Ambos volvimos a su habitación. Yo, aún aturdido por lo que acababa de hacer, me dirigí directamente a la silla de su escritorio y me senté a reflexionar. Lo había hecho, algo que nunca pensé que sería capaz de hacer. Había cruzado una línea y ahora me había convertido en un asesino.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Solté un suspiro profundo y, sin pensarlo mucho, me dirigí a la cama. Me acomodé en las sábanas polvorientas, mientras Kira se acostaba a mi lado, abrazando mi torso y apoyando su cabeza en mi pecho como si fuera una almohada. La rodeé con mis brazos. Ahí estábamos, juntos en su cama, con nuestros uniformes escolares manchados de sangre tras un día lleno de conflictos y asesinatos cometidos por ambos.