7.

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La quijada de Xena se abrió con sorpresa al notar que su hijo la había dejado sola y encerrada en su sagrado templo, con objetos que no debían estar a la vista de gente común. Si quisiera salir podía romper el escudo mágico, ¿Pero para qué hacerlo?

De inmediato transfirió magia negra a la amatista del híbrido que no paraba de hablar, y salió del sótano convertida en humo, admiró cada detalle en la sala del trono, imaginando a su hijo allí con una mirada arrogante, haciendo el papel de guardián que tanto le enorgullecía.

Fulminó la foto en la que los secuestradores sonreían a la cámara, le encantaría duplicar la imagen y despedazarla en trocitos, quemarla, hacerle dibujos en la cara o marcarla con maldiciones para que sientan su furia donde quiera que estén.

Pero eso sería infantil, además ya habían pasado esa página.

«No hay que usar la magia para el mal, sea cual sea» le reprochó Juan con los brazos cruzados, casi podía ver el puchero y la rabieta que haría si no hacía lo correcto.

Y supuestamente estaban muertos, por lo que no valía la pena, era lo que le recordaba su esposo cuando manifestaba su rencor.

Oink.

—Oh, querido, ¿Tú eres Puerco Araña, cierto?

Oink.

El puerco no era humano, pero sabía expresar muy bien la sospecha.

Volvió a su forma física y le juró al cerdo con la mano en alto que Juan sí dejó que se quedara, aunque la verdad es que surgió una emergencia e ignoró a su pobre madre.

Le dio un vistazo a la aburrida biblioteca, abundante en libros ricos en conocimiento, se sintió tentada a duplicar el cuadro de su hijo, pero según la moral estándar eso estaría "mal".

La cocina estaba muy vacía, le dolía pensar que comía chatarra hecha por otros, desde que volvió al pueblo ella siempre le había llevado suficiente comida para dos semanas, aunque siempre lo rechazaba, era su excusa para verlo a menudo.

Anoche fue la primera vez que su bebé probó su comida, Spreen aceptó la cena y convenció a Juan a pesar de su resistencia, no por nada lo llama su "as bajo la manga", espera poder expresarle su gratitud correctamente por ser el puente entre ellos.

La canasta que Juan había ignorado olímpicamente la dejó al lado del paquete de galletas que les regaló, era lo único a destacar, no estaba lleno, pero tampoco vacío y eso alegró un poco su triste corazón.

La mascota caminó detrás de ella cuando dudó en subir a la habitación, si bien es cierto que la privacidad es importante este lugar nada más era un espacio de trabajo, teniendo sólo lo necesario para dormir y "comer".

Oink. Oink.

—Prometo no tocar nada si no le dices de esto a Juan, ¿Está bien?

Puerco Araña se comió el soborno que le dio Xena y la miró fijamente.

Oink.

Una habitación simple con una cama y unos muebles era exactamente lo que esperaba, el toque íntimo y personal se había mudado hace tiempo a una casa envidiable en el Pueblo Naranja.

Sólo había una cosa que a un ladrón le podría interesar en esa habitación y era el solitario y brillante cofre numérico que estaba en la esquina, en el fondo, como si se hubieran olvidado de él.

Un cartel en la pared describía para qué era "para el nene", decía.

"Acordate de dar a luz", decía otro.

El NeneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora