de todo. Así fue mi vida. Así soy yo. Y ahora esta mujer hace que me cuestione todo.

La respiración se me queda atrapada en la garganta, con un sollozo intentando escapar.
Me muerdo el labio, reprimiendo el llanto.

«Cálmate. Todo va estár bien.»

Cierro la mano alrededor de la punta del edredón de color rojo vino, obligándome a respirar con normalidad.

«Estás bien, puedes hacerlo»

Mi comportamiento irracional. Solo es por la intensidad de la noche que había pasado con Poché, eso es todo. Nos conocemos desde hace solo dos semanas. ¿Qué sé realmente acerca
de ella?

𝗘𝗹 𝗟𝗶𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗗𝗲𝗹 𝗣𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿Donde viven las historias. Descúbrelo ahora