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El galope del caballo contra el pasto resonaba por el inmenso bosque, mientras Lía apenas podía contener algunas lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. Con voz entrecortada, seguía alentando al corcel para que no se detuviera, como si la velocidad pudiera borrar el dolor que la perseguía.

Al cruzar un prado cubierto de flores silvestres y rodeado de altos árboles, un gran ciervo emergió de la espesura. El animal, majestuoso y altivo, asustó tanto a la joven como al caballo, que relinchó con fuerza.

──── Tranquilo, amigo ──── murmuró Lía, acariciando el cuello del corcel mientras sus ojos se encontraban con los del ciervo. Había en aquella mirada animal una nobleza indómita, un reflejo de libertad. Pero entonces, el sonido de las cornetas rompió la calma: los cazadores se acercaban.

──── Corre... deprisa, o te alcanzarán... vete ──── susurró con urgencia.

El ciervo pareció comprender y huyó con ímpetu, perdiéndose entre los árboles. El caballo, aún nervioso por el estruendo de las cornetas, se agitó, obligando a Lía a guiarlo con firmeza hacia la espesura, en un intento desesperado de ocultarse.

Mas no de todos. Lord Anthony Bridgerton ya la había divisado.

──── Señorita... ¡Señorita! ¿Está bien? ──── gritó Anthony, espoleando su caballo negro para acercarse a la joven rubia.

──── Estoy muy bien ──── respondió ella con voz firme, aunque sus manos temblaban al guiar al corcel hacia el prado donde había visto al ciervo.

Anthony, al notar que no tenía intención de detenerse, alcanzó al caballo y tomó con destreza las riendas, obligando a la joven a frenar.

──── ¿Se encuentra bien? ──── preguntó nuevamente, con la mirada fija en ella, que parecía evitar la suya.

──── Muy bien, gracias... pero a él casi lo matas del susto ──── replicó con un dejo de reproche, mientras ambos caballos comenzaban a girar en círculo, como si danzaran en un duelo silencioso.

LA HIJA DEL DUQUEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora