X.

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«Sólo mantén mi estómago lleno y mi cama caliente, y prometo que serás la mujer más feliz del mundo»

—No mames cabrón.

Recién habían salido de una boda, que por cierto, terminaría en un divorcio a favor de la demandante luego de que no soportara una infidelidad más.

—Si yo fuera ella le hubiera pedido el divorcio ahí mismo.

—Suenan como a votos que saldrían de vos.

La reacción de Juan fue mirar a su prometido con asco y propinarle un golpe por cada vez que seguía difamandolo, aunque al oso parecía sólo darle cosquillas.

—¿Posta? Entonces, ¿Qué me dirías?

Pff ¿Por qué me miras como si fuera a darme vergüenza decir algo que todo el pueblo ya ha escuchado?

La sonrisa de Spreen creció y Juan intentaba evitar la mirada.

—¿Entonces?

El hechicero se acercó a un puesto de comida y pidió un pincho doble, como si fuera natural el empresario intercambió dos monedas sin preguntar.

—"¿Entonces?" ¡A penas nos dieron dulces! ¡Tengo hambre!

—... Vos te comiste la mayoría de los dulces.

—¡Y qué! Por culpa de la amante, que obviamente era la amante, no pudimos comer pastel.

—No entiendo qué tiene que ver un vestido rojo.

—Pues todo, Duh.

Spreen se acomodó los lentes de sol en la coronilla mientras rodaba los ojos y le daba un bocado al pincho que había seguido intacto, sin querer se manchó la boca con salsa y se relamió los labios.

—¿Te gustaría que hoy sea la luna de miel, querido?

La sonrisa pícara y el movimiento de cejas sugestivo congeló al híbrido.

—¿Y todavía crees que no dirías algo así en los votos?

—¿Eso es un no?

Al llegar a casa Juan obtuvo chocolate caliente y Spreen pudo dormir. Una semana después, cuando amaneció en domingo, se tenía planeado un "día libre", lo que literalmente significa hacer nada para Spreen y un "día de limpieza" para Juan.

No trabajo = energía para limpiar.
Nada para hechizar = hacer magia con electrodomésticos.
Día de limpieza = chismear con futuro esposo.

—Y le dijo: «¡¿Y a ti qué?, eso te pasa por zorra!» y después Rebeca le empezó a decir sus verdades.

Agua, azúcar y fresas picadas entraron en la licuadora esperando a que las moras fueran rebanadas también.

—Una por una, mjum. La hermana de Rebeca me dijo que Mario la engañó con la prima.

—¿Rebeca no es la florista del Pueblo Naranja?

—¡La misma! Ella me dijo que esa era la última vez que pisaría el Pueblo Verde, porque el ex y la amante viven aquí y ajá.

Se encendió el motor y el puerco veía el líquido rosado y morado girar ruidosamente en el envase, pero Puerco sabía que valía la pena. Su mejor amigo guardó el jugo en la nevera y esperó frente a la puerta.

Él tendría el primer sorbo, pero de repente, su peor enemigo apareció y tuvo que huir al jardín con la esperanza de volver a la cocina. La aspiradora fue activada por Juan con la intención de sacar a Puerco.

El de lentes no pudo dejar que su amigo oliera la carne que fue fritada con gusto y sazón, y que igualmente fue devorada.

—También me dijo que no era la primera infidelidad del tipejo, pero que Rebeca no le hizo caso a ella.

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