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Él monegasco cegado por la ira luego de pesarse en la báscula fue hacia Carlos, para intentar discutir lo sucedido en pista. El español solo podía pensar una cosa y era en como callarle su estúpida boca, estaba hasta el tope de sus comentarios.

—¡Sabías cual era el plan y aún decidiste venir a chocarme! —dijo Charles furioso.

El español por otro lado estaba tranquilo, sabía que si no quería que todo se fuera a la mierda tendría que morderse la lengua, pero últimamente se ha cuestionado sobre enfrentarlo.

—Fue un accidente —murmuró Carlos tratando de mantener el control por los medios, estaban en todo el paddock atentos a lo que podría ocurrir sobre ellos—, además tú me sacaste de la pista ¿o debo olvidarlo, gillipollas?

—¿Gillipollas? Espero que eso no fuera un insulto —Bramó Charles acercándose tanto a Carlos que podría besarlo ahí mismo si quisiera.

El monegasco rápidamente se alejó cuando notó que su compañero de equipo miraba atentamente sus labios con un deseo palpable. Todos ahí sabían las ganas que esos dos se traían, menos ellos, se notaba tras cada carrera, cada rocé, cada mirada o incluso cada toqué sutil.

—Charles, Carlos, es hora de las entrevistas —dijo un miembro de equipo de Ferrari.

Ambos al llegar al lugar donde se suponía que harían la entrevista se miraron a lo lejos con enojo, pero detrás de la mirada del español había algo más que enojo: deseo por hacer lo prohibido con su compañero de equipo.

Charles apartó la mirada y se concentró en responder las preguntas de los medios, mientras Carlos intentaba dejar de pensar y anhelar el sabor a prohibido de Charles.

No era el momento de pelear. Dañó mi alerón delantero. Supongo que quería impresionar en su carrera en casa, considerando el momento de su carrera —dijo el monegasco irritado por las preguntas insistentes de los entrevistadores hacia su discusión con Carlos.

Charles terminó las entrevistas y pensó esperar a Carlos, mientras él terminaba la entrevista. Pero algo del madrileño salió a la luz cuando también le preguntaron sobre su intento de adelantamiento hacia su compañero.

Son demasiadas veces en la que se queja después de una carrera —dijo el madrileño intentando estar lo más tranquilo posible. En su mente solo podía pensar en las ganas retenidas que le tenía a su compañero de equipo. —Entiendo que en caliente puede pensar eso...pero, no lo sé.

Carlos sabía que acababa de cavar su propia tumba, pero no le importaba, ahora solo pensaba en como su compañero iría a reclamarle nuevamente, porque algo que Charles no sabía de Carlos es que él lo conocía mejor que así mismo.

El madrileño se adentró en su habitación de descanso dispuesto a descansar antes de cometer una estupidez de la que se pudiera arrepentir, pero alguien parecía no querer dejarlo hacerlo.

Charles saliéndole el humo de encima se adentró a la habitación de descanso de Carlos encontrándolo semidesnudo—tan solo llevaba su bóxer y la camiseta de Ferrari—, eso distrajo al monegasco por unos segundos mirando su esculpido cuerpo. Por un instante Charles deseo poder ser la toalla que se pasaba por la cara, pero eso no lo distraería de su misión.

Empujó a Carlos quien estaba de espaldas a la puerta haciendo que quedará acorralado con el pequeño escritorio de la esquina.

—¿Cómo piensas pedirme disculpas, idiot?

El moreno observó indignado al ojiverde quien no dejaba de respirar entrecortadamente por el enojo. Carlos solo lo miraba con diversión, pero también con un ligero enojo, algo que le quedaba claro al moreno era lo egoísta y ególatra que podía ser su compañero cuando se lo proponía.

𝗗𝗲𝘀𝗲𝗼 𝗢𝗰𝘂𝗹𝘁𝗼  || 𝒞𝒽𝒶𝓇𝓁𝑜𝓈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora