Midoriya Izuku, hijo de una humilde campesina que habitaba en un reino del cual ya nadie conocia, pues vagamente recuerda que a sus cortos seis años se encontraba viviendo con su madre, Inko Midoriya, una mujer trabajadora que se ocupaba de remendar y coser muchos vestidos, futones y sábanas entre otras cosas que vendía a aquellos habitantes que residían en el reino Mesatlan o algo así recordaba que era el nombre de su lugar de origenAún recuerda claramente como en un día que aparentaba ser como cualquier otro, su madre acababa de llegar a su vivienda en una noche obscura acompañada solo de un pequeño farol, pues recordaba que en la mañana de ese mismo día su progenitora habia salido muy temprano a despachar a unos clientes que siempre le pedían encargos de cortinas, aun conserva con nostalgia los patrones de margaritas que su madre le bordaba a aquellas prendas dándoles un aire de conformidad pero sin perder la escencia de la plenitud
No podía evitar sentirse un poco triste al recordar las muchas heridas que tenía su madre en las manos, pues aunque era una persona muy joven poseía problemas de visión muy grandes, tanto así que recordaba claramente el haberle regalado un pequeño bastón que había comprado con los ahorros que tenía producto de haber hecho unos encargos a los vecinos, y una vez recogido el dinero suficiente había decidido darle ese regalo, pues de esa manera ya su madre no se tropezaría al andar en la casa o en las calles de su pueblo
Mientras se dirigía en dirección a su hogar actual no pudo evitar el recordar los sonidos de aquellos caballos que irrumpieron en aquella noche tranquila que rodeaba a su pueblo, los gritos de los niños y de muchas personas indefensas agonizando del dolor permanecían frescas en su memoria, el como su madre en un acto de desesperación lo envolvio en aquellas suaves sábanas que había bordado hace poco mas de uns semana mientras lo sujetaba fuertemente contra su pecho era una sensación que por más que pasen los años no lograría olvidar
Tal vez nunca podrá superar el hecho de que en esa misma noche, unos bandidos atacaran sin razón aparente su hogar, matando a muchas personas inocentes, violando a las mujeres indefensas para luego quemarlas vivas mientras que otros solo se dedicaban a prenderle fuego a todas las casas y hogares cercanos
Su madre, aquella mujer que le había otorgado el llegar a este mundo y había dedicado su vida a cuidarlo y a criarlo con mucho amor y cariño, aquella mujer que se dedicaba a la costura y confección de numerosas prendas que se lucían orgullosas en muchos restaurantes y hogares de la mayoría de los habitantes de ese pueblo, aquella bella dama que a pesar de tener problemas de visión siempre daba puntadas precisas al momento de crear un nuevo patrón pero que siempre confundía la pimienta con el comino fue cruelmente golpeada por aquellos bárbaros que invadieron su pueblo, pues aunque por más que trato de escapar de aquella masacre que se estaba produciendo su ceguera le jugó en contra y muchas veces se golpeaba contra las paredes o se caía en el frío piso mientras cubría con sus brazos a su pequeño hijo para que no sufriera algun daño
Se detuvo un momento para regular su respiración al recordar cómo su madre lo empujaba dentro de un baúl para ocultarlo de los hombres que la venían persiguiendo, y aunque por más que trato de callar el sollozo que tenía en la garganta producto de aquel amargo recuerdo no logro hacer mucho
Pues, al igual que un presagio o como alguna visión pudo ver claramente el rostro de su madre luego de que aquellos hombres la golpearán tan salvajemente que incluso habían destrozado sus piernas y su brazo derecho ya no se encontraba en su cuerpo
-Mi pequeño... Izuku..- recordó le decía su madre con las ultimas fuerzas que le quedaban en su frágil cuerpo - Mi amor, mamá debe irse, debes ser fuerte y ser todo un valiente -le dijo mientras apretaba su pequeña mano notando al instante la palidez en su piel
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Solo somos tú y yo
FanfictionPensó que moriría en aquel acantilado, pero extrañamente el dolor desapareció cuando se topó con dos ojos rubíes que lo miraban desde una esquina de la caverna en la cual se encontraba moribundo y lo último que recordó antes de desmayarse fue hacer...