23 | You & I

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Madelyn Campbell


Hacía tres semanas que Carlos había ganado el Roland Garros, y desde entonces, nuestras vidas habían estado en un torbellino de celebraciones y preparativos para el próximo campeonato en Wimbledon. Decidimos hacer una escapada para alejarnos del bullicio y disfrutar de un tiempo a solas. Encontramos una acogedora cabaña en el campo cerca de Londres, un lugar perfecto para relajarnos y desconectar del mundo exterior.


La naturaleza y la serenidad del lugar eran justo lo que necesitábamos. Cuando llegamos, la primera impresión fue mágica, un lugar pintoresco con una decoración rústica pero elegante, y unas vistas que invitaban a relajarse.


—Este lugar es perfecto, ¿verdad? —dijo Carlos mientras miraba alrededor con una sonrisa.


—Sí, lo es. —Respondí, sintiendo una sensación de calma. —Creo que hemos hecho la elección correcta.


Nos instalamos y comenzamos a disfrutar de la tranquilidad del lugar. Mientras preparábamos algo de comida, me di cuenta de cuánto había cambiado nuestra vida en los últimos meses. La victoria en Roland Garros había sido un gran logro para Carlos, pero también había sido un recordatorio de la importancia de encontrar momentos de paz y felicidad en medio del ajetreo.

—Oye, Carlos —empecé, con un tono casual—, ¿sabías que la mayoría de mis canciones del álbum están inspiradas en ti?


Él levantó una ceja, curioso.—¿De verdad? No lo sabía. ¿Y cuál es la que más te recuerda a mí?


—Lover —respondí, sonriendo—. Esa canción es especial para mí porque cada vez que estoy contigo, siento exactamente lo que describe.


Carlos se inclinó hacia mí, su mirada llena de interés.—Cuéntame más. ¿Qué es lo que más te gusta de esa canción?


—Es que, simplemente, captura cómo me siento cada vez que te veo —dije, acariciando su mano. —Habla de ese amor profundo y genuino que tenemos. Me hace pensar en nosotros y en lo especial que eres para mí.


Carlos me miró con ternura y me abrazó.—Eso es increíble, Mads. Me encanta saber que te inspiro y nuestros momentos juntos también.


—Sí —le confirmé, sonriendo—. Cada vez que canto esa canción, me recuerda a ti y a todo lo que compartimos.


Después de comer, nos sentamos en el porche de la cabaña, con una vista impresionante del atardecer. Carlos trajo una manta y nos envolvimos en ella, abrazados. La conversación fluyó con facilidad, y nos reímos de las anécdotas de la vida cotidiana y los pequeños detalles que nos hacían sonreír.


—No puedo creer que hace dos meses que estamos oficialmente juntos —dije, mirando a Carlos con una sonrisa.


—¡El tiempo pasa volando! —dijo él, sonriendo ampliamente. —Recuerdo aquel día en la playa. Fue uno de los momentos más especiales para mí.


Nos reímos al recordar cómo Carlos me había llevado a la playa y, bajo el cielo estrellado, me había preguntado si podía ser mi novio. Fue una noche mágica, llena de palabras bonitas y promesas. La manera en que me miró y la sinceridad en sus ojos hicieron que supiera que era un momento que nunca olvidaría. Por supuesto, acepté sin dudarlo, y desde entonces, cada día con él ha sido una aventura maravillosa.


—Y desde entonces, has estado en mi vida de manera increíble —le dije, acariciando su mano. —Me has mostrado lo que es el amor verdadero.


Carlos me miró con ternura y luego cambió de tema, su tono se volvió juguetón.—¿Sabes? A veces pienso que mi familia te quiere más a ti, que a mí —dijo él en tono de broma.


—Oh, ¿sí? —dije, riendo. —¿Crees que me quieren más que a tí? Bueno, yo también los amo mucho. Tienes una familia maravillosa.


Carlos se rió y me rodeó con el brazo, dándome un suave beso en la frente. Su familia siempre había sido muy acogedora y cariñosa conmigo, y me sentía muy afortunada de tenerlos en mi vida. Habíamos compartido muchas comidas y celebraciones juntos, y había formado un vínculo especial con sus padres y hermanos.


—¿Cuándo conoceré a tus padres? —preguntó Carlos con una sonrisa. —Quiero conocerlos.


Me reí y le respondí:—Pronto. Ellos están esperando conocerte, pero tienen sus horarios ocupados. Creeme que están muy emocionados por finalmente conocerte. Les estuve hablando sobre ti.


La conversación continuó y nos dedicamos a hablar de nuestros planes futuros, los pequeños detalles de nuestras vidas y nuestras aspiraciones. La compañía mutua y la risa eran suficientes para hacerme olvidar el estrés y la presión que a veces venían con la fama y el deporte profesional.


Cuando llegó la noche, decidimos jugar a algunos juegos de mesa. Carlos y yo competimos en una partida de ajedrez, y sus movimientos estratégicos me dejaron impresionada. La forma en que se concentraba en el juego y cómo se reía cuando ganaba una partida era contagiosa. Ganó la mayoría de las partidas, pero yo no me rendí fácilmente, y nuestras risas y bromas hicieron que la noche fuera aún más especial.


Después de jugar, salimos a dar un paseo por los campos cercanos. La luna brillaba en el cielo, y el aire fresco era revitalizante. Caminamos de la mano, disfrutando de la tranquilidad y la belleza del paisaje nocturno. Nos detuvimos para mirar las estrellas, y Carlos me habló de sus sueños y esperanzas para el futuro. Sentí una profunda conexión con él, y mientras escuchaba sus palabras, supe que estábamos construyendo algo realmente verdadero.


—¿Sabes? —le dije mientras caminábamos. —No importa cuánto tiempo pase, siempre me sentiré tan afortunada de tenerte en mi vida.


Carlos me miró con un brillo en los ojos y respondió:—Yo también me siento afortunado de tenerte. Eres mi apoyo, mi confidente y la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.


QUE. RESTO DE SU VIDA. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.

Traté de no emocionarme de más y nos abrazamos en medio del campo, sintiendo la calidez y el amor que compartíamos. La serenidad del lugar y la intimidad de ese momento nos hicieron sentir más unidos que nunca. Sabíamos que, a pesar de los desafíos que podríamos enfrentar, teníamos una base sólida construida sobre amor y respeto mutuo.

Finalmente, regresamos a la cabaña y nos acomodamos en la sala principal, disfrutando de la compañía y del ambiente relajado. Carlos puso una película y nos acurrucamos en el sofá, disfrutando de una noche tranquila.


—Gracias —le dije mientras le daba un suave beso en la mejilla.


— No hay de qué —respondió él, abrazándome.


Nos quedamos allí, abrazados, disfrutando del calor de nuestro amor y la paz del lugar. La escapada en el campo había sido justo lo que necesitábamos para reconectar y apreciar lo que realmente importaba. Sabíamos que el próximo campeonato en Wimbledon se acercaba rápidamente, pero por ahora, estábamos felices de disfrutar de este tiempo juntos, lejos de las cámaras y las presiones, en nuestro pequeño rincón del mundo.


La noche terminó con una sensación de satisfacción y tranquilidad. Mientras nos preparábamos para dormir, me sentí profundamente agradecida por el amor que compartíamos y por los momentos especiales que habíamos vivido y seguiremos viviendo.


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Espero que les haya gustado mucho la historia!!

Les gustarían EXTRAS?

estoy escribiendo un libro, por si les gusta los temas de sobrevivir, tipo postapocalíptico pueden encontrar la historia en este usuario:


jimxcl

J.

Lover - Carlos AlcarazHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora