Capitulo 6

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Las jóvenes rápido se adaptaron a la vida en la casa Giseang, Katrina se volvió diestra en el baile de espadas llamado gummo, cantar no era una de sus virtudes, por otro lado Tao si tenía una melodiosa voz, y era diestra tocando el laúd, aquellas melodías acompañaban a Katrina en su baile. Gracias a ellas el lugar se volvió mucho más concurrido, aristócratas de todo Goryeo pagaban por verlas actuar juntas. Do- Hyun sonreía feliz al contar los tesoros que se apliaban en la bodega del lugar, aquella fue una buena inversión, se alababa con euforia la elegante y fina dama, a sus 40 años Do- hyun ya no podía trabajar oficialmente como una Kiseang por ello se había dedicado estrictamente a la administración, aunque aún recibía visitas exclusivas de algunos amantes. Do- Hyun era una hermosa castaña de inverno, ni las fuertes nevadas la hacían marchitar, su belleza la aportaba su elegancia , inteligencia y aparente juventud solo eso necesitaba ella para sobresalir entre millares de rosas,sus poemas los más vendidos de la capital robaban suspiros. Katrina admiraba en secreto a esa aparente fría y materialista señora, la joven de 16 años había conseguido aprender a leer en coreano antiguo, comunicarse aún se le dificultaba, aprender su alfabeto y comprender el significado de las palabras le había costado meses de insomnio y estudio constantes, el primer libro que leyó fue uno de los poemas de Do-hyun que cautivó su alma. El poema hablaba de una niña huérfana quién se habría paso en la vida a base de golpes y desgarros espirituales, habla de una mujer la cual amó a un hombre, este jamás la determinó por pertenecer a una clase social muy baja, la niña murió de amor por él, y el la olvidó como si hubiese sido un sueño.
Katrina no solo se dedicó al aprendizaje del idioma si no que también se había vuelto discípula del médico local, un día Tao había transitado por una grave enfermedad y aquel diestro médico utilizando artes para Katrina desconocidas le salvó la vida. Desde ese día Katrina se empeñó en aprender del hombre, sus misterios curanderos. El doctor no se negaba a tenerla rondando a su alrededor la compañía de Katrina lo hacía sentir bien, le recordaba a su hija quién ahora vivía lejos en un nuevo hogar, con esposo e hijos que atender.
Tao y Katrina a menudo iban juntas de compras por el pueblo, las jóvenes ya se lograron adaptar al entorno nuevo Katrina adoraba comer en las posadas y comprar artilugios a los comerciantes, los libros de poesía eran su mayor alegría sobre todo aquellos dedicados al amor, eso hacían esa tarde de otoño, del año 1007.
- El tiempo se ha ido como el agua de un arroyo- dijo Katrina, caminando distraídamente.

- Ahora todo es un simple recuerdo - dijo Tao.

- A veces me preguntó que será de aquel hombre que nos robó todo, quisiera desearles mal, pero que culpa tienen sus hijos de poseer padres tan horribles y si les deseo mal a sus padres los niños salen heridos.

- Concuerdo con usted, el qué mal desea el suyo le viene pronto. Nadie se va del mundo debiendo nada, o eso me gustaría pensar.

- Ahora recordando en retrospectiva, entiendo porque padre nunca leía las cartas que el tío enviaba de la capital.

-¿ Aquellas cartas eran de ese hombre?- preguntó Tao, Katrina asintió afirmandolo.

- Lo escuché una vez discutiendo con madre sobre las cartas, gritando que debían de ser quemadas.

- Padre siempre supo la maldad que escondía su corazón - dijo Tao a
lo que Katrina sonrío.

- Es la primera ves que le llamas padre, el estaría muy feliz.- Tao sonríe al recordar al Sr.Ivanovich fue más padre que el hombre con quién comparte sangre.

- Yo le quería como uno, lamento no haber sido capaz de poder decirle, nunca tuve a quién llamar padre.

- Nunca has hablado de ellos, ¿ Cómo eran? ¿ Por qué te vendieron?- Tao nunca hablaba de su pasado, a su mente llegaron recuerdos tristes.

Katrina la esclava del emperador Donde viven las historias. Descúbrelo ahora