Parte 10

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Después de lo ocurrido en casa de Emily, el bosque se convirtió en nuestra salvación. Caminaba al lado de Sam, sin rumbo exacto, solo dejándonos guiar por el sendero entre árboles. No sabíamos dónde estaban los demás —probablemente metidos en algún otro lío—, pero lo cierto es que lo de Emily y Paul había sido gracioso... e incómodo.

Ninguno de los dos había dicho una sola palabra durante el camino, pero no era un silencio pesado. Al contrario, la compañía de Sam tenía algo... tranquilo. Me hacía sentir segura, como si nada malo pudiera alcanzarme estando cerca de él. Mientras tanto, yo tarareaba mentalmente una canción que se me había quedado grabada desde la mañana.

—Hey, Sam —lo llamé suavemente.

—¿Qué pasa, Marga? —preguntó él, volteando a verme.

—¿Sabes algo de Isabella? —pregunté con cierta preocupación—. No ha ido al instituto desde... ya sabes. Y me inquieta un poco.

Sam asintió con serenidad.

—Charlie dice que está bien, solo necesitaba un descanso —respondió con tono tranquilo, como si todo estuviera bajo control.

—Me alivia saberlo, pero... encontrar su asiento vacío y no saber nada de ella se siente raro —murmuré.

—Sí, lo entiendo —dijo él simplemente, y luego siguió caminando.

Volvimos a sumirnos en el silencio por unos minutos, aunque esta vez mi mente no se detuvo. Había una pregunta rondándome desde la casa de Emily. No la dejaba ir, como si cada paso en el bosque la hiciera más intensa.

—Sam... —dije a su espalda, deteniéndome—. ¿Qué es una impronta?

Él se giró con rapidez, su reacción fue casi instintiva, como si la palabra lo hubiera sacado de su propio cuerpo. Dio un par de pasos hacia mí, su expresión tensa.

—¿Te lo han dicho? —preguntó con un dejo de urgencia.

—Solo lo escuché de Jared. Nadie me explicó nada... pensé que tú sí podrías hacerlo —dije encogiéndome de hombros, intentando sonar casual.

Sam guardó silencio unos segundos antes de asentir.

—Está bien, te lo diré.

Respiró hondo, como si ordenar sus pensamientos requiriera fuerza.

—Una impronta... es como encontrar a tu alma gemela. Una conexión tan profunda que cambia todo. El mundo ya no gira igual después de eso. Es como si esa persona se volviera tu centro, tu prioridad. Y no es solo amor... es algo más fuerte, es tu otra mitad, solo con ella puedes experimentar cosas nuevas—dijo con voz baja, pero firme.

—¿Y eso significa que... solo con la impronta pueden tener hijos? —pregunté, completamente intrigada.

—Sí, solo con ella, el lazo es tan poderoso que incluso las leyes naturales cambian. Nadie puede romper esa unión —afirmó, y sus ojos se fijaron en los míos con una intensidad que me hizo estremecer.

—¿Y cuando estás con tu impronta? —pregunté en voz más baja, como si el bosque pudiera escucharme.

—Solo quieres estar con ella —dijo él, dando un paso hacia mí—. Besarla, cuidarla, cariciarla. amarla. Porque ella es la única capaz de calmar el caos dentro de ti. Y cuando estás lejos de ella... duele, duele como si te arrancaran algo del alma.

—¿Así como Emily y Paul? —pregunté.

—Sí. Paul ya la encontró —respondió con una leve sonrisa.

—¿Y tú? ¿Tú ya encontraste a tu impronta? —quise saber, había algo en su forma de hablar... como si escondiera algo.

Sam bajó la mirada un segundo. Luego, simplemente dijo:

—Hace tiempo.

Me quedé helada. Sam había encontrado a su impronta. Y nadie lo sabía... ¿por qué?

—¿Dónde está ella? —pregunté, con una punzada de rabia—. ¿Te rechazó por ser un lobo?

Él levantó la cabeza rápidamente.

—Claro que no —dijo con tristeza—. Solo... no lo sabe. Y creo que es mejor así.

—¿Mejor para quién, Sam? —pregunté, dando un paso hacia él—. ¿Ella puede estar allá afuera sin tener ni idea de lo que siente, haciendo su vida, mientras tú estás aquí... sufriendo en silencio?

Él me miró. Sus ojos tenían una sombra que nunca había visto en él antes.

—No es eso, Marga —susurró.

—Entonces ¿qué es? No puedes quedarte así. No es justo ni para ti ni para ella. Mereces ser feliz... ambos lo merecen. Puedo ayudarte si quieres —le ofrecí, con el corazón latiendo fuerte.

—Marga, por favor... guarda silencio —me dijo en un susurro que rozó la súplica.

—No, Sam. Alguien tiene que decirlo. Estás siendo injusto contigo mismo, estás reprimiendo algo que podrías vivir... algo que puede cambiar tu vida.

Él cerró los ojos un segundo, y al abrirlos, vi la tormenta desatarse en su interior. Sin más, se adelantó un paso... y me besó.

El mundo pareció detenerse.

Su boca contra la mía no fue suave ni vacilante. Fue intensa, como si llevara años guardándose. Sentí un temblor recorrerme el cuerpo, como si una chispa encendiera cada rincón de mi piel. Me faltó el aire, pero no me alejé, no quería.

Cuando se separó, me sostuvo el rostro entre sus manos, sus ojos brillando con sinceridad y desesperación contenida.

—Eres tú, Marga —susurró—. Tú eres mi impronta. Y es tan jodido tenerte cerca y no poder tocarte, no besarte, no decirte lo que siento. Pero ya no puedo seguir callando.

Me quedé sin palabras, lo miré fijamente. No podía ser. ¿Su impronta? ¿Yo? ¿Cómo era posible si yo... yo era la compañera de Edward? O al menos eso creía. Él siempre me lo dejaba en claro, como si yo ya tuviera un destino escrito con él. Pero en este momento, ese destino se tambaleaba.

Y, lo más loco de todo... yo también sentía algo por Sam. Me gustaba, mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir hasta ahora.

—¿No vas a decir nada? —preguntó él, casi temiendo mi respuesta.

Lo miré. Sus ojos estaban llenos de amor, de miedo, de espera. Y en ese momento, lo supe. Tal vez el mundo esperaba que yo eligiera otra cosa. Tal vez todos tuvieran opiniones, reglas, destinos marcados.

Pero esta era mi vida.

— Que todos se jodan —dije para luego besarlo—



EDITADO 18-07-2025

HERIDA -Sam Uley-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora