Capítulo 5

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Katrina quedó deslumbrada con lo que veía a su alrededor una vez arribada a tierras extrañas, Tao le había explicado que aquellos hombres las llevarían al Imperio de los Liao mejor conocido como Kitan pero antes debían pasar por un país fronterizo llamado Goryeo, Katrina se enamoró de la fauna del lugar, su emoción por ver aquel sitio desconocido apartó la incomodidad que le generaba las miradas de los pueblerinos y el miedo que producían aquellos hombres salvajes, Tao nunca soltó su mano, manteniéndola aliviada, sintiéndose protegida. A lo que Katrina más le maravilló era el parecido que tenían cada una de los habitantes del pueblo o ciudad campestre en el que se encontraban, eran todos personas de baja estatura, totalmente diferentes a su ednia que se caracterizan por hombre enormes y mujeres rubias esbeltas de pechos robustos, incluso los ojos de Katrina los cuales en su reino se consideraban oscuros eran más claros que el de los hombres, mujeres y niños al rededor, sus rostros eran redondos su nariz recta pero algo achantada, sus ojos chinos, sus cabellos ébano y lacios finos. Katrina miraba de Tao a los pueblerinos viendo cuan similares eran, aunque Tao era más hermosa que la mayoría de los que había visto, su piel era más blanca e inmaculada, podía distinguir a Tao del resto de ellos pero a los demás se encontraba dudosa de ser capaz de distinguir entre unos y otros.

- Son tan similares- comentó la joven a Tao

- Gracias al cielo no pueden entenderla, una vez aprenda el idioma jamás haga alusión a ello, confío en que para ese entonces se halla adaptado a ellos tanto como yo

- Entonces no puedo decir que se parecen?

- No, esa es la mayor ofensa que puedes ejercer contra alguien y más si vuestras comparaciones van dirigidas a un noble de alta cuna, igual pronto verá que en realidad no somos tan iguales solo es la primera impresión, vuestro padre me comentó una vez que tuvo la misma sensación la primera vez que viajó a las tribus mongolas y yo cuando convivi con los de tú etnia se me dificultaba diferenciar a las personas con características comunes.

- Entonces es natural, cambiando un poco de tema, este lugar me parece hermoso.

- Nunca había estado aquí antes, aunque concuerdo con usted la vista campestre es hermosa.

- El sol es intenso ya no hay brisas frías, espantosas como en casa, al final creo que madre traía su razón al decir que los cambios acarreaba enseñanzas con ellos.

-La señora siempre fue una dama bien dotada y sabía en demasía- ambas recordaron a la señora Soraya con extrema añoranza, su muerte aún parecía un sueño macabro. Katrina a menudo imaginaba como hubiese sido todo, si la enfermedad hubiese seguido de largo.

Fragmento tomado del diario de Katrina: Se hubiese llamado ¿Vladimir o Fiodor?. Si Dios le hubiese permitido conocer el mundo ¿tendría los ojos de papá? Tan azules como el cielo, si hibiese tenido la oportunidad de crecer, seguro habría sido un hombre elegante como padre, madre lo hubiese adorado como nos amaba a Tao y a mí. Si la muerte no hubiese llegado, aún estaríamos todos sentados en la mesa, un bebé nos habría hecho compañía, Tao habría podido unir su vida a la de el joven Fiodor, ambos pudieron haber formado una familia, fantasear con ello me aleja de la mortal locura. Me habría gustado poder enamorarme y contarle al respecto a mi madre, me hubiese gustado que en mi boda padre llorase e intentara negociar conmigo para que no me fuese de casa, el día del parto de mi primogénito añoraba que mi madre fuera quién sostuviese mi mano, no un desconocido. Quería ver a mis hijos conocer a sus tíos y abuelos. Quería tanto, creo que por eso me castigaron, se dice que nunca se debe querer de más y yo añore demasiado. Que pecado, espero ser perdonada por el divino señor, juro no pedir más. No desear más.

Mientras Katrina fantaseaba con un futuro inexistente siente que la carreta se detiene, los hombres frenan abruptamente sus caballos, llamando la atención de los lugareños quienes al ver sus vestimentas, continúan su andar. Katrina detalla la enorme casa de madera pulida muy refinada, cada vez que conocía algo nuevo del lugar en el que estaba, veía cuan diferentes eran a su etnia. Una mujer con ropas únicamente de seda, peinados extravagantes llenos de adornos, rostro enpolvado y labios carmín, salió a recibir a los hombres, era tan delgada como Tao emanaba un aura elegante, unos artilugios de oro colgaban de sus orejas. Katrina preguntó a Tao por las ropas.

Katrina la esclava del emperador Donde viven las historias. Descúbrelo ahora