capítulo 8

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NARRA JONATHAN

Mis amigos y yo nos quedamos con la boca abierta, a Andy le temblaba el labio inferior, a Hannibal, pues él solo no siguió comiendo de su helado de chocolate y yo no me podía mover. Lo que ellos habían dicho era muy fuerte. Viendo de un punto en especial, solo era fuerte para Hannibal y Andy, ellos no tenían padres y había una gran posibilidad de que los señores que teníamos en frente fuesen sus progenitores. Pero en ello también habían preguntas tales como:

¿Por qué los abandonaron y luego llorar por ello? ¿Por qué tanta casualidad? ¿Por qué los buscaban si ellos mismo los habían abandonado en la iglesia donde fueron criados?

—Expliquese mejor, señora Wetmore, no entiendo nada en absoluto —pidió Andy, mientras que su labio seguía moviéndose inconsciente.

Cuando la señora que se hacía llamar Andrea cayó en los brazos del otro señor que según tenía por nombre Jack, todos nos asustamos, queriendo salir corriendo por la incomodidad que, al menos a mí, me estaba consumiendo.

—¿Esta bien? —pregunté al Jack.

—Si, tranquilos, le suele pasar a veces —contetó como si un desmayo no tuviera alguna importancia.

—Yo voy a contarles el porque Andrea dijo eso, solo espero que me presten toda su atención para que no tenga que repetir algo que me duele.

Yo trataré de usar las misma palabras que el usó para explicarnos el porque habían dejado a sus hijos abandonado. La historia más o menos comenzó así:

"Yo tan solo tenía 17 años estaba tranquilo, haciendo mis tareas en mi cuarto, las últimas para recibirme como enfermero e ir a trabajar al hospital privado que tenía mi papá.

—Joven Stonte —dijo una de las muchachas del servicio doméstico—, lo busca la señorita Andrea.

—Dile que pase acá, por favor —ordené.

Continúe haciendo las tareas que eran muchas, ya que eran las finales y decisivas, hasta que llegó Andrea casi corriendo a mí y golpeó mi mejilla con tanta fuerza que hizo que mi cara girará a otro lado.

—¡Ves, yo te dije con usaríamos el maldito condón! —exclamó más que alterada—. Mi padre me corrió de la casa porque estoy embarazada y mi mamá no pude hacer nada.

—¿Es cierto eso? —pregunté, olvidando la cantidad excesiva de tareas que tenía pendiente.

—¡Si! —gritó, tirando una hoja que decía positivo en letras grandes y una prueba de embarazo de orina—. ¿Quieres más pruebas? ¿Qué piensas hacer?

No pude evitar la emoción y la adrenalina que transitaba mis venas, así que me levanté de mi asiento la tomé de la cintura, la cargué y le di vueltas. Luego me arrodillé ante ella y besé su vientre, todo eso ocurría mientras ella se quejaba y preguntaba por el futuro de nuestro hijo.

—No me pudiste hacer más feliz —No pude evitar derramar una lágrima de la emoción que sentía.

—Solo tenemos 17 años, ¿qué vamos a hacer con ese niño? Ni siquiera tenemos la mayoría de edad para casarnos —dijo Andra, casi llorando.

Yo seguía arrodillado ante ella, la tomé de la mano y la mire a los ojos, esos ojos verde que me habían hecho perder la cabeza esa noche que ambos perdimos la virginidad y dije:

—Sé que un papel no importa para criar un hijo, también sé que un papel no afectará el amor que te tengo, pero sé que para ti y para tu familia es importante. Lo haré: Andrea Wetmore, ¿aceptas casarte conmigo?

Andrea sonrió, mostrando sus dientes perfectos, con un colmillo de más que adoraba si sonrisas.

—Jack, eres mi hombre perfecto, eres detallista. Acepto casarme contigo. Pero, ¿cómo vamos a mantener a nuestro hijo?

Un Amor Perdido (En Edición Extrema)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora