IV: Bondad

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FUI LA PRIMERA EN PRESENTARSE EN LA CLASE DE BONDAD y no precisamente porque quisiera aprender a ser buena persona, esa mañana me desperté muy temprano teniendo problemas para respirar después de una pesadilla.

En ella veía mi cuerpo mutilado por una de mis propias piedras de luna, mi abdomen atravesado por la oscura roca afilada, sin poder controlar mis poderes, sin ayuda de nadie, sola y muerta.

Al despertar, el óvalo titilaba en mi pecho al ritmo acelerado de mi corazón, permanecí despierta el resto de la noche escuchando los pequeños ronquidos de Jordan en la cama junto a mí.

— Cassandra, ¿quieres decirme la respuesta? — pidió el Hada madrina amablemente.

No había prestado atención a nada de la clase, estaba reviviendo el sueño una y otra vez desde que desperté.

Observé en la pizarra todas las opciones, era obvio, solo dejaba que Mal respondiera y Evie se hiciera la tonta junto a Carlos.

Aún así, sentí el aliento de la pelimorada contra mi oreja cuando se estiró hacia adelante para susurrarme la respuesta.

— Es la opción B.

No necesitaba voltear para saber que había una sonrisa en su rostro, en el mío también había una sonrisa cuando susurré hacía ella.

— Y yo pensaba que tenía que envenenar al Rey. — negué con la cabeza. — Qué haría yo sin ti y tu bondadoso corazón.

Ella gruñó en respuesta.

Mientras teníamos esa pequeña interacción entre nosotras, una chica entró en el aula muy asustada, era obvio que no era por estar frente al Hada Madrina.

— ¿Todos recuerdan a mi hija Jane? — preguntó el Hada Madrina firmando los papeles que su hija le entregó.

Jane se quejó antes de darnos un extraño saludo pidiendo que nos olvidemos de ella.

— Hola, tranquilos, olvídense de mí ¿sí?. Continúen. — se alejó rápidamente asustada.

Mal intercambio miradas con Evie, haciendo que una sonrisa se deslizará en mis labios. Tenían un plan y Jane estaba incluida, usarían a la hija de la Hada Madrina.

— Bien, continuemos, ¿en qué quedamos...? — paseo su mirada por la pizarra distraída, cuando lo recordó me vio a los ojos. — ¿Sabes la respuesta?

— Por supuesto, es la opción B.

— ¡Excelente, Cassandra! Lo hiciste genial... — siguió hablando.

Observé sobre mi hombro a la pelimorada, quien rodó los ojos fingiendo molestia, mi sonrisa se ensanchó mientras le guiñaba un ojo divertida.

Y apenas estaba empezando el día.



El día fue cuesta arriba, increíble, todos caían ante mi sonrisa de extrema amabilidad, ciertamente, sabía que era parte del óvalo que descansaba en mi pecho.

Pero no me importó, con tal de que nadie se metiera en mis asuntos, estaría bien dando sonrisas y calmando sus auras, podía ver el aura de las personas con facilidad, en Auradon la gran mayoría eran energías positivas, era triste cuando recordaba las auras de la Isla de los Perdidos.

Tan triste como lo era la isla en sí.

Pero esas sonrisas no importaron cuando caminé por el jardín con una bandeja llena de comida entre mis manos buscando una mesa libre, todas estaban ocupadas.

𝐌𝐨𝐨𝐧𝐥𝐢𝐠𝐡𝐭 | 𝒅𝒆𝒔𝒄𝒆𝒏𝒅𝒂𝒏𝒕𝒔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora