AND... SHE HAS ANY DISORDER, MR. FINN?

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Arabella

Corría por aquel miserable bosque, donde a lo lejos se veían las luces de la ciudad. Mis pies dolían por los zapatos, pero quitarmelos no era una buena opción.

Mis lágrimas recorrían por mis mejores, al ver cómo me acercaba a las luces de la cuidad.

Por fin era libre.

Voy a denunciar a Bill por abuso sexual hacia mia y homicidios recurrentes, el cuales veía todo el tiempo. El maltrato, los golpes, el abuso, intentos de matarme.

Todo voy a decir de el. Ese hijo de puta se va a pudrir en la cárcel. O mejor un loquero.

Seguía corriendo, con menos rapidez, pero no me iba a detener. Mí única preocupación es ver a mí tío, el cual debe estar bastante preocupado.

Casi me chocó con varios árboles, hasta que en un momento me tropecé con un arbusto pequeño que apenas pude notar por la oscuridad que había en el bosque. Al caerme una gran astilla de clavo en mí mano.

—Carajo... —me levanté rápidamente y seguí corriendo, me dolía como una patada en el puto culo, pero no me iba a detener.

Cada vez más cerca. Llegué al otro lado del bosque, dónde había una carretera. No pasaba ningún vehículo. Ninguno.

Empecé a correr por la carretera, ya que el camino era por allí. Pero me iba a tomar mucho tiempo por las grandes curvas que hacía la carretera.

Corrí unos 3 kilómetros por la carretera, me faltaban creo que unos 10 o 7 kilómetros. Si me apuraba iba a llegar más rápido.

En eso paso una camioneta negra, con los vidrios polarizados. No pude ver quienes iba, pero pasaron tan rápido que no les pides pedir ayuda.






[...]








Apenas podía caminar, mis piernas no daban más, temblaba por la deshidratación y el cansancio. Quería tirarme en medio de la carretera y esperar a que algún auto que pase me atropellase.

Pero a esta altura no me voy a rendir, necesito hacer justicia por este infierno que me hizo vivir en estos meses... Pero, no sé cuánto tiempo paso desde que llegué a su hogar, perdí la noción.

Nunca sabía que día era, si era lunes, martes. No sabía.

Tampoco sabía si pasaron semanas, o meses.

Mi manos cargaba mis zapatos, mientras pisaba la carretera fría y algo puntiaguda. Creo que solo faltaban 2 kilometros, ya veía las luces de la entrada a la ciudad. Mis ánimos crecieron y empecé a correr, acercándome más a las luces.

10 minutos corriendo con todas mis fuerzas y esperanzas, llegué.

Habían algunas cosas aisladas de la ciudad, una gasolinera y, lo que quería. Una estación de policía.

Corrí hacia la estación, casi pisando mis talones, los cuales miles de tropezones me hicieron caer de rodillas, lastimandome estás con el duro cemento de la calle. Gemi de dolor y me levanté a duras penas.

Está vez camine, no corrí. Unos segundos después logré llegar a la estrada de la estación de policía. Mis ojos se cristalizaron por las lágrimas de felicidad.

Entre por la puerta, y al cerrarla varios oficiales me miraron con asombro por mí apariencia. En especial uno, el cual tenía pelo negro, una mandíbula marcada, cuerpo algo robusto y unos ojos celestes.

—Necesito... A-ayuda... —logre formular después de estar callada durante un minuto.

Estaba apunto de desplomarme en el suelo por el calor que hacía en el ambiente, más lo deshidratada que estaba.

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⏰ Última actualización: Apr 05, 2025 ⏰

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CANNIBAL; Bill Kaulitz.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora