Mariana iba decidida a encontrar respuestas, y su próximo paso la llevaba a la entrada de la hacienda, con Julieta y Gio. Mariana sentía un nudo en el estómago.
Iba interrogar a Julieta. Pero ella la intimidaba. Su aura misteriosa y su conexión con lo oculto la convertían en una pieza clave en este rompecabezas. Había un aroma a cera, sándalo, canela y lavanda, quizás era el perfume natural de Julieta.
Julieta estaba sentada en un sillón antiguo. Mariana, no pudo evitar observarla con recelo.
Ella era todo lo que Mariana no era: segura, sensual, y confiada. Sentada en silencio, Julieta abrió lentamente su libro, fumando un cigarro de marihuana con una calma casi ritual. Frente a ella, Gio estaba concentrado en su lienzo, fumando también, con sus manos moviéndose con precisión mientras capturaba la esencia de su amiga.
—Perdón por interrumpir... —dijo Mariana.
—¿Dónde está mi pintura roja? — preguntó Gio, con tono acusador. —Mi tubo de pintura se me perdió ¿Quién anda hurgando en mis cosas?
Gio la miró brevemente antes de volver su atención al lienzo, pero Julieta mantuvo su mirada fija en ella, como si pudiera leer su mente. Julieta la miró con esos ojos verdes que tiene, y por un momento, el silencio en la sala fue tan profundo que Mariana sintió que podía escuchar el latido de su propio corazón.
—Siempre es un mal momento para interrumpir —respondió Julieta con una sonrisa ligera que se dibujó en la comisura de sus labios. — Estamos relajándonos, acompáñanos.
Mariana se obligó a mantener la calma. Sabía que Julieta no era fácil de intimidar.
—¿Me puedes decir que pasó ayer antes de irnos a dormir? —dijo Mariana, directa al punto.
Julieta intercambió una mirada rápida con Gio, pero este no dijo nada. En cambio, continuó mezclando los colores en su paleta, aparentemente ajeno a la conversación. Pero molesto. Julieta soltó una risa suave, casi burlona. Mariana dio un paso hacia adelante, tratando de ocultar su nerviosismo. No podía permitir que Julieta la descolocara. Sabía lidiar con personas complicadas, así que le sonrió de vuelta.
—Julieta, Gio —dijo Mariana, su voz más firme de lo que se sentía—, necesito que me digan qué pasó anoche.
—¿Qué pasó anoche? —repitió Julieta, como si saboreara las palabras antes de responder.— Bueno, la noche fue... intensa. Supongo que me perdí en el momento, como todos los demás.
—Intensa... —Mariana no se dejó engañar por la vaga respuesta— Necesito detalles, Julieta. No estamos hablando de una simple fiesta. Alguien murió, y sé que tú sabes algo más.
Julieta inclinó la cabeza, su sonrisa se hizo más pronunciada.
—Claro, detalles. —dijo Julieta con voz suave— Bueno, supongo que debería decir que estuve bastante... ocupada. Gio, ¿te acuerdas? Tú también estuviste allí.
Gio no levantó la vista, su rostro estaba serio. Su pincel moviéndose de forma casi mecánica. Julieta la miró con un destello travieso en los ojos.
—Sí, estuvimos todos juntos. Víctor, Gio y yo. Las drogas, el alcohol, la noche... todo se mezcló, y, bueno, digamos que nos volvió muy cercanos.
—¿Qué tan cercanos?
—Ay, nena, fortalecimos la amistad. —respondió Julieta con una sonrisa sínica. — La energía de Víctor es... magnética, ¿no lo crees, Gio?
Gio tragó saliva, no respondió. Su rostro estaba ligeramente sonrojado, y sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba mantener la atención en su pintura.
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Cadáver en las amapolas
Mystery / ThrillerA la mañana siguiente de una fiesta en una hacienda lujosa de Jalisco, México, un grupo de jovenes son testigos del cadáver de una misteriosa mujer que fue dejada en el gran jardín de amapolas. La ama de llaves les advirtió de una aterradora leyend...