Capítulo 10

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El sol de la mañana se filtraba a través de las hojas del Sauce Boxeador, pintando un patrón de sombras y luz en el suelo del andén de la estación de King's Cross. Las risas y el bullicio de los estudiantes y sus familias llenaban el aire mientras se preparaban para abordar el Expreso de Hogwarts. En medio de la multitud, tres hombres de aspecto distinguido observaban con orgullo a un joven de cabello rubio platino que se encontraba frente a ellos, con una mezcla de emoción y nerviosismo en su rostro.

Severus Snape, Lucius Malfoy y Regulus Black, ahora con 35 años de edad, se mantenían cerca de su hijo Draco Malfoy, quien estaba a punto de embarcarse en su primer año en Hogwarts. Aunque habían pasado diecisiete años desde que habían estado en el Expreso de Hogwarts como estudiantes, el ambiente nostálgico aún los envolvía, recordándoles los días en los que ellos mismos eran jóvenes e inexpertos.

Draco miró a su alrededor con ojos curiosos, absorbido por la atmósfera mágica que impregnaba la estación. Vestía el uniforme de Hogwarts con orgullo, su corbata de color verde esmeralda marcando su pertenencia a la casa Slytherin.

"¿Estás listo, Draco?" preguntó Lucius, colocando una mano reconfortante en el hombro de su hijo.

Draco asintió, una sonrisa nerviosa curvando sus labios. "Sí, papá. Estoy emocionado."

Severus observó con orgullo a su hijo, sintiendo un nudo en la garganta al darse cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. Parecía que fue ayer cuando Draco era apenas un bebé, y ahora estaba a punto de embarcarse en su propia aventura en Hogwarts.

"Vas a tener un tiempo maravilloso, Draco", dijo Regulus, su voz llena de cariño. "Recuerda, estamos siempre aquí para ti, pase lo que pase."

Draco asintió, agradecido por el apoyo de sus padres. "Lo sé. Gracias, papá."

Los tres hombres intercambiaron una mirada significativa, recordando los años de amistad y camaradería que habían compartido desde sus días en Hogwarts. A pesar de los desafíos y las pruebas que habían enfrentado a lo largo de los años, su vínculo seguía siendo tan fuerte como siempre.

Mientras se preparaban para abordar el tren, Severus sintió una mano pequeña tomar la suya. Miró hacia abajo para encontrarse con los ojos grises de su hijo, llenos de determinación y valentía.

"Papá, ¿alguna vez te sentiste nervioso cuando fuiste a Hogwarts por primera vez?" preguntó Draco, su voz ligeramente temblorosa.

Severus le ofreció una sonrisa tranquilizadora, sintiendo una oleada de nostalgia al recordar sus propios días como estudiante en Hogwarts. "Sí, Draco. Todos nos sentimos nerviosos al principio. Pero te prometo que Hogwarts será una experiencia increíble para ti. Solo sé tú mismo y nunca pierdas de vista lo que es importante para ti."

Draco asintió, suspirando con alivio al escuchar las palabras de su padre. "Gracias, papá. Lo recordaré."

Con un último abrazo y un beso en la mejilla, Draco se despidió de sus padres y se dirigió hacia el tren, listo para comenzar su viaje en Hogwarts. Severus, Lucius y Regulus observaron con orgullo mientras el Expreso de Hogwarts se alejaba de la estación, llevando a su hijo hacia su nuevo hogar.

A medida que el tren desaparecía de la vista, los tres hombres se quedaron en silencio por un momento, perdidos en sus propios pensamientos. Habían llegado lejos desde sus días como estudiantes en Hogwarts, enfrentando desafíos y sacrificios en el camino. Pero a pesar de todo, seguían juntos, más fuertes que nunca.

"¿Pueden creer que ya ha pasado tanto tiempo?" dijo Regulus, rompiendo el silencio.

Lucius asintió, su mirada perdida en la distancia. "Se siente como si fuera ayer cuando éramos nosotros los que estábamos subiendo a ese tren."

Severus suspiró, una sonrisa nostálgica curvando sus labios. "Sí, pero mira lo lejos que hemos llegado desde entonces. Y todo lo que hemos logrado juntos."

Los tres hombres se quedaron en silencio por un momento más, reflexionando sobre el viaje que habían compartido y las muchas aventuras que aún les esperaban en el futuro. Aunque no sabían lo que les deparaba el destino, sabían que mientras estuvieran juntos, podrían enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en su camino.

Con eso en mente, Severus, Lucius y Regulus se tomaron de las manos y se dirigieron hacia la salida de la estación, listos para enfrentar el futuro juntos, como siempre lo habían hecho.

Mientras caminaban hacia la salida de la estación, Severus sintió un cosquilleo de emoción y nerviosismo recorrer su vientre. Decidió que era el momento adecuado para compartir una noticia especial con sus esposos.

"Por cierto, chicos", comenzó Severus, con una sonrisa juguetona bailando en sus labios, "hay algo que creo que les gustará saber."

Lucius y Regulus levantaron las cejas, mirando a Severus con curiosidad. "¿Qué pasa, Severus?" preguntó Lucius, su tono lleno de intriga.

Severus les lanzó una mirada traviesa antes de continuar. "Bueno, resulta que..." Se detuvo por un momento, disfrutando del suspense que había creado.

Regulus frunció el ceño. "¿Qué resulta, Severus? No nos dejes en ascuas."

Severus soltó una risita antes de revelar su noticia. "Estoy embarazado... de nuevo."

Hubo un momento de silencio mientras Lucius y Regulus procesaban la sorpresa de la declaración de Severus. Luego, sus ojos se abrieron como platos y sus mandíbulas cayeron en shock.

"¿Qué?" exclamó Lucius, su voz llena de incredulidad.

Regulus parecía igualmente sorprendido. "¡¿Estás embarazado de nuevo?!"

Severus asintió, disfrutando de la reacción de sus esposos. "Sí, parece que no puedo escapar de la bendición de la maternidad."

Lucius y Regulus se miraron el uno al otro, sus mentes aún procesando la noticia. Luego, al unísono, soltaron un grito de sorpresa y alegría.

"¡Severus, eso es increíble!" exclamó Lucius, con una sonrisa radiante en su rostro.

Regulus asintió, su emoción palpable en su voz. "¡No puedo creer que vayamos a tener otro hijo!"

Severus sonrió, sintiéndose abrumado por el amor y el apoyo de sus esposos. "Gracias, chicos. No puedo esperar para ver lo que el futuro nos depara."

Los tres hombres continuaron su camino, envueltos en una burbuja de felicidad y anticipación por la llegada de su nuevo hijo. Aunque el futuro estaba lleno de incertidumbre, sabían que mientras estuvieran juntos, podrían enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en su camino. Y con un nuevo miembro de la familia en camino, su unión solo se fortalecería más.

FIN

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