—Ven aquí —dice susurrando alguien en mi sueño, colocando su mano en mi espalda para llevarme a un lado suavemente acolchado—, más cerca.
Le hago caso a la voz, rodando con los ojos cerrados a donde quiere. Siento como posa la palma de su mano debajo de mi mejilla, con la otra acaricia mi cabello y ubica mi cabeza en una suave superficie, ¿una almohada? Sí, definitivamente es una almohada. Cubre mi cuerpo con una sábana y se va bajando por las escaleras. Yo permanezco en el sueño, asegurándome de reponer energías para lo que me espera. Sin embargo, me quedo intrigada por la persona que ha estado haciendo mi estadía un poco más llevadera y cómoda en su hogar. Es extraño que no recuerde la fuerte voz que mi memoria no me especifica si era femenina o masculina.
—¿Ha dormido bien?
Es Klinsman. Dios, ¿hace cuánto que no lo veía? El cabello, dorado como el sol, le ha crecido hasta llegarle por debajo de las orejas.
—Bien, gracias por preguntar —apoyo la almohada contra la pared para recostar la espalda contra ella y él se aproxima con una bandeja surtida de alimentos para desayunar—. ¿Cómo estás? No te he visto en un buen tiempo.
—Señorita, usted últimamente no se deja ver mucho por aquí.
—Estuve ocupada con muchas cosas como la escuela y el trabajo. Consumen mucho de mi tiempo.
—¿Trabajo? No lo diga en voz muy alta o mi madre se horrorizaría —anuncia entre risas, sentándose y dejando la bandeja en medio de nosotros.
—Vendo libros, no es la gran cosa.
—¿Libros? ¿Qué clase de libros?
—Matemáticas, historia y así. Cualquier tipo.
—¿Se puede hacer eso? En el futuro, quiero decir.
—Sí, la mayoría de los chicos de mi edad trabajan. Es un trabajo común, algunos incluso heredan el negocio familiar como tú —bromeo.
—¿Qué? —pregunta sorprendido—. ¿Quién le dijo?
—Leec, ¿está mal?
—No, no... Es solo que no creí que fuera a hablarle de mí.
—Yo pregunté, por eso me lo dijo.
—Comprendo, pero si tenía tanta curiosidad de saber de mí pudo preguntármelo directamente.
La bandeja es un distractor para desviar mi atención, cojo el pote de vidrio con una crema verdosa y morada para examinarlo.
—Mermelada de uva. Pruébela, nuestra cocinera es la mejor haciéndolas.
—Es la primera vez que lo escucho —quito la tapa y con ayuda del pequeño cuchillo la unto en el pan que procedo a ofrecerle al rubio—. ¿Quieres?
—Claro —acepta la hogaza de pan, espera a que termine de untar el mío para acompañarme a comer—. Ahora, bien: ¿preguntas? Yo empiezo, ¿cuando fue la última vez que vino?
—No hace mucho. Ustedes no estaban. Solo Leec y Angeline me recibieron.
—Ya recuerdo que día fue: la familia tuvo que visitar a un viejo amigo que requería nuestra ayuda.
Frunzo el ceño. —¿Leec no es de la familia?
—Ciertamente lo es. No me malinterprete, pero Leec no es muy... —intenta buscar la palabra en el diccionario dentro de su cabeza—. ¿Cómo lo digo?
—Solo dilo.
—Es poco confiable si de ciertos asuntos se trata.
¿Poco confiable? Al inicio no me dio la impresión de que él fuese una persona confiable, me contó cosas que los Wisporth no dijeron como lo de Cleare... Solo me dijeron unas pocas palabras y desaparecieron, como si ya no pudieran darme respuestas. Precisamente las respuestas que siempre vine a buscar cada vez que entraba aquí. Lo que dice Klinsman, ¿es cierto? Es su hermano, lo conoce más que yo. ¿Qué pasaría si dejaba de creer en Leec? Me estoy aferrando a él como mi única fuente de respuestas.
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MY DARK LIGHT© #PGP2024
Mystery / Thriller| finalizada | - historia registrada en Safe Creative (2403197373496) completamente prohibido la reproducción total y/o parcial de esta obra sin mi consentimiento previo. Celes Wright ha vivido mudándose de un lado debido al trabajo de sus padre...
