II

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EL REGRESO DE LOS TRAIDORES


ADMIRE A MIS ACOMPAÑANTES APRECIAR SUS REFLEJOS en el espejo de mi hogar, juntas probando algunas coronas y tiaras que había robado antes de mi partida de Auradon, el único recuerdo que pude traer para ellas.

— ¿Así que el Rey Benjamin está en una relación con la traidora?.

Asentí con un movimiento de cabeza volviendo mi mirada a la isla, observando a todos desde las alturas, unos villanos estaban robando una tienda a unos cuantos callejones de distancia.

— Quién lo diría, ella logró conquistar el corazón de un príncipe. — Ophelia soltó incrédula. — Pensé que Evie sería la primera en conseguir un trono donde posar su trasero.

— Pensaba lo mismo. — Geraldine siguió admirando su reflejo. — Benjamin debería encontrar a otra persona ¿no creen?.

— Otra persona. — repetí con humor. — ¿Quien? ¿Alguien como tú?.

— Por supuesto, tengo un buen corazón, modales, increíble gusto por la moda y sin mencionar mi belleza. — sonrió a sí misma. — Seríamos perfectos juntos.

— Lastima que su corazón tiene dueña.

Geraldine me miró disgustada, se sentó junto a mi recostando su cabeza en mi regazo, juntas viendo a Auradon desde mi hogar.

— Ella lo hechizó ¿cómo puede confiar en ella?.

— Tal vez Mal no necesitaba hechizar al príncipe. — respondió Ophelia.

— Cierto, tal vez ya tenía su corazón antes de eso.

La pelinegra cruzó los brazos enojada, pero su rostro fue distorsionado por la confusión, se irguió en su lugar viendo entre los callejones con más interés.

— Reconocería esa horrorosa cabellera rubia donde fuera.

Señaló una chica en motocicleta, extraño ver ese tipo de tecnología en una isla con tantas carencias, me erguí también para ver mejor lo que estaba ocurriendo.

— ¿Es Mal?. — Ophelia corrió para unirse a nosotras.

— ¿Qué hace ella aquí?.

— Ser una idiota.

Nadie quería a la villana traidora, estuvo a solo un Bibidi babidi bu de liberar a todos de este sufrimiento tras la barrera, pero no lo había hecho, su corazón había sido ablandado, tanto como para traicionar a su pueblo.

— ¿A dónde creen que vaya?.

— A su guarida. — adivine. — Debemos seguir sus pasos, Uma pondrá precio por su cabeza en cuanto un pirata la vea rondar por ahí.

— Deberías permitir que lo haga. — Geraldine encogió sus hombros. — Lo merece.

— Y aún así, estará metida en problemas.

— Que no son nuestros problemas.

Tenían razón, lo sabía, así que nos limitamos a seguir viendo como rondaba por las calles, seguía teniendo su actitud altanera, ella acabó en Rizos y Cortes, Lady Tremaine.

— Al menos Dizzy hará milagros en ese rubio espantoso. — murmuró Geraldine.

Antes de lo esperado pudimos ver a Harry Hook salir de la peluquería con una sonrisa astuta, él iría con la nueva noticia a su líder, decidimos unirnos a la diversión, fuimos a la taberna de Gastón, donde todos bailaban y cantaban en francés, nos encontramos con un danzante Gil, emocionado por una noticia, nos interpusimos en su camino.

— Hermanito. — Geraldine lo rodeó con su brazo. — ¿Qué es lo que te tiene tan contento?.

Gil sonrió ingenuo.

— Logré conseguir información para Uma. — se acercó para bajar la voz. — Una muy buena información.

Nosotras también nos acercamos para susurrar con él.

— ¿Qué información, Gil?. — pregunté tocando su hombro con delicadeza.

Él negó con la cabeza rápidamente, Geraldine abrazó más de cerca a su hermano menor, que nos miró con sospechas.

— Vamos, no será acerca de cierta traidora ¿no?.

El tapó su boca con ambas manos sorprendido.

— ¿Lo saben? ¿El regreso de los traidores?.

Mi boca se abrió con sorpresa.

— ¿Los traidores?. — repitió Geraldine. — ¿En plural?.

— Incluyendo al príncipe Ben. — agregó aplaudiendo. — Uma lograra su venganza.

Geraldine dio un paso atrás impactada, no era difícil adivinar el motivo de su visita a la Isla de los Perdidos, estaba buscando a su novia, lo que terminaba de confirmar mis sospechas, Mal había huido de Auradon, el príncipe Ben ahora estaba aquí y corría peligro con una banda de piratas tras él.

Por la mueca de Geraldine supuse que ella acababa de llegar a la misma conclusión que yo.

— Gracias por compartir esto con nosotras, hermanito. — dejó un beso en su mejilla. — ¿Nos vemos en la cena?.

Él asintió marchándose contento.

— Si logran capturar al príncipe, intentarán hacer un trato con Mal.

— Debemos conseguir un bando que nos beneficie a nosotras. — comentó Ophelia. — Si ayudamos a Mal podríamos conseguir que el príncipe nos lleve a su reino, ya saben, por un acto con bondad.

— Tienes un buen punto, pero no podemos dejar al resto aquí.

— Tú más que nadie necesita salir de aquí, Cass. — señaló mi pecho, el sitió donde descansaba el óvalo. — No te puedes preocupar por el resto.

— Pero lo hago, O.

Me detuve un segundo para pensar, Ophelia tenía razón, cada luna llena me estaba acabando lentamente, debía encontrar una manera de salir, Rapunzel no lograba convencer a la Bestia que yo era inofensiva, el príncipe Benjamin estaba tan ocupado gobernando que olvidó a todas las personas de la isla que esperaban una oportunidad como la que tuvieron los demás. Era claro el panorama frente a ella, si las personas que tenían el poder para liberarlos no lo harían, ellos mismos debían tomar el asunto en sus manos.

— Muy bien, este es el plan que haremos.

Sacarían a todos de la Isla de los Perdidos, pero primero, harían el mejor espectáculo de bondad que sus fríos corazones podían realizar.

𝐌𝐨𝐨𝐧𝐥𝐢𝐠𝐡𝐭 | 𝒅𝒆𝒔𝒄𝒆𝒏𝒅𝒂𝒏𝒕𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora