En el corazón de la sociedad londinense del siglo XIX , Donde los lujos y las apariencias dictaban el ritmo de la vida . La temporada social estaba en su mayor y pleno apogeo . Entre bailes , fiestas y paseos por Hyde Park .
La familia Bridgerton...
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Anthony no la había soltado. Sus manos aún reposaban en su cintura, como si el tiempo se hubiese detenido en aquel instante. Al bajar la mirada, se encontró con los mismos ojos que le habían robado el aliento en el bosque: era ella, la joven que cabalgaba el corcel blanco, la aparición que lo había desconcertado días atrás. Ahora estaba a escasos centímetros de él, demasiado cerca para ignorar lo que sentía.
Su cabello caía en suaves ondas sobre los hombros, y la luz que entraba por la ventana acariciaba su piel con un resplandor cálido. Anthony podía percibir el ligero temblor de su cuerpo, el latido acelerado de su corazón bajo sus manos. Sus labios, curvados en una sonrisa tímida de sorpresa, parecían invitar a una conversación que ninguno de los dos sabía cómo comenzar.
──── ¿Estás bien? ──── preguntó él, aún sorprendido. Su voz era baja, casi un susurro, como si temiera romper el hechizo.
Ella asintió, con las mejillas encendidas por el rubor. En ese instante comprendió por qué el apellido Bridgerton le resultaba tan familiar: era el apellido de aquel joven del bosque.
──── Sí, gracias. Lo siento... no lo vi venir, mi Lord.
Anthony la observó con detenimiento. De cerca, su belleza era aún más deslumbrante. Sus ojos, entre verde y ámbar, brillaban con una mezcla de vergüenza y gratitud. Había en su rostro una dulzura y una elegancia que lo dejaron sin palabras, como si cada gesto suyo fuese un secreto revelado solo para él.
──── De nada ──── respondió con calma ──── No pensé que volveríamos a encontrarnos.
──── ¿Qué hace aquí...? ──── preguntó , con voz apenas audible.
Anthony no respondió de inmediato. Su mirada descendió hacia el uniforme que vestía, y entonces lo comprendió: no era una invitada, ni una dama de sociedad. Era una sirvienta... y no cualquiera, sino una que trabajaba en su propia casa.
──── Anthony ──── la voz de Violet irrumpió en el pasillo, acompañada por Benedict y Daphne ──── Ya conociste a Amelia.
──── ¿Amelia...? ──── repitió él, confundido, mientras Benedict contenía una sonrisa burlona.