Juanjo suspira mientras deshace su maleta, estirando sus prendas arrugadas y ordenándolas en el armario del que ya se ha adueñado. Se ha quedado con la cama de la ventana nada más entrar, sin pararse a preguntar o girarse a recibir la expresión de odio del otro chico.
Esto es lo último que necesitaba. La verdad es que se había preparado mentalmente para la falta de Álvaro. Lo había aceptado, pues había tenido tiempo de sobras para hacerse a la idea. Pero, una vez ahí, siente que el silencio lo abruma. Extraña sus parloteos incesantes y esa risa tan estruendosa. Tan suya. A veces tenía la necesidad de acallarla, pues siempre atraía toda la atención hacia ellos en cualquier circunstancia, llenando al maño de vergüenza. Pero, en ese momento, siente que es lo único que lo aliviaría.
No ayuda el hecho de tener que compartir las próximas tres semanas con él. La voz de su mente no para de decirle que está tomando el lugar de su amigo. Ese era su lugar en la lista. De haber estado ahí, habrían compartido esa dichosa habitación. Les habría salido redondo el viaje, aquel con el que tanto habían soñado desde que eran críos. Pero este le había sido arrebatado por el niñato de bigote y ojos de cervatillo.
Contiene las ganas de estrangularlo mientras dobla sus calcetines.
(...)
La enorme y lujosa habitación se les hace pequeña. Apenas llevan un par de días conviviendo, pero Martin siente que Juanjo ocupa todo su espacio. Lo encuentra en los miles de botellines de agua que deja desperdigados. En su bañador tendido día sí y día también en la ducha por la mañana. En sus ojos que lo miran con recelo, que lo observan cuando estira por la noche y cuando se unta esa pomada de olor nauseabundo que parece lo único que calma sus dolores.
Lo persigue su olor característico, impregnado en su propia ropa después de que atraviesen el aire los litros de colonia en que se baña varias veces al día. Incluso lo encuentra en su propio pelo, aunque esto lo atribuye a que ha robado su acondicionador de la ducha. Pero no le dice nada las primeras dos veces, así que vuelve a hacerlo una tercera.
Lo bueno es que, en realidad, la mayoría de su tiempo lo pasa entrenando. La prueba de gimnasia no es de las primeras e, igualmente, la ceremonia de inauguración ni siquiera ha tenido lugar aún. Aun así, se deja los brazos saltando de una superficie a otra, y los pies le arden mientras se arrastra por los pasillos de la Villa. Se recuerda a sí mismo que tanto esfuerzo merecerá la pena cuando consiga un puesto digno para su equipo en su categoría. Y, si no lo logra, al menos podrá consolarse con que realmente ha hecho todo lo que ha podido.
Está cenando con Violeta en el enorme comedor cuando reciben un mensaje.
kiks: "el autocar se ha estropeado y nos tienen aquí atrapados. i'm hungry :("
Los dos gimnastas comparten una mirada, que no tarda en perderse hacia el reloj que cuelga de la pared. Ya son las diez y media, y en cosa de media hora cerrarán el comedor, dejando al equipo entero de natación sin cena.
La pelirroja no duda en levantarse y llenar un plato para su amiga, mientras le deja un mensaje avisándola para que se acerque a su habitación antes de ir a la suya. Regresa con un plato con pollo rebozado y algunas verduras, y le pregunta a Martin si quiere acompañarla para cenar con Kiki cuando llegue. Comparte cuarto con Almudena, una chica majísima con la que ha coincidido más de una vez. El plan le resulta tentador, pero decide rechazarlo para ir a descansar.
(...)
Juanjo llega a su habitación derrotado. Por si no le bastaran las horas de largos y la ansiedad que sentía por la prueba que se le avecinaba, el puto autocar se había roto en mitad de la capital y habían tardado horas en poder regresar a la Villa. Es la una de la mañana cuando cruza la puerta de su cuarto, después de encontrarse con el comedor cerrado y un hambre que no puede con ella. La prospectiva de encontrarse con el chico que menos soporta en la misma no hace más que añadir a su irritación.
Lo encuentra hecho una bola en la cama, dormido por encima de las sábanas. No lleva su habitual pijama de tirantes y cuadros, sino una camiseta hortera de turista y unas bermudas tres tallas más grandes. Sabe que ha entrenado por la mañana, así que supone que ha pasado la tarde de paseo y ni siquiera se ha dignado a cambiarse.
No se repara, de primeras, en el plato que lo espera sobre el escritorio compartido. Chasquea la lengua ante la imagen del chico, pero intenta no hacer ruido mientras se mete a la ducha. Se había duchado antes de salir, pero el insoportable calor del autocar lo había vuelto a llenar de sudor. Intenta recordar si ya se ha comido todas las barritas de cereales que compró antes de salir de Madrid, y baraja en su mente cuál de sus compañeros es más probable que tenga algo que compartir con él.
Lo encuentra mientras se acerca al armario, dispuesto a sacar ropa cómoda para invadir el dormitorio de al lado. Dos filetes de pollo empanado, un trozo de merluza y ensalada variada. Junto a él, una manzana y un yogur. Sobre este último, encuentra una nota, que le cuesta descifrar de primeras por la mala letra de la persona que la ha escrito.
"Me he enterado de que hay problemas con tu autocar. No sabía muy bien qué te gusta"
Devuelve la mirada al chico que ocupa la otra mitad de su cuarto. Parece mucho más pequeño así, encogido sobre sí mismo y respirando tranquilamente.
Se sienta en la cama y come con ganas, no sin antes guardar la nota en el bolsillo de su chaqueta de entrenar.
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equilibrio
Fiksi PenggemarJuanjo y Álvaro llevan soñando desde niños con representar a España en las Olimpiadas, en las disciplinas de natación y gimnasia respectivamente. Y, sobretodo, sueñan con poder hacerlo juntos. Cuando el recién llegado Martin se hace un hueco en el...
