Capítulo 5: Verdades en Casas de mentiras (Parte V).

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‹‹10 de Enero del año 2014 - 10/01/2014››


Un viernes por la tarde, segunda semana de enero a eso de las 14:26, pasé por su casa a dejarle algunos dulces que me había regalado la maestra en las clases de ese día  mi hermano mayor tuvo que ir a buscarme porque Gabriel se había atrasado con un trabajo, y no pudo ir por mí . La alta demanda por ser la primera semana de año nuevo lo había atrapado.

Él me invitó a pasar y me pidió darle una ojeada a su trabajo, y muy por el contrario a lo que me decía mi instinto, acepté la invitación.

"Mamá me dijo que me dejara guiar por mi intuición: ¿Alguien me explica qué hago desobedeciendo eso?".

Mis padres y hermanos se fueron a la ciudad para hacer un poco de turismo apenas me dejaron en casa: regresarían al final de la tarde. Me quedé al cuidado de Gabriel por su trabajo. En pocas palabras, nos habíamos quedado solos.

"Si no me hubiera quedado dormida nada más llegar del colegio, estaría recorriendo las zonas turísticas de Blound City". Pensé, poniendo un pie dentro de la casa, un agradable refugio ante el ardiente sol de las 14:00. "Y no poniendo en riesgo mi autocontrol quedándome a solas con él".

Subí las escaleras detrás de él, mirando sus pies descalzos subir cada peldaño, y cuestionando mi sentido común ante el peligro. Él hablaba de que necesitaba una opinión diferente a la que le dan sus supervisores.

"Sólo di que necesitas la opinión de una niña, cabezón". Hice una mueca, molesta por la falta de honestidad, en cuanto subíamos los últimos peldaños hasta la segunda planta, doblando en el pasillo de las habitaciones a la izquierda – ese pasillo en mi casa, vendría a estar hacia la derecha . Ambas casas eran un reflejo de la otra: como si fueran un espejo, y la otra parte la reflexión.

Recorrimos el pasillo hasta que llegamos a la puerta de su cuarto, donde se supone debería estar mi habitación en la otra casa.

Los nervios me traicionaron estando frente a la habitación que no pisaba desde que me enteré oficialmente de mis sentimientos, y por eso había dejado de frecuentar su casa.

"2 años de no pisar este lugar". Y con eso, me refería al cuarto de mi acompañante.

Él abrió la puerta, y para mi sorpresa, noté que nada había cambiado desde que me fui. Todo seguía en el mismo lugar, e incluso las paredes tenían el mismo tono ocre de cuando solíamos jugar aquí con los bloques de letras garabateados por mis creyones.

Dando un par de pasos al frente con el corazón latiendo en mi garganta, tanto que no podía respirar, y escuché a Gabriel cerrar la puerta. Pasé la mirada por la cama de soltero en la esquina, junto a la ventana. El escritorio a los pies de ésta tenía una MacBook – la cual sí que no estaba antes – abierta, y la sesión estaba iniciada en un programa de edición: algunas páginas de catálogo para alguna empresa estaban siendo editadas cuando llegué.

La otra cosa nueva que atrapó mi atención, fue una torre de fotografías junto a la cámara de Gabriel en la mesa de trabajo, del lado en el que estábamos de la habitación, en la pared de la entrada. La curiosidad me invadió.

AnsiedadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora