En el corazón de la sociedad londinense del siglo XIX , Donde los lujos y las apariencias dictaban el ritmo de la vida . La temporada social estaba en su mayor y pleno apogeo . Entre bailes , fiestas y paseos por Hyde Park .
La familia Bridgerton...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
📜🌷📜
La tarde descendía con delicadeza sobre el gran salón, tiñendo los muros de tonos dorados y envolviendo el aire en aromas de pastel de fresas recién horneado y chocolate caliente. Los pequeños del hogar, con los ojos encendidos de anticipación, se acomodaron en el sofá de terciopelo azul, abrazando sus almohadas favoritas como si fueran tesoros.
La mujer de cabellos dorados, tan suaves como el trigo bajo el sol, tomó asiento en su sillón junto a la chimenea. En sus manos reposaba un libro de encuadernación exquisita, con detalles en oro y un título grabado con tal arte que parecía susurrar secretos antiguos.
──── ¿Están listos para escuchar una historia muy especial? ──── preguntó con una sonrisa que ya conocía la respuesta.
Los niños asintieron con entusiasmo, cruzando las piernas y adoptando posturas de solemne expectación. Ella los miró con ternura, y con una chispa en los ojos, añadió:
──── Una vez, ustedes me preguntaron cuál era mi historia favorita...
Los pequeños se miraron entre sí, sorprendidos. Sabían que su madre poseía el don de convertir palabras en mundos, pero esta vez había algo distinto. Algo que vibraba con una profundidad que aún no sabían nombrar.
Con una sonrisa apenas dibujada, comenzó:
──── Había una vez un duque noble y valeroso. Tras la pérdida de su madre, vivía únicamente para la dicha de su esposa, su hijo, y su pequeña hija de siete años, quien llenaba la casa de risas y alegría.
Los niños rieron cuando, como por arte de magia, una mariposa se posó entre las páginas abiertas del libro.
──── Oh, parece que tenemos una invitada ────dijo la mujer con dulzura.
──── También quiere escuchar la historia ──── añadió la niña que más se parecía a ella.
Ante la mirada atenta de sus hijos, extendió el dedo índice, y la mariposa se posó con delicadeza.
──── Pidamos un deseo... pero en silencio, o no se cumplirá.
Alzó la mano con la mariposa hasta sus labios.
──── ¿Ya lo pidieron?
──── ¡Sí! ──── respondieron todos al unísono.
──── Entonces... uno, dos, tres...
Sopló suavemente, y la mariposa alzó el vuelo, danzando entre los rayos del sol que se colaban por las cortinas.
──── Bien, ¿quieren saber cómo continúa la historia?
──── ¡Sí!
──── El Duque de Winchester era dueño de vastas fincas, bosques encantados, casas señoriales, aldeas pintorescas, y tierras ricas en minerales. Su castillo, imponente y majestuoso, se alzaba sobre las colinas de Inglaterra como un guardián de siglos pasados. Pero su mayor tesoro no era de piedra ni oro, sino de carne y alma: su esposa Lisa, su hijo Alucard, y su hija Amelia.
La dicha del duque era tan palpable como el perfume de las rosas en primavera. Sin embargo, en tiempos convulsos, la envidia y el rencor de sus enemigos comenzaron a tejer sombras sobre su felicidad...
Una noche oscura de invierno envolvía el castillo de Montclair en un manto de silencio ominoso, hasta que el estruendo de la traición rompió la calma. Un grupo de enemigos jurados del duque Victor, hombres despiadados y consumidos por la envidia, irrumpieron con furia en los pasillos de piedra, decididos a destruir aquello que no podían poseer.
En medio del caos, Alucard, el joven heredero, fue capturado. En un acto de amor desesperado, se interpuso entre los atacantes y su madre, Lisa, y su hermana menor, Amelia. Su cuerpo cayó al suelo, herido de muerte, mientras su alma luchaba por permanecer un instante más.
El grito desgarrador de Lisa y Amelia resonó por los corredores como un eco de dolor eterno. Los guardias, alertados por el estruendo, lograron repeler a muchos de los invasores, pero el daño ya estaba hecho.
Amelia, con el corazón palpitando de terror, corrió hacia su hermano, que yacía en el suelo, bañado en sangre y apenas consciente.
────Hermano... ──── susurró, arrodillándose junto a él, con lágrimas que caían como lluvia sobre su rostro.
──── Mi pequeño tulipán... ────murmuró Alucard, alzando una mano temblorosa para acariciar la mejilla de su hermana ──── Te amo más de lo que las palabras pueden decir... lamento que hayas tenido que ver esto.
──── No me dejes... ──── su voz era apenas un hilo de aire.
──── Siempre cuidaré de ti... aunque sea como una mosca revoloteando a tu alrededor ──── intentó sonreír, ocultando su agonía ──── Te amo, pequeñita tulipán...
Y entonces, mientras Lisa gritaba su nombre y los ecos de la batalla aún rugían, Amelia no sintió cuando unas manos desconocidas la tomaron por la cintura y la alzaron como un costal de trigo. Su voz se alzó en un grito desesperado.
──── ¡Mami! ¡Papi!
Pero sus súplicas se perdieron entre el estruendo de la tormenta que comenzaba a caer.
El hombre que la llevaba, herido y desorientado, tropezó en la oscuridad. No vio el barranco que se abría frente a él, oculto por la lluvia y la niebla. Rodó cuesta abajo, ensuciando sus ropas, y escuchó el grito de la niña cuando su cuerpo golpeó las piedras y cayó al río que serpenteaba al pie del abismo.
La corriente la arrastró, y él, paralizado por el horror, solo pudo observar cómo la figura de la pequeña se desvanecía entre las aguas.
──── ¿Dios santo... qué he hecho? ──── murmuraba, temblando, mientras las antorchas se acercaban.
Y entonces lo vio: la silueta imponente del duque Victor, con los ojos encendidos por la furia.
──── ¿Dónde está mi hija? ──── rugió, antes de que su puño se estrellara contra la mejilla del traidor.
Los rumores se esparcieron como cenizas al viento. Algunos decían que la niña había muerto, otros que había escapado y se había perdido en el bosque helado que rodeaba el castillo. Los sobrevivientes del ataque fueron ejecutados públicamente, pero la justicia no trajo consuelo.
Pasaron los días, luego las semanas, y finalmente los meses. Victor buscó incansablemente a su hija, su amada Amelia... pero jamás la encontró.
El duque de Winchester, otrora símbolo de paz y nobleza, se convirtió en un hombre frío, temido por todos. Lo que alguna vez gobernó con amor, ahora lo hacía con puño de hierro. Lisa, devastada por el dolor, halló refugio en los brazos de su amiga Lady Danbury, quien por entonces cuidaba de un pequeño Simon Basset, igualmente destrozado por la pérdida de su mejor amiga...