01 Uno, dos, tres...

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I Smoked Away My Brain (I'm God x Demons Mashup) - A$AP Rocky

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I Smoked Away My Brain (I'm God x Demons Mashup) - A$AP Rocky

KEILAM

Una pastilla descansa en la palma de mi mano. Es pequeña e inofensiva a simple vista, pero aun así me cuesta dejar de mirarla con rabia y asco. Me giro hacia la puerta de mi habitación. Está cerrada y lo compruebo dos veces, aunque sé que no hace falta estando en compañía. Últimamente, ya ni siquiera logro contener ciertos impulsos, y cada día me resulta más difícil distinguir entre una precaución razonable y un brote de paranoia.

Estás sola. Mierda. Ya cálmate, loca, me digo.

Aprieto el blíster vacío con los dedos sudorosos, mientras con la otra mano me llevo la pastilla a la boca. Me cuesta tragarla y, apenas baja, siento una punzada que me advierte que sigue atascada en algún punto de mi garganta. Camino hacia el fregadero, busco un vaso sin mirar y lo lleno bajo el grifo, aunque las manos me tiemblan tanto que termino salpicándome las mangas.

Inhalo despacio y cuento hasta cinco en silencio.

Uno. Dos. Tres. Cuatro...

Giro por última vez hacia la puerta y luego hacia la ventana, asegurándome de que las cortinas están cerradas. Nadie debería estar mirándome, lo sé, pero eso no impide que sienta ojos donde no los hay.

Luego de beber el agua y deambular por el departamento hasta calmarme, me dejo caer sobre el sillón viejo que compré en la subasta del campus. Podría ser cómodo, si no fuera por el olor rancio que parece no irse nunca. Tomo el control remoto y empiezo a hacer zapping, dejando que el ruido de los programas locales llene el silencio.

He perdido la noción del tiempo, pero una imagen fugaz me hace retroceder de canal al identificar el edificio detrás. Presiono el botón y la Universidad de Bellas Artes aparece en pantalla, con un rótulo amarillo brillante que anuncia una nueva incorporación. Subo el volumen, curiosa.

«Dubravko Modric, la joven promesa de la escultura hiperrealista, impartirá sus conocimientos en este nuevo año lectivo», comenta el presentador a través de la pantalla del televisor de la sala.

Mi pecho se contrae ligeramente al escuchar su nombre.

—¿Por qué todos ustedes tienen nombres de genocidas en potencia? —le pregunto a Vesna, mi compañera de piso, quien se encuentra organizando sus libros—. Como Drácula.

—Drácula es de Rumania —me recuerda ya por cuarta vez.

Chasqueo los dedos y la señalo, dándole la razón. Ella no aparta la mirada del estante que hace minutos acababa de desempolvar. El cabello rubio y ondulado le cae en cascada sobre uno de los hombros mientras sigue absorta, debatiéndose entre ordenar los libros por tamaño o por colores.

Me acomodo las gafas y me quito los calcetines mientras veo la televisión. Luego de un tour por el interior de nuestro salón de escultura y varias frases célebres de un par de artistas sacados de abajo de una piedra, vuelve a mostrarse al periodista frente a la universidad y junto a este se encuentra el hombre estrella. El invitado se muestra encantado, sonriendo con los labios apretados y meciéndose de adelante hacia atrás con una evidente despreocupación.

Las manos de ModricHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora