En el corazón de la sociedad londinense del siglo XIX , Donde los lujos y las apariencias dictaban el ritmo de la vida . La temporada social estaba en su mayor y pleno apogeo . Entre bailes , fiestas y paseos por Hyde Park .
La familia Bridgerton...
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La partida de un ser querido puede quebrar a cualquiera; pero la pérdida de alguien que ha estado presente desde los primeros recuerdos claros, aquellos que no son borrosos ni fragmentados, es capaz de transformar por completo a una persona. Así le sucedía a Lía, quien había pasado un fin de semana en recogimiento, guardando su luto en la residencia que ahora llevaba su nombre.
La casa era un sueño hecho piedra y madera: amplia, rodeada de jardines, con un calor silencioso que parecía recordarle que no estaba sola. Hedwig, la lechuza fiel, se posaba en su regazo mientras ella acariciaba sus plumas, como si ambas compartieran la misma nostalgia.
Se dice que la mejor manera de sobrellevar una ausencia es mantener la mente ocupada. Lía lo intentó iniciando la huerta y delineando el jardín que tanto había imaginado. Sin embargo, sabía que pronto comenzaría su labor en la residencia Bridgerton, y dudaba si tendría tiempo para visitar lo que ahora era suyo.
El lunes amaneció con un aire distinto. Nerviosa, se levantó temprano, tomó un baño y se vistió con sencillez. Peinó su cabello rubio en una trenza y, al mirar por la ventana, contempló cómo el sol apenas se insinuaba en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados.
El camino hacia la mansión Bridgerton estuvo acompañado por Hedwig, que volaba en círculos antes de posarse en su hombro, como un guardián alado. El cielo comenzaba a encenderse con colores más vivos cuando la joven divisó la imponente residencia, majestuosa en su arquitectura y rodeada de un jardín que parecía custodiar secretos. La lechuza se adelantó y se posó en una rama cercana, observando con solemnidad.
──── Hola, soy Amelia Silver. Vengo por el empleo de doncella ──── anunció la joven, bajando la capucha de su capa para descubrir su rostro.
──── Sígame por aquí ──── respondió un hombre con voz grave, conduciéndola hacia la puerta trasera ──── Yo soy Humboldt.
Ella sonrió con timidez al entrar en la cocina, donde el bullicio de las sirvientas llenaba el aire con un ritmo constante. El trabajo parecía incesante, y en medio de aquel movimiento apareció una mujer de cabellos negros, que la observó de arriba abajo con mirada inquisitiva.