Capítulo 2
Fue muy difícil dormir teniendo a la pendeja de Florencia en mi cuarto. Me había acostumbrado tanto a mi ritual nocturno y mañanero de hacerme la paja, que el hecho de que esta vez no podía hacerlo porque mi hermanastra estaba dormida tan cerquita me dio bronca.
Encima la forra ni siquiera se había calentado en pedirme de onda quedarse en mi cuarto. Como dice mamá, no se le puede pedir ropa a Tarzán. De una pendeja arrogante y maleducada como ella, no se podía esperar que pida las cosas por favor. Al menos no a mí, a quien consideraba un ser inferior. Pero por lo menos hubiese venido con más humildad.
Ya eran como las dos de la mañana y no podía pegar ojo. Mi pija se había puesto más dura que un tronco. Para colmo, antes de apagar la luz para dormirme, había visto cómo la sábana con que se cubría Florencia, se descorrió por tantos movimientos que hacía mientras dormía. No pude evitar mirarla. La mina era una porquería de persona, pero estaba demasiado buena.
Desde la última vez que la imagen de ella, sacándose una foto semidesnuda, se había filtrado entre las mujeres que más me calentaban, ya no podía escapar de fantasear con ella.
Mi amigo seguía firme como mástil y duro como acero. Escuché cómo Florencia respiraba profundamente entre sueños. Hacía como media hora que tenía la erección, y no había manera de que mi amigo se ablandara. Había leído en alguna parte que tener erecciones por mucho tiempo podía ser peligroso. Así que empecé a acogotar el ganso. Florencia seguía con sus largas exhalaciones. La recordé, de nuevo, en tetas, sentada sobre la pileta del baño, con el escultural orto entangado. Luego la Imaginé, calladita, como estaba en ese mismo momento, pero no dormida, sino despierta y amordazada, con las manos atadas, totalmente indefensa y a mi disposición.
Qué no daría por tenerla frente a mí, y humillarla, pero de una manera diferente a como ella me humillaba. Hacerla suplicar. Obligarla a que me pidiera perdón por todos los insultos y agresiones que me había propinado. Luego le arrancaría la ropa a tirones. La dejaría en pelotas y la penetraría por todas sus hendiduras.
Se me ocurrió una idea algo arriesgada. Encendí la lámpara que tenía en la mesita de luz. Ahí estaba mi odiosa hermanastra. No se había vuelto a cubrir con las sábanas. Y eso que el aire acondicionado largaba bastante aire frío. Pero para mi mejor. Estaba acostada boca arriba. Se la veía en un sueño profundo, era difícil imaginar que se fuera a despertar, pero de todas formas mantuve una mano en la perilla del velador, listo para apagarlo apenas ella hiciera un movimiento. La otra mano fue a mi verga, obviamente.
Lo que lamentaba era que no estuviera boca abajo, para poder mirarle el orto bien de cerca. Pero igual no estaba nada mal así como estaba. La hija de puta era hermosa la mirase donde la mirase. Ahora podía ver sus firmes tetas debajo de la camisa. Su boquita era una tentación. Sus labios estaban un poquito separados e invitaban a meterle algo por la boca. La genética la había favorecido, era de esas personas que eran bellas sin hacer el menor esfuerzo. Pero ella potenciaba su atractivo manteniéndose en forma. Iba al gimnasio con frecuencia. Y eso que entre su trabajo y la facultad parecía no tener tiempo para nada más. Pero igual se ejercitaba varias veces a la semana y las piernas eran las más beneficiadas con tanto entrenamiento. Eran largas y torneadas, y los muslos eran anchos y musculosos. Quizás en otra mujer eso podría parecer desfavorable, muy masculino, pero en ella no, porque esas gambas hacían juego con el contundente culo que tenía.
Qué hija de puta, ¿cómo podía estar tan buena?, pensaba para mí, mientras me mataba a pajas, evitando hacer ruido. La telita blanca de la bombacha marcaba la hendidura de su vagina. Me daba bronca que justamente esa tipa detestable estuviera tan buena, y encima viviera conmigo, y encima ahora durmiera en mi habitación. Pero, aunque sintiera rechazo por su persona, no podía dejar de estimularme la verga mientras la miraba. La desgraciada era toda una obra de arte.
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La odiosa de Florencia. +18
RandomEl papá de Florencia se casa con la mamá de Mariano, y ambos se ven obligados a una convivencia que a ninguno de los dos parece gustarle.